En abril pasado llegó a las librerías “Cambio de Juego” (Planeta) de Nicolás Vidal, quien desclasifica y pone sobre la mesa un puñado de historias desconocidas del fútbol chileno que vienen a evidenciar la estrecha relación que existe -y siempre ha existido- entre este deporte y la política.

El escritor, que se desempeña como abogado y editor general de Revista de Cabeza, mezcla su pasión por la escritura y el balompié en un compendio de nueve crónicas donde el fútbol chileno es analizado y descrito más allá de la cancha. Argumentos sobran: desde un recorrido por la pasión futbolera que unía a algunos de los líderes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), el simbolismo tras la existencia de Palestino o una revisión del vínculo del fallecido general Alberto Bachelet -padre de la presidenta- con el Club Aviación.

Entre otros relatos, “Cambio de Juego” reflexiona también sobre la identidad obrera del Fernández Vial y reúne los antecedentes históricos de la fallida Villa San Luis en el Parque Araucano, donde Allende pretendía construir viviendas sociales y a la vez concretar el sueño del estadio propio de la Universidad de Chile. Sobre eso y más profundizó el autor en entrevista con El Desconcierto.

“Me interesaba desvirtuar esa idea de que el hincha es un bárbaro”

Cada una de las historias que abordas en el libro tiene una dimensión política profunda. ¿Cómo describirías la relación del fútbol con la política? ¿Por qué es necesario explorar esos vínculos?

El fútbol, además de ser un deporte, es un fenómeno político. Las visiones que intentan reducirlo a veintidós tipos persiguiendo una pelota olvidan que es la actividad que mueve más gente en todo el mundo. Ese solo hecho lo transforma en político y ha llevado a muchos que ejercen el poder –ya sean dictadores, gobiernos democráticos o quienes detentan el poder económico– a tratar de influir sobre él de una u otra forma.

Existe una versión “oficial” de la FIFA de que el fútbol no puede tener relación alguna con la política, pero eso es absolutamente falso y la mayoría de los medios se ha quedado con ella, limitándose a informar datos y estadísticas, como máquinas de números. De esta forma se le quita vida, humanidad, al fútbol. Por otra parte, me interesaba desvirtuar esa idea de que el hincha del fútbol es un bárbaro que apenas piensa. En todas estas historias existe un compromiso político evidente de distintas personas que se desviven por el fútbol.

Aún muchos ignoramos la pasión de algunos líderes del FPMR por el Orompello y por el fútbol, en general. Ellos eran muy disciplinados, pero por jugar a la pelota hicieron peligrosas excepciones. ¿Cómo describirías esa relación de amigos que nació al alero de una cancha y resistió a lo peor de la represión? ¿Qué rol jugó el fútbol?

En el club Orompello de Valparaíso jugaron tres grandes combatientes del Frente. Mauricio Hernández Norambuena (Ramiro), quien estuvo en casi todos los grandes operativos del Frente, Fernando Larenas (el Loco o Salomón), quien era el jefe operativo del Frente en la primera etapa (hasta que la CNI le dio un balazo en la cabeza), y Mauricio Arenas (Joaquín), que participó en el atentado a Pinochet y fue sindicado por Ramiro como el autor intelectual del asesinato de Guzmán.

Jugando en el Orompello –lo que coincidió con la etapa de mayor gloria futbolística del club, que todavía existe– comenzó una amistad indestructible entre los tres, que continuaron cuando militaban en la subversión. Compartiendo camarín, comentando victorias y derrotas, empezaron a hablar de otras cosas, a intercambiar visiones políticas, y por eso los tres comienzan a militar al mismo tiempo en el llamado Frente Cero, antecedente directo del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Siempre siguieron juntos, en contacto. De hecho, la noche en que le disparan a Larenas venía de juntarse con Ramiro y Joaquín. Hay otras muestras de compañerismo –más espectaculares– pero hay que dejar algo de suspenso para la lectura de la crónica, jajaja.

¿Cómo influye la muerte del general Bachelet y el golpe militar en la desaparición del club Aviación? ¿Qué representaba este club para la gente?

El general Bachelet, como vicepresidente de Aviación, veía al club como un puente que unía el mundo militar con el mundo civil. Ya percibía un ensimismamiento muy peligroso en las Fuerzas Armadas en una época de gran crispación social, entonces creía que el fútbol –y el club Aviación– era una forma de abrir las puertas de la Fuerza Aérea al mundo civil. Y, al menos en la época previa al golpe, lo consiguió.

Después todo cambio, se volvió un club mucho más rígido, más consciente de su carácter militar, de hecho les entregaron tarjetas de identificación militar a todos los jugadores. O sea, perdieron la identificación previa que tenían con el pueblo. Hay otro hecho muy simbólico: durante la Unidad Popular el club vestía íntegramente de rojos –calcetines, pantalón y camiseta– pero después del golpe el rojo se elimina y tienen que vestirse de celeste.

