Los diminutivos pueden demostrar dos cosas: cariño o subestimación. En el caso de la carta de la dirigente nacional de ANDHA Chile y ex candidata presidencial, Roxana Miranda, en donde explica las razones que la llevan a no pertenecer al Frente Amplio, se cumple evidentemente lo segundo.

Ella plantea que nadie podría no enternecerse con unos cachorros moviendo la cola, aun cuando éstos sean de hienas o lobos feroces. Esto a propósito de la irrupción del Frente Amplio como tercera alternativa política, situado a la izquierda del duopolio. Lo dice explícitamente: “la descomposición política actual es tan profunda que los lobos y hienas envían a sus hijos, como verdaderos perros ovejeros, a abrirse camino y volver a encauzar a las ovejas perdidas y acarrearlas al establo”. Vale decir, el Frente Amplio estaría compuesto por herederos políticos de quienes ostentan el poder en el país y su efecto sería la restauración del orden, en tanto que su irrupción no supone un riesgo para lo instituido. Tremendo error y alarmante falacia.

El Frente Amplio irrumpe con el fin de recuperar el poder y recomponer el tejido social. Políticamente viene a generar un nuevo clivaje en Chile. Tanto es así, que hoy la Nueva Mayoría aparece copando el centro político, lo que exige a Sebastián Piñera lanzar una candidatura más de derecha que las anteriores. Así nuestra alternativa se posiciona en la izquierda, una izquierda diversa políticamente, heterogénea en términos de clase y en términos culturales. La composición de este conglomerado es un entramado complejo de organizaciones políticas –movimientos y partidos– que viene a sustentar una nueva forma de entender la izquierda latinoamericana: una sumatoria de minorías que se convierten en mayoría, un sector que lucha por la igualdad de los derechos sociales y, con el mismo ímpetu, por el respeto a la diferencia. Nuestro camino es la democracia radical.

Universitarios y universitarias, pobladores y pobladoras, feministas, homosexuales, ecologistas, humanistas, ex frentistas, intelectuales, estudiantes, trabajadores del Cobre, trabajadores del Estado, trabajadores industriales, mapuches, jóvenes y abuelos, pobres y no tan pobres, sureños y nortinos, chilenos y chilenas en el extranjero, inmigrantes; todas ellas y todos ellos componemos el Frente Amplio. Roxana Miranda mira sólo un vértice de la figura y con evidente obcecación. La constitución del Frente Amplio trasciende absolutamente la composición de Revolución Democrática y del Movimiento Autonomista, o de otros movimientos que ella cataloga de “jovencitos de la élite universitaria”; el Frente Amplio no son sólo los Boric, los Jackson y los Sharp. También somos los y las pobres, los y las marginales, también somos de esa clase media frágil y precarizada, también somos jóvenes  que creamos colectivos, centros culturales y/o trabajamos en casas okupas o cualquier otra organización autogestionada. También somos los que padecemos las consecuencias del sistema capitalista y del modelo neoliberal. Somos los ancianos y las ancianas con pensiones indignas. Somos los endeudados y las endeudadas por el CAE, que provenimos de poblaciones y nos tuvimos que endeudar para tener la capacidad de escribir una columna como esta. También somos deudores habitacionales, o incluso allegados y sin casa. También somos a quienes denigran en un consultorio. También somos quienes hemos tenido que sortear balas en un tiroteo. En definitiva, sí somos una alternativa popular y acá nadie está olvidada/o.

¿Por qué la ex candidata cree tener la exclusividad de la representación del pueblo? ¿Por qué cree que es sólo su agrupación la que puede hablar en nombre del pueblo pobre? ¿Qué le hace pensar, a ciencia cierta, que el Frente Amplio viene a obstaculizar su trabajo de base que ha realizado por años? ¿Sólo por el hecho de que son de clases sociales distintas? Acaso, ¿aquello no es un principio totalitario o pseudofascista? ¿Por qué cree tener una superioridad moral para hablar de revolución?

