El pasado 3 de mayo el empresario Sebastián Piñera Echeñique y pre candidato a la presidencia de la República en representación del pacto Chile Vamos, expresaba su “convencimiento” de que el “(…) Frente Amplio representa un camino de extremismo, que no es lo que Chile necesita”. A renglón seguido agregaba: “Nosotros representamos el cambio positivo, una firme voluntad de recuperar la esencia y los valores de lo que ha sido la República durante su historia”.

Ante esto, hay que preguntarse algunas cuestiones, que permitan comprender qué es lo que el empresario presidenciable está planteando y cuál es el mundo de las ideas que él intenta proyectar. Lo primero que hay que transparentar de aquel discurso es lo que tiene que ver con su “convencimiento”. ¿De dónde se construye ese convencimiento del empresario? ¿A quién representa o qué intereses representa ese planteamiento de tipo axiomático que expresa los discursos del empresario candidato?

Intentemos dar cuenta primero de esos discursos que se arrogan la representación de toda la sociedad -que, por cierto, es el lenguaje recurrente en la clase dirigente-. Entonces, ese convencimiento tiene mucho que ver con los resabios del despotismo ilustrado de las monarquías absolutas europeas. Si bien, no podemos decir que el sistema político chileno sea una especie de monarquía en el sentido clásico, pero al menos no se puede desconocer que existe una importante y peligrosa concentración del poder político y económico, como también la difusión cultural en un sector minoritario de la sociedad (de este peligro ya advertía Rousseau, en el siglo XVIII).

Este grupo se ha constituido como un bloque que ha mantenido el control y dirección de proyecto societal (en términos de Gramscia, una hegemonía). En tal sentido, su convencimiento está dado simplemente porque él – en tanto representante del bloque dominante – siente que su visión de mundo es la única legítima. Pero además, que esa visión de mundo es la que representa de mejor forma los intereses de dicho bloque, y por consiguiente permite su mantención. Cualquier otra idea, que sea contraria a sus intereses, a su ideario de sociedad -su sociedad-, nunca será validada como una alternativa. El extremismo de Piñera está por mantener el actual sistema de capitalización individual (AFP), el sistema privado de salud (Isapres), la educación como bien de consumo, la terciarización de las políticas sociales, solo por mencionar algunos de los ámbitos más sensibles y que hoy la sociedad organizada exige un cambio substancial.

Piñera califica las ideas del Frente Amplio como extremistas. Y tiene toda la razón, pues se ubican en las antípodas de un modelo que favorece principalmente al capital financiero y productivo. El Frente Amplio, además, se ubica en el extremo de las ideas neoliberales de Sebastián Piñera. Y no solo en el sentido estrictamente económico, sino también en lo cultural. El Frente Amplio, al ser un proyecto contra hegemónico, debería entonces, sostenerse en valores como la solidaridad colectiva, el bien común, la igualdad y justicia social, en donde el Estado sea el principal garante de esos valores, y por consiguiente consignarlos en políticas de Estado.

Para los idólatras del neoliberalismo, el individuo es el responsable de los diversos males que le aquejan -por ejemplo, la pobreza en todas sus formas-. También, el individuo puede superarse a partir de su esfuerzo y sus capacidades individuales. El emprendimiento, representa claramente el paradigma de ese discurso exitista, y a la vez reproductor de las ideas supra individualista de la ideología neoliberal.  Es decir,  no son las condiciones materiales, que generan las desigualdades, sino que la responsabilidad principal está en el individuo. Por su parte, una visión de mundo que se ubique en las antípodas de esta doctrina, en términos generales, buscaría no en el individuo la responsabilidad de sus condiciones vulnerables, sino que buscaría las causas y formas de enfrentar dichas condiciones, en las complejas relaciones sociales y relaciones de producción. Para que no se mal entienda: no es responsabilizar únicamente a los empresarios como los culpables, sino – en términos de Rousseau – la forma en la cual se ha estructurado la sociedad y el tipo de “contrato social” que se ha definido.

En otra parte del discurso del Piñera, más allá de los matices de diferencia el discurso del bloque histórico, señala: “Nosotros representamos el cambio positivo, una firme voluntad de recuperar la esencia y los valores”. Ese cambio por cierto es un giro radical hacia aquello que es consecuente con sus intereses y del sector que representa. Es decir, menos regulación de la actividad económica privada, menos impuesto a las utilidades de las empresas (a la ganancia individual), más privatización del mundo de la vida. También es muy usual por parte del representante de la clase hegemónica, usar la frase “están profundamente equivocados”. Sintiéndose portadores de la verdad absoluta e incuestionable. Ni siquiera se plantea que existe una mirada distinta, que se trata de un proyecto de sociedad distinta, sino que todo lo contrario a lo que él  (y la clase dominante difunde como modelo de sociedad) proponga, a priori es malo para el país . En definitiva, recuperar la esencia y los valores, no es otra cosa que volver a la esencia del liberalismo a ultranza. Es decir, volver a los fundamentos de los Chicago Boys, de la mano de sus mentores, Milton Friedman y Friedrich von Hayek.

La retórica neoliberal, y por antonomasia, que encarna la actual clase dirigente, no son sino su proyecto de sociedad, que como cantos de sirenas, envuelven y atraen a miles de personas, con promesas adornadas de fantasías de empoderamiento, o la ideología de emprendimiento, de la responsabilidad social empresarial (lavado de imagen empresarial).

Por lo tanto, los desafíos de un proyecto contra hegemónico, implican sostener un proyecto de sociedad desde una nueva filosofía. Hombres y mujeres que construyen colectivamente su devenir histórico y político. Y no en donde sujetos individuales luchan para sobrevivir, o en donde el éxito es individual, y la valoración al sujeto está en su capacidad adquisitiva y de acumulación de bienes materiales. Una reforma cultural y moral, que valore el encuentro, la comunión, la solidaridad colectiva, que recomponga el tejido social, que responda al proyecto común, y no al interés individual. Una reforma cultural y moral que debe comenzar a construirse desde abajo, desde un nuevo sentido común. Un sentido común que surja desde la emancipación política. Que genere un nuevo contrato social, en el cual el Estado sea la expresión de la voluntad popular, que represente la síntesis de la correlación de fuerzas, y no el instrumento del cual una pequeña elite se sirva para mantener sus históricos privilegios. Como síntesis de la voluntad popular, la salud, la educación, la vivienda, deberían entenderse como derechos fundamentales, y no como bienes de consumo, por lo tanto el Estado debería garantizarlos como tal.

Entonces, si al menos algunas de las ideas planteadas en estas últimas líneas, son parte de lo que nutre el proyecto colectivo del Frente Amplio, sin duda es una concepción al extremo de la filosofía que sostiene el proyecto de sociedad que propone Piñera. Es decir, de su sociedad. Por lo tanto, el extremismo neoliberal, se enfrenta con un proyecto de bien común, no individual. Este es un cambio moral y cultural. Y no se logra en unos meses de campaña. Ahora solo se está sembrando la semilla – y los valores – para la construcción de lo que debería ser una nueva sociedad.


Trabajador Social, Académico e Investigador