A fines de 2016 el diccionario Oxford escogió el termino posverdad como la palabra del año. Según la definición británica, posverdad es un adjetivo que tiene relación con circunstancias en las cuales los hechos objetivos son menos influyentes en la formación de opinión pública que las apelaciones a la emoción y a las creencias personales.

Oxford escoge la palabra posverdad porque observa que en el nefasto año de 2016, año de Brexit y Trump, su uso aumentó en 2000%, motivo por el cual algunos creen que entramos en una era de la mentira. Posverdad no es lisa y llanamente una mentira. Es más bien una creencia, a priori, que se confirma con algo divulgado en alguna red y la indiferencia por la búsqueda de la verdad.

La idea de que la realidad o la verdad es diferente de lo que pensamos o creemos no es nueva, muchos filósofos la han planteado y Platón la explica bien con la analogía de la caverna.  Los seres humanos, en la analogía, somos esclavos encadenados que vivimos en una caverna mirando sombras proyectadas en una pared dando por cierto que esa es la realidad y basados en esa realidad, sin darnos el trabajo de soltarnos de las cadenas y salir a mirar el sol llegamos a los días de hoy.  Internet, medios de comunicación masivos, facebook, twitter, whatsap. O como dijo el ex almirante Arancibia varias veces en su entrevista, fuentes abiertas y apuntó a los periodistas.

“Ustedes la están distribuyendo”, dijo el ex almirante y ex senador UDI Arancibia, esta vez mostrando el dedo indicador a la cámara. 

 Dice que no utilizó la inteligencia militar, como insinuó en la entrevista utilizando el termino alfa1 el que incluso explica, ahora dice que la inteligencia que usa es otra, es recopilar datos.  Muchos datos que encuentra en internet divulgados por “fuentes abiertas”

No se siente responsable por haber afirmado “Sabemos exactamente quienes son y donde están”, porque esta afirmación viene de publicaciones que obtuvo de  “fuentes abiertas” de “comunicaciones que ustedes hacen a la gente

Tampoco se hace responsable, ni considera que es faltar a la verdad haber afirmado “yo sé que las policías tienen información…” y después decir “yo no soy capaz de imaginar que nuestras policías no la van a tener…”

Entonces podríamos creer que tal como vaticinan algunos pesimistas entramos en la era de la mentira y en una analogía macabra, como en la caverna, medios alimentan el fuego que producen las sombras donde esclavos, que no se saben esclavos, mueven figuras para que otros esclavos, que tampoco se saben esclavos, imaginen que observan el mundo y desde este observar realicen sus juicios y afirmaciones alimentando con estos juicios y afirmaciones los medios que producen el fuego.

Pero no, yo no creo en esto.  No acepto esto.

Si bien acepto que es la emoción la que influye en la mayor parte de nuestras decisiones, no acepto que se nos venda que por ser la emoción la que nos moviliza no sepamos distinguir entre mentira, verdad, hechos y evidencia.

La posverdad es tan antigua como los dogmas. Son creencias que ya existen como muestra Arancibia quien un día afirmó que en Chile no habían detenidos desaparecidos. Creencias que no necesitan comprobación, no buscan evidencia, no se someten a pruebas y para que afloren basta una entrevista como la que le realizaron en la Radio Agricultura, una fuente abierta que comunica  en esa misma entrevista, que en la Araucania hay francotiradores y  “un General de Carabineros lo sabe”. Obviamente sin dar ninguna prueba o evidencia sobre su comunicado.  Quien ya creía en esta mentira, confirmó su creencia.  Posverdad instalada.

No. Yo no soy esclava.  No vivo en una caverna y no estoy amarrada.  La posverdad, aunque ahora se haya puesto de moda y las sombras proyectadas por fuentes abiertas insistan en crear realidades absurdas, con el único objetivo de ganar cliks en sus links, vender más o desestabilizar el gobierno de turno no tienen el toque de Midas. No pueden, aunque lo deseen, transformar sus creencias en verdad.

La verdad no es una construcción humana.  Es buscar la verdad lo que nos hace humanos, no me rendiré a una posverdad.


Psicóloga