Durante el pasado 1 de abril, la Asamblea de Estudiantes de Pedagogía y Licenciatura en Historia dio a conocer una declaración pública donde informan acerca de una serie de denuncias de acoso sexual en contra de dos docentes del departamento: Luis Ortega y Augusto Samaniego. 

Hasta ahora, revelaron las y los universitarios, esta problemática no había sido abordada correctamente por parte de la institución, asegurando que la “invisibilización, la negación o bien el temor a las represalias, detuvieron el actuar de varias generaciones de estudiantes, ocultando la incomodidad, frustración y dolor de convivir con una situación de esta envergadura”.

El problema, detallan, no es de origen reciente. De hecho, desde el ingreso a la universidad a algunas se les advirtió que tuvieran cuidado con dichos académicos, “ya que era de conocimiento público que ambos tenían comportamientos inadecuados con las mujeres de la carrera”.

En medio de un escenario de apertura hacia las denuncias por acoso que se han registrado en otras instituciones, como la Universidad de Chile o la Universidad Católica, se constituyó una Comisión de Género y Sexualidades en el Centro de Estudiantes, que demandó la urgencia de hacer un catastro de acoso para las carreras. El proceso, que resguardó la identidad de las denunciantes, reveló una veintena de experiencias de distintas alumnas en las se involucra a ambos docentes.

“Proyectamos los resultados y tuvimos una reunión con los jefes de carrera para exponerles estos casos. Ellos se impactaron mucho, creo que no dimensionaban el problema”, cuenta Amanda Mitrovich, delegada de la Comisión de Género y Sexualidades del Centro de Estudiantes y vocera de las estudiantes que denuncian.

Los denunciados: Augusto Samaniego y Luis Ortega, viejo amigo de docente acusado en la U. de Chile

Luego de la experiencia advertida en la Universidad de Chile, las y los estudiantes de la Usach que enfrentaron estos casos decidieron mantener la identidad de las denunciantes en el anonimato, con el objetivo de protegerlas y evitar posibles represalias académicas.

“Allá se querellaron contra ellas, acá queremos exponerlas lo menos posible. Hemos sido muy cuidadosos”, apunta Mitrovich.

En específico, en la declaración pública, los universitarios sostienen que “las denuncias hacia estos dos académicos se concentran principalmente en miradas lascivas y comentarios inapropiados, lo que no deja ‘pruebas’ de lo que hicieron, más que las palabras de las afectadas, por lo que se le ha bajado el perfil a la situación, pese que las denunciantes no pudieron seguir desarrollando su vida académica normalmente, ya sea por incomodidad, miedo o rabia”

El historiador Luis Ortega, de reconocida trayectoria, fue uno de los fundadores de la revista “Nueva Historia”, junto al Premio Nacional Gabriel Salazar y a Leonardo León, quien fue formalizado recientemente por abuso sexual a su hija y también denunciado en diversas ocasiones por acoso sexual en la Universidad de Chile. Ahora, Ortega es acusado de hostigamiento reiterado hacia estudiantes, a las que invitaba a su casa o a reuniones extraordinarias en su oficina, a puerta cerrada. 

Uno de los testimonios anónimos reunidos para el sumario así lo evidencia: “Acudí a la oficina del Profesor Ortega, le manifesté el error en mi calificación final y éste la arregló en el promedio y él me dijo ‘¡ya, listo, pasaste!’, le di las gracias y me retiré de su oficina pero al darme la vuelta me dice ‘¡y cómete toda la comida, que estás muy flaca!’. Me doy vuelta y le contesto ‘¿Yo? No, yo estoy bien’, a lo que el profesor responde: ‘¿sí? ¿puedo mirar?’ y me mira directamente las piernas y el trasero. Yo no reaccioné, no hice nada, solo atiné a salir de la oficina y me repetía que esto no estaba pasando”.

Las mismas acusaciones pesan sobre Augusto Samaniego, destacado historiador de la izquierda chilena, quien ha estudiado profusamente la historia y evolución del Partido Comunista. Las alumnas aseguraron que el docente les hacía comentarios sobre su ropa y cuerpos: “Esto ha provocado que la mayoría de las mujeres no asistan a sus clases, boten su ramo o modifiquen su vestimenta para asistir a las cátedras”, sentenciaron desde el Centro de Estudiantes.

Las experiencias revelan distintos tipo de acoso: “Primero recibía comentarios como ‘sirena de pelo rojo’ y referencias al color de mi pelo, preguntas dirigidas y algunas bromas, luego cuando comenzó el tiempo de calor y yo a usar short, recibí comentarios referentes a mis tatuajes de las piernas, lo que sentí que era normal una vez, pero se volvió habitual que el profe se acercara a mirarlos todas las clases, y hacer comentarios como ‘tan tatuada usted’, ‘qué bonito eso que tiene en la pierna’, ‘anda desabrigada’ y muchas veces se quedaba pegado mirándome las piernas tanto de lejos como de cerca“.