La resistencia de Palestino, Caszely y De Luca

Palestino ha logrado lo que ningún otro equipo en Chile podría ostentar: representar desde nuestras tierras a otra nación, casi al mismo nivel que su selección nacional. En su publicación, Vidal destaca la historia y simbolismo tras el club árabe, así como la resistencia de grandes figuras que tuvieron en el fútbol una vía de escape y rebeldía en tiempos difíciles.

¿Por qué es tan importante el potencial simbólico de Palestino? Más allá de ser representativo de una de las colonias más numerosas en Chile, su alcance supera claramente los límites tradicionalmente asignados al fútbol y a un club en Chile.

El fenómeno de Palestino es único en el mundo y creo que acá en Chile todavía no lo hemos dimensionado en todo su potencial. Tiene el nombre, los colores y la bandera de una nación profundamente oprimida y que queda al otro lado del mundo, como Palestina. La camiseta en la que cambiaron el número uno por el mapa de Palestina, previo a la existencia de Israel, provocó un conflicto diplomático considerable. De hecho, esa camiseta se vende en todo el mundo. Sobre eso tengo una anécdota muy decidora: un primo que vive en Francia caminaba por un barrio de inmigrantes árabes y vio a lo lejos a un tipo caminando por la calle, en un día cualquiera, con la camiseta de Palestino. Por supuesto no era chileno ni sabía hablar español.

Los partidos internacionales de Palestino los transmiten en todo el mundo árabe por la cadena Al Jazeera. Incluso, el presidente de Palestina ha dicho más de una vez que son la única nación del mundo que tiene dos selecciones: Palestino y Palestina. Acá es un club pequeño, con poquita gente, pero afuera su popularidad y su dimensión política son enormes, teniendo en consideración el permanente conflicto que tienen por la represión de Israel.

/AgenciaUno.

En el libro cuentas las formas en que la dictadura intentó boicotear a Caszely por su posición política. ¿Por qué crees que su despedida se constituye como uno de los actos políticos más potentes de oposición a la dictadura de Pinochet?

Desde un principio, el régimen sabía que la despedida de Caszely, en el Estadio Nacional, se juntarían muchos opositores. Era una época convulsa dentro de la dictadora, con las Jornadas de Protesta Nacional en plena marcha. Entonces, en una época en que el fútbol era utilizado como un sedante y televisaban casi todos los partidos, prohibieron que la despedida se transmitiera por televisión. Y en la radio pasó algo similar, de hecho sólo fue transmitido por Radio Cooperativa. No debe haber sido muy agradable para Pinochet escuchar a ochenta mil personas cantando “Y va a caer, y va a caer…”.

– Tu trabajo también rescata la historia de Carlos Gustavo de Luca y cómo el fútbol le ofreció en Chile a este ex combatiente de Las Malvinas una vía de escape, la posibilidad de ser más que una víctima. ¿Por qué crees que no fue posible para él y otros lograrlo en la propia Argentina?

De Luca vivió en carne propia todos los horrores de la guerra. El frío de la Patagonia, el hambre que los obligaba a robar comida, los castigos inhumanos de los oficiales, las balas, las bombas enemigas, la muerte del amigo, del compañero de al lado, en fin. Las condiciones en las que combatieron los muchachos argentinos fueron brutales.

Sobre esto hay una estadística terrible: el número de ex combatientes de Las Malvinas que se han suicidado es parecido a los que murieron en combate. Entonces, mi impresión es que viviendo en Argentina no era posible dejar todo eso atrás. Por eso es que De Luca apenas atraviesa la cordillera y llega a jugar en Santiago Wanderers, comienza a hacer goles como loco, cambia completamente, por primera vez puede concentrarse en lo que pasa dentro de la cancha y jugar tranquilo. Desde ahí se destapa: durante la década en que jugó en Chile, nadie hizo más goles que él.

“No hay otro club con la identificación que tiene el Vial”

En “Cambio de Juego” describes la identidad obrera de Fernández Vial y cómo la institucionalidad ha impedido, a lo largo de su historia, su consolidación y existencia. ¿Ha habido mala fortuna o la intención de asfixiar a un club con tan potente simbolismo en Chile?

Como dices, creo que no hay otro club en Chile con la identificación que tiene el Vial. Una vez que adoptaron el nombre del Almirante, hace 114 años, adoptaron también sus ideales progresistas. Entonces, podemos decir que es un club “incómodo”, que controvierte directamente esta supuesta prescindencia política del fútbol. En la década de los sesentas intentaron obligar al Vial a fusionarse con otros clubes de Concepción, con una identidad muy distinta (clubes más pijes), entonces ellos se negaron a perder el nombre y la inspiración del Almirante. Esta decisión implicó no entrar al profesionalismo y pasar quince años jugando en el fútbol amateur, prácticamente solos.

