Lo que está haciendo Piñera es maldad. Poner como ejemplo a niños nacidos con síndrome de Down -que al inicio fueron una “tragedia” y luego “la alegría de la vida”-, para justificar su rechazo al aborto en caso de inviabilidad del feto, es maldad. Es faltar el respeto a las miles de familias con integrantes Down, al usarlas como el más estúpido chivo expiatorio para validar una mentira, una asombrosa mentira con fines discriminatorios y conservadores. Porque nada tiene que ver un niño Down con un feto inviable, un feto con alteración estructural congénita o genética de carácter letal ¡Letal! Lo que está haciendo Piñera es una barbaridad que asombra, aún viniendo de él asombra. Porque es impresentable, como tanto se ha vuelto en este país desquiciado en los últimos días, el país de lo impresentable.

Lo que está haciendo Piñera, azotando en la ignorancia a quienes no saben que un feto inviable puede ser un feto sin cerebro o con malformaciones incongruentes con la vida –por ejemplo-, es maldad. Es maldad mentir descaradamente para validar su clara posición de no permitir que una mujer decida no sufrir nueve meses con un feto que nacerá para el luto. Es maldad negar la verdad a un país que quiere gobernar, rechazando responder la pregunta de cuánta plata tiene porque “mi mamá me ensenó que hablar de plata es de mal gusto”, es una deslealtad con los ciudadanos de su propio país, de su propio sector, que no le exigen nada más que saber cuánto dinero posee el hombre que posiblemente definirá las políticas públicas de todos, de los millonarios como él y de los más miserables, los que tampoco hablan de plata pero porque no la tienen, los que no calculan que los 2.700 millones de dólares de la billetera de Piñera –según Forbes- equivalen al 70% de la fortuna de Donald Trump, el impresentable en quien se está inspirando nuestro impresentable, Piñera, para decir incoherencias como que “no soy un xenófobo, pero creo que hay que tener sentido común, no tengo por qué aceptar a cualquier persona que quiera venir a Chile”, haciendo referencia no sólo a extranjeros condenados en sus países, sino también a los “ilegales”, como si la posibilidad de la legalidad fuera una elección para los que llegan con lo puesto a una patria ajena que con una ley de Pinochet los sigue viendo como una amenaza. Impresentable.   

Impresentable el Partido Socialista, un partido de “izquierda” que ha ganado miles de millones de pesos invirtiendo en las empresas que todos los días atrofian el progreso de los que no están llegando a fin de mes, incluida la empresa que ha coimeado a casi todo el sistema político para impedir cambios que “perjudiquen” a los más ricos, SQM. Impresentable un partido que con el dinero recuperado de los inmuebles robados por la dictadura impulsó la obra de esa dictadura, dando auge a los negocios de Soquimich, Pampa Calichera, Autopista del Sol, Vespucio Norte, cajas de compensación y hasta Aes Gener (Alto Maipo), empresas que a ojos de todos son los símbolos de los derechos sociales entregados a la sed de lucro de los privados. El partido de Allende, el de los muertos y los desaparecidos, el de diputados hijos de víctimas de violaciones a los Derechos Humanos, el de dirigentes comunales torturados, exiliados, pagando así a la memoria de sus mártires, pagando así a los militantes más honestos que aún izan las banderas del socialismo en las calles, pagando así, en base a decisiones de las que hoy se desentienden sus dirigentes de las últimas décadas. Impresentables, como las excusas de que las inversiones las hacía una comisión independiente de la que nada sabían, comisión integrada por militantes de alta influencia -Óscar Guillermo Garretón, Óscar Landerretche, Alberto Arenas, Jéssica Cuadros, Jorge Jorratt y Gerardo Beltrán, entre otros-, quienes recibían mensualmente informes de las ganancias, según La Tercera. Pues ahí mismo está la gravedad del hecho, en el entregar al salvajismo del mercado -que no entrega tantas opciones para regodearse- el dinero de los recintos que sus héroes defendieron con su sangre. No nos confundamos: lo destacable no es que las mesas directivas del PS no sabían de la traición ejecutada a través de estas inversiones –como han asegurado-, lo destacable y lo grave es que no quisieron saber, no hicieron nada a tiempo para ponerle freno a la inversión en el abuso, lo que es igual o peor. A las mesas directivas les daba lo mismo dónde andaba ofreciendo sus servicios esa plata, con la venia de la comisión de militantes. Les daba lo mismo hasta que, como hoy asegura Osvaldo Andrade, se pidió revisar los informes cuando estallaron los casos de corrupción política. Pero ya era demasiado tarde, el daño ya estaba hecho. Impresentables.

Piñera y el PS hermanados en lo impresentable en una misma semana, qué curiosidad. Hermanados en la excusa de que las inversiones si son legales no me hacen más problema que el decir “chuta, fue un error”. Qué curiosidad la de este Chile transicional, alejado de la ética, este de injusticias armadas por dos bloques aplaudiendo por décadas al empresario más audaz. Qué curiosidad este país que, según un estudio de la UC, cada año tiene a más comunas con peor calidad de vida y a más con mejor calidad de vida, signo inequívoco de la desigualdad del modelo. Qué paradoja la de este Chile neoliberal, el que tiene al 52% de sus médicos en un sistema privado que atiende al 18% de la población; el que si estás en una isapre te atiende cuatro veces más que si estás en Fonasa. Qué curiosidad, Piñera y el PS juntos en la justificación de las leyes del mercado más allá de la ética, en este Chile en que si vives como ganado en un gueto vertical no es culpa del alcalde ni de las leyes porque “nadie te obligó a vivir aquí”. Porque en Chile, si es legal, es válido el abuso y la segregación.

Piñera y el PS, esta semana, impresentables.


Director Noesnalaferia