El pasado 19 de febrero, la  Cámara Chilena de la Construcción (CCHC) tuvo la deferencia de comparecer por fin al debate sobre desarrollo urbano en Valparaíso, mediante una columna publicada en El Mercurio de Valparaíso. Habida cuenta de nuestra participación activa en dicho debate en favor de la ciudadanía, hemos considerado oportuno contestarle.

El portavoz de turno, el sr. Bernardo Echeverría, demandó en su columna que debe respetarse el valor jurídico de los permisos de edificación aprobados, fundando su pretensión en dos argumentos de índole económico urbanístico: 1° Que revocarlos o invalidarlos unilateralmente sólo aumentará la incertidumbre sobre –a su juicio- la principal inversión privada de nuestras ciudades y perjudicará su crecimiento; y 2° Que las limitaciones no sólo repercuten en el encarecimiento del precio de las viviendas, sino que además generan un crecimiento desordenado una segregación a zonas periféricas de la ciudad y una falta de oferta en transporte y servicios asociados a ese crecimiento. Con agrado hemos de despachar sus argumentos.

Respecto al primero, los datos hablan por sí mismos. De acuerdo a cifras del Banco Central, la actividad que concentra el mayor porcentaje del Producto Interno Bruto regional es industria manufacturera (18%), seguido de minería (14%), servicios personales (12,8%) y transportes y telecomunicaciones (12,7%); construcción recién aparece en un modesto cuarto lugar (8%). Del mismo modo, si revisamos la variación porcentual del PIB regional por rama –en el intervalo 2009-2014-, se observa que sólo durante el 2013 (14%) la construcción experimento un crecimiento porcentual relativo mayor, siendo por lo regular una fuerza de último orden y con fuerte decrecimiento durante los años 2010 (-10%), 2011 (-1%) y 2012 (-2%). La quimera de la “principal fuente de inversión privada” se desvanece en la rigurosidad de los números.

En cuanto al segundo, las estadísticas siguen siendo lapidarias, ya que desde 2010 a 2015 el precio del mt2 por departamento aumentó, sólo en Valparaíso, en un 40% (según estudio de Portalinmobiliario), época en donde -por cierto- las “limitaciones” que nuestro buen portavoz invoca eran inexistentes. Por el contrario, la carencia de limitaciones al actuar del capital inmobiliario es precisamente lo que explica el proceso de revalorización del suelo en el Área Metropolitana de Valparaíso, y el consiguiente encarecimiento progresivo del precio de las viviendas. Es precisamente esta  fiebre inmobiliaria sin límites –como explica el profesor Panez[1]– la que ha desencadenado un crecimiento urbano desregulado propiciando la proliferación de la especulación, el desplazamiento de las comunidades locales y la depredación del patrimonio natural y cultural, lo que en Valparaíso se traduce particularmente en el desplazamiento territorial forzoso de la población originaria hacia las zonas altas de los cerros (sin urbanización), o bien, hacía el interior de la región (véase el crecimiento exponencial de Quilpué y Villa Alemana). La segregación, la marginalidad y el caos urbanístico son patrimonio exclusivo de vuestro proyecto de ciudad, sr. Echeverría.

El problema mi estimado portavoz no son los límites, sino la carencia de ellos. El problema, es la carencia de participación ciudadana en los instrumentos de regulación (PRC – PREMVAL). El problema es la carencia de un modelo de ciudad inclusivo, moderno y democrático. En fin, el problema, Sr. Echeverría, no es que sean ustedes malas personas, el problema es que están ustedes demasiado comprometidos con sus intereses corporativos, lo que no les permite ver la realidad tal como es, y a su vez les impide proponer un modelo de ciudad en beneficio de la mayoría de los ciudadanos de la región.

 

[1] Panez, A. (2015): DESARROLLO METROPOLITANO DEL GRAN VALPARAÍSO EN DEBATE: Divergencias entre discursos y prácticas espaciales de sus actores políticos. Rev. geogr. Valpso. (En línea) Nº 51 / 2015.


Abogado Fundación Buen Vivir Dir. Programa #YoDecidoMiBarrio