Ella pregunta dónde se ha visto que la revolución es democrática. Nosotras y nosotros observamos y admiramos procesos revolucionarios como los de Ecuador y de Bolivia, que han sabido superar el neoliberalismo a través del modelo de desarrollo del Buen Vivir. Nosotras y nosotros miramos con atención el proceso que vive Podemos en España. Nosotras y nosotros vemos con optimismo la participación electoral del Zapatismo en México. Nosotras y nosotros con mirada crítica evaluamos, apoyando total o parcialmente, la experiencia bolivariana de Venezuela. Nosotras y nosotros creemos en la izquierda del siglo XXI, que establezca principios rectores de una sociedad, que construya hegemónicamente unos mínimos éticos, a través de un gran programa político de base popular que logre superar el neoliberalismo. Empero, como advierte Marta Harnecker en su pequeño libro A la conquista de una nueva hegemonía (2012), “una clase llega a ser hegemónica cuando logra que sus valores, que sus propuestas, que su proyecto de sociedad sean aceptados, mirados con simpatía y asumidos como propios por amplios sectores sociales. Hegemonía es lo contrario a la imposición por la fuerza”. Dicho de otra manera, la hegemonía que queremos construir es escuchando y a la retaguardia, es discutiendo en nuestras poblaciones, es politizando nuestros quehaceres. Laclau y Mouffe lo explican también en Hegemonía y Estrategia Socialista. Hacia una radicalización de la democracia: Una nueva izquierda, que debe ser eminentemente democrática y radical, es la articulación de las múltiples luchas contra las diferentes formas de subordinación. Y en eso creemos, más allá de los rótulos de izquierda y derecha.

Es cierto, se ha polemizado en torno a si nos declaramos de izquierda o no. Es cierto, no hay una columna ideológica unívoca. Pero yo me pregunto, ¿hay algún proyecto democrático que la tenga? Lo que nos importa es la construcción de un programa de transformación para Chile y en eso estamos trabajando, independientemente del resultado electoral. Nuestro sur no son las elecciones, sino que es la realidad concreta, la vida de las personas, el proceso histórico de América Latina. Hacia allá apuntamos.

Roxana habla de privilegios, habla de traición, habla de olvido. Caricaturas que no conducen a nada y que parecieran demostrar que sus adversarios políticos somos nosotres. Si así fuera, lo que estaría demostrando es que su proyecto tiene afanes caudillistas. Si así fuera, estaría dejando en evidencia es que es capaz de levantar falsedades con tal aparecer como la exclusiva representante del pueblo pobre. La revolución no es un fin en sí mismo. La revolución para nosotros es rabia convertida en amor y no en odiosidad. Si desconoce que sus propios ex compañeros y compañeras del Partido Igualdad no son también de base popular, demostraría que finalmente es ella la que no tiene consciencia de clase. La clase trabajadora no solamente es el pueblo más empobrecido, sino también es el pueblo productivo, el pueblo apaleado, el pueblo engañado, pero que surge. También es la clase media precarizada que para ilustrarse tuvo que endeudarse a 20 años, o que para ganar el mínimo tiene que inmolarse en el transporte público. También es el estudiante secundario y superior que no forma parte de ninguna élite. Y si eso hoy es representado por los Jackson, los Boric y los Sharp, que probablemente nacieron en mejores condiciones que las nuestras, significa que esa hegemonía ha rebasado los límites de lo meramente popular y que ya es un proyecto país de amplios sectores sociales, significa que la hegemonía popular se está construyendo y que quienes componemos el Frente Amplio estamos haciendo un buen trabajo.

Marta Harnecker, en ese mismo libro, sustenta aquello de forma expresa al plantear que ante la coyuntura actual en América Latina surge la necesidad de construir un amplio frente: “Una instancia política que sea capaz de aprovechar la profundidad de la crisis y la amplitud y variedad de los sectores afectados. Que aproveche el escenario altamente favorable para aglutinar en una sola gran columna a la creciente y dispersa oposición social conformando un bloque social alternativo, de amplísima composición social y de enorme fuerza, la que se irá acrecentando en la medida en que haya capacidad de convocar a la legión de sus potenciales integrantes”.

Somos un grupo de cachorros y cachorras, quiltros, callejeros, como decía Lemebel “tiernos insolentes”. Que Roxana y su agrupación sean bienvenidas, tenemos más similitudes que diferencias, somos muchos de la misma clase social que padecemos las mismas formas de subordinación, pero que no pretenda imponernos su visión de la realidad, sino que construyamos a través de las distintas experiencias, todas complementarias, un programa transformador para Chile que detenga los abusos de la clase dominante y que supere el modelo neoliberal.

* El Zonal Norte del Movimiento Autonomista comprende todas las comunas del Distrito 9: Conchalí, Renca, Huechuraba, Cerro Navia, Quinta Normal, Lo Prado, Recoleta e Independencia.