Es solo un ejemplo, porque son enormes las dificultades que han tenido que pasar a lo largo de su historia para seguir vivos, pero por algo el club también se llama “El Inmortal”, porque sigue vivo –y luchando– a pesar de todo.

También relatas lo que fue ese extraño partido de Chile frente a una ausente Rusia, en medio del horror solapado y maquillado de la dictadura. ¿Qué representó ese episodio para nuestra historia futbolística? ¿No reflejó otra vez el fútbol lo que ocurría fuera de la cancha?

Creo que en esa crónica se refleja con mucha claridad lo que decía más arriba, sobre esta supuesta prescindencia política del fútbol. Ese partido fue producto de negociaciones al más alto nivel, en medio de la Guerra Fría. La FIFA quería que el partido se jugara a toda costa, sin importar que en el Estadio Nacional se estuviera torturando y asesinando a cientos de personas. Incluso enviaron a dos representantes que revisaron el estadio, que tenía varios miles de presos escondidos, e hicieron la vista gorda, declarando que todo estaba en perfectas condiciones.

Ese gol frente al arco vacío de la selección chilena se relaciona irremediablemente con el uso del Estadio Nacional –un campo deportivo, donde la gente iba ver partidos de fútbol y campeonatos de atletismo– como lugar de tortura y exterminio. Es un hecho horroroso que como sociedad no podemos olvidar si queremos aprender algo de nuestra historia.

Los sueños rotos que dejó la Villa San Luis

“Cambio de Juego” reflexiona sobre lo esquivo que fue el éxito para una generación de futbolistas acostumbrados a la lógica del “todo vale” bajo las órdenes de Eduardo Gordon y Pedro García. Hay dos hitos fatídicos que la cruzan: la falsificación de los pasaportes para ir al Sudamericano Juvenil y luego, como cierre, el desastroso “Maracanazo” del Cóndor Rojas.

En vista de los años transcurridos, ¿te parece que se aprendió la lección?

Esa generación también fue, de cierta manera, hija de la dictadura. El régimen necesitaba a toda costa mostrar triunfos deportivos para tener a la gente contenta, pensando que estaba todo bien y así acallar las voces que reclamaban por la represión. Algo similar a lo que pasó con Argentina en el Mundial de 1978.

Los jugadores recibieron el mensaje y se vieron presionados a ganar de cualquier forma: se falsificaron los pasaportes de diecisiete jugadores (que terminaron en la cárcel), después, en 1984, el mismo Roberto Rojas fue suspendido por doping, para rematar todo con el Maracanazo en el ’89. Lo paradójico es que nada es eso derivó en triunfos. Éstos llegaron mucho después, con una generación que ha trabajado duro y una nueva mentalidad que trajeron Bielsa y Sampaoli, que pasa por creer en nuestras aptitudes y no en la trampa para ganar.

En días previos al golpe, el gobierno de Allende iba a echar a andar un proyecto emblemático: una iniciativa de viviendas sociales destinadas a cambiar la segregación social de Santiago, que además contemplaba la construcción de un estadio para la Universidad de Chile. Todo se desmoronó con la llegada de los militares. ¿Qué representa el ejemplo fallido de la Villa San Luis en nuestra historia? ¿Sería posible repensar una iniciativa como esa?

Era un proyecto muy ambicioso que trataba de cambiar por completo la fisonomía social de Santiago. En una sociedad como la actual, que sólo ha profundizado la segregación social, veo difícil que pudiera realizarse. El proyecto de la Villa San Luis iba de la mano con otra forma de ver la sociedad, mucho más inclusiva y menos egoísta que la actual. Para poder hacer algo así en el futuro, tendríamos que cambiar la forma de ver estos valores. El hecho de que en ese mismo lugar estén los íconos del neoliberalismo habla de cómo esta forma de interpretar la sociedad –impuesta a la fuerza por la dictadura– ha perdurado y se ha profundizado hasta el día de hoy.

Pero esa idea es algo que nunca podemos olvidar si queremos construir una sociedad más justa e inclusiva. Todavía quedan dos edificios de aquellos construidos por Allende. Presentan un contraste brutal al lado de los lujosos edificios corporativos de Nueva Las Condes. Miles de personas caminan por ahí pero pocos saben lo que esas viejas construcciones significaron para nuestra memoria histórica. Existe una campaña para que sean declarados Monumentos Nacionales y así evitar que las inmobiliarias los destruyan para hacer enormes torres de oficinas. Su destrucción implicará el olvido final de esa idea, de esa forma distinta de concebir esta ciudad. Ojalá que el Gobierno se interiorice en el tema y apoye la iniciativa. Y, volviendo al fútbol, no hay que olvidar que al medio de todo eso, en el corazón de todo eso, iba a estar el estadio de la U.

Cambio de Juego
Nicolás Vidal 
Editorial Planeta
164 páginas
Precio de referencia: $9.990