Otro de los testimonios sobre Samaniego detalla que “durante las clases siempre me daba cuenta de que el profesor me miraba el escote, situación que me generaba mucha molestia debido a que me hacía sentir bastante incómoda, pues yo notaba cómo a algunas compañeras nos miraba de forma diferente” (…) “El profesor increpó directamente a los compañeros, preguntándoles ‘qué tal estaban’ las alumnas que estos tenían en los centros de práctica. Ante la chocante situación, los compañeros quedaron desconcertados, comentándole al profesor ‘pero profe, son niñas’ a lo que el profesor les contesta ‘ya, pero tienen pelito ahí abajo, ya se puede'”.

Combatiendo la naturalización del acoso sexual

Para las y los estudiantes que han impulsado el proceso de sumario, lo más problemático ha sido dar a entender y contextualizar la experiencia de acoso a las autoridades. “Ellos (Departamento de Historia) nos han llegado a decir que no consideran que estas prácticas son acoso“, puntualiza Mitrovich.

A este escenario se suma el temor a las consecuencias tras las denuncias: “Cerca de diez compañeras no quisieron declarar por miedo a represalias académicas”, agrega Amanda. Hoy, además, se suma un nuevo problema: Pese a que hubo un acuerdo de palabra ante la idea de mantener alejado a los docentes de sus labores -al menos en pregrado- Ortega se encuentra haciendo clases por estos días, mientras que Samaniego iniciará sus cátedras en el segundo semestre.

“Para las chiquillas es incluso complejo topárselos en el pasillo o en tener clases. Son personas intimidantes. Una compañera, el primer día de clases, se sorprendió al verlo, porque ella botó el ramo el año pasado para no tenerlo con él. Y él le dice ‘oye, ¿y por qué botaste mi ramo? Porque yo voy a seguir acá harto rato'”, cuenta la vocera de las denunciantes.

Desde el Departamento de Historia respondieron a las dudas de El Desconcierto través de un comunicado, asegurando que “ante la formulación de acusación por acoso sexual levantado por algunas estudiantes, respaldado por la Asamblea de Historia, el Director de Departamento, con acuerdo del Consejo Departamental, acogió la denuncia y solicitó la instrucción de una investigación sumaria por parte de las autoridades competentes de la universidad, por lo demás, cumpliendo con su deber de acuerdo al estatuto administrativo”.

/Facebook Centro de Estudiantes de Historia Usach

Del mismo modo, la institución planteó su “rechazo frente a cualquier práctica abusiva, de la naturaleza que fuera y por lo mismo, al igual que lo está haciendo la corporación universitaria, se encuentran empeñados en establecer protocolos de buenas  prácticas, que buscan educar acerca del respeto de las personas y las buenas relaciones que deben existir en el ámbito universitario”.

Por último, señalaron que están “a la espera de los resultados de la investigación sumaria y de sumario administrativo y nos atendremos a su dictamen”, aunque sin precisar una fecha para ello, lo que podría extenderse varias semanas, dado que aún no han declarado todas las denunciantes. Por su parte, el docente Samaniego aseguró que no se referirá al tema hasta conocer los resultados del sumario, siguiendo la misma línea de Ortega.

Desde la Comisión de Género insisten en que estas prácticas constituyen acoso sexual, ya que ambos profesores se ampararon en su posición jerárquica para intimidar a sus compañeras. Sin embargo, reconocen que estas lógicas se encuentran tan naturalizadas, que buena parte de los estudiantes, académicos y funcionarios del Departamento “tenían conocimiento al respecto, pero las justificaban en que eran profesores criados en otro contexto, otra época”.

Para los estudiantes, pese a que la diferencia generacional es evidente, es importante escucharlos “decir que al menos se arrepienten. Hemos discutido que contextualmente ellos pueden no entender estas prácticas como acoso, pero ahora que se los hemos hecho ver, tampoco lo han asumido siquiera. No han enviado ninguna respuesta, nada de parte de ellos”, sentencia Amanda.

“Acá hay una cultura patriarcal de fondo. Nos ha afectado que ellos no han protegido a las chiquillas. Ortega sigue haciendo clases y habíamos quedado en un trato de palabra, ellos nos dijeron que lo iban a sacar al menos de pregado y no fue así. Llegamos este año y estaba haciendo clases y es algo súper básico, de sentido común en estos casos. Criticamos el doble discurso”, apunta la vocera.

La institución anunció que comenzará un protocolo de buenas prácticas en la materia, aunque las estudiantes ya iniciaron su propio camino. Siguiendo el ejemplo de Historia, otras carreras -como Ingeniería y Ciencias Médicas- se han ido sumando al catastro sobre acoso y comienzan a levantar sus propios sumarios: “En historia ya estamos avanzados porque partimos antes. Pero se van a ir conociendo más casos en otras facultades”, advierten.