Escuchando una entrevista hecha a Beatriz Sánchez (pre candidata presidencial por el Frente Amplio) en radio Sonar, saltó, a raíz de sus dichos, un argumento que hace rato no le escuchaba a nadie, salvo a mí mismo en la soledad de mis cavilaciones privadas o quizás en alguna conversación íntima con mi esposa. Cada vez que le preguntaban a la periodista por algún tema de contingencia política o social ella no sólo contestaba sino que además añadía la necesidad de entender que cualquier cambio requería de algo más profundo en cuanto a un giro en la cultura y las costumbres arraigadas en nuestro país y, claro, hablaba de cambios en la forma de ser del chileno. Pero esto no es nuevo, esto es algo que no sé si se pensó concientemente en dictadura pero que se ha hecho y se hace cada vez que se quiere generar un cambio profundo en el pensamiento y comportamiento de una sociedad. Es así como Hitler durante su gobierno impulsó a la UFA (principal estudio de cine alemán durante la república de Weimar y el tercer Reich) para establecer una cultura propagandista de las ideas desarrolladas por él, los Estados Unidos han hecho una verdadera cultura del “american way of life” gracias al cine, la televisión y la publicidad exportando un patrón de conducta al resto de su hoy alicaído imperio. Pinochet no se quedó atrás ya que manejó los medios de comunicación de tal manera que hasta hoy en día se melancoliza con la televisión de los ochenta, como si ese hubiera sido su período de gloria, nuestro símil a los años felices gringos, los cincuenta.

Es así como los medios en general y la televisión en particular establecieron discursos, cánones estéticos y patrones de conducta válidos hasta nuestros días. Es decir, crearon identidad, una identidad difícil de cambiar, donde se entiende la solidaridad del chileno en programas de televisión o campañas mediáticas como la Teletón, pero no se acepta bajo ningún concepto un fondo solidario para mejorar las pensiones o la calidad de vida de todos los chilenos. Entendemos la individualidad como una bendición donde lo más importante es el emprendimiento y desarrollamos la construcción identitaria a partir de lo que tenemos y no de quienes somos o que pensamos. Enarbolamos discursos en contra de la política y los políticos, sin entender que ésta está establecida en cada cosa que hacemos o cada decisión que tomamos respecto a nuestras vidas como entes sociales. En definitiva no nos hacemos cargo de quiénes somos y, vamos construyendo nuestra manera de ser sin mediar un juicio crítico de por medio, porque también se nos castró esa posibilidad de tal manera que creemos que una persona sin filtro es válida porque dice todo lo que piensa así dañe a otro y no entendemos que el análisis es necesario para establecernos en la sociedad ya que nos va a permitir tener una observación más acabada de quiénes somos y del lugar que habitamos.

La televisión hoy es ese gran aliado soterrado  del sistema que no podemos culpar porque su misión, como nos han hecho creer, es puramente entretener, como si esto no se pudiera hacer con algún grado de contenidos o llamados a pensar y a la reflexión. Al parecer el único llamado válido es a vender dejando a nuestra valorada acompañante electrónica como una entidad que sólo nos establece un discurso y ese es consumir.

Beatriz Sánchez observa sistémicamente a la sociedad y establece a la ciudadanía como un todo donde lo que se hace en una política social irremediablemente va a repercutir en otra y en la forma en que vivimos. Sin embargo, esta visión es justamente la que tenemos bloqueada y, lamentablemente, son los medios de comunicación (no todos, pero casi todos) los que no sólo la avalan sino que además la potencian. Por supuesto que la televisión es de los medios el rey a la hora de sostener estas miradas parciales ya que hace rato que dejo de tener un rol crítico frente a la sociedad en la que se desempeña y por el contrario cumple como aliado activo de un sistema que nos han vendido como sólo económico pero que dista mucho de estar exclusivamente en ese rango. Sobre todo si pensamos que para sostener este sistema (el neoliberal) se debe tener una sociedad cautiva frente al modelo imperante en la sociedad. Construyendo así una visión parcial de nostros mismos y sosteniendo un discurso conservador que no da pie a visiones creativas o novedosas para desarrollar cualquier otra forma de sociedad.