Moisés Jáuregui Aros es el director regional de EsLibertad para Chile, un colectivo que asegura ser la “organización estudiantil pro-libertad más grande toda América Latina”. A través de una columna en El Mostrador, el egresado de derecho se refirió a lo que él califica como “feminismo radical”.

Basándose en los eventos de Miss Reef y el Tetazo ocurrido en Argentina, Jáuregui comienza su análisis asegurando que “los países que han adoptado las ideas de la sociedad libre, de la cual, bien entendido, el sistema capitalista es una de sus consecuencias naturales, son los únicos que permiten a las personas genuinamente poder buscar aquello que les proporcionará los medios para la satisfacción de sus sueños y necesidades”.

Además, el egresado de derecho enfatiza que hoy, “contrario a lo que el feminismo radical plantea, no existe el patriarcado en la sociedad moderna occidental. Sí tenemos, no obstante, ciertos atisbos en donde el hombre toma el rol de “cabeza del hogar”, pero sin la apropiación antes mencionada”.

“La mujer, en este entendido, puede ofrecerse en prostitución, desear llegar virgen al matrimonio, usar minifalda, dirigir su hogar o usar burka, siempre y cuando lo haga libre y voluntariamente, sin que esto deba sernos relevante en términos políticos. Prueba, asimismo, de que esta libertad existe, aun en un supuesto sistema capitalista y patriarcal perverso, es que en Occidente se puede hacer tanto un Miss Reef como un “Tetazo” sin que el “seudoaparato opresor” las asesine o encarcele por ello”, argumenta el columnista.

Del mismo modo, asegura que es necesario tomar en serio las ideas del denominado “feminismo radical” y no solo caer en su caricaturización, que llevará a que “puedan avanzar inevitablemente y sin obstáculo alguno hacia su fin más preciado: uniformar la sociedad, contrariando la libertad y la genuina diversidad“.

En su columna, que despertó las cuestionamientos de algunas feministas en redes sociales, defiende la cosificación de la mujer, asegurando que es algo común en “la especie humana el “cosificar” ciertas partes del cuerpo de quien nos atrae sexualmente, con el fin de producir excitación sexual dentro de nuestro sistema cerebral y las naturales consecuencias que ello conlleva en nuestro cuerpo. Esto ocurre indistintamente en heterosexuales como en homosexuales”.

Además, concluye que “pretender controlar y ordenar qué debiéramos desear, pensar y soñar, y qué no, es absolutamente totalitario”.

Matías Jáuregui también cuestiona la lucha por la identidad de género, asegurando que “no hay interés, por tanto, en respetar el mundo heterosexual u homosexual pueda vivir, tal como ellos, su forma de ver y entender el mundo, sin vulneraciones mutuas. Esperan, en cambio, que la sociedad se uniforme hacia sus premisas y romper así la identidad propia de las actuales concepciones más que complementarlas y forjar genuina diversidad”.

“Hoy, para ellos, solo debe existir el parámetro que el feminismo radical plantea, en oposición al supuesto capitalismo y machismo opresor. Luego, situarse a sí mismos como los nuevos emperadores de la verdad. Nuevamente, una concepción abiertamente totalitaria”, argumenta.