Era el partido más importante de lo que va del año para la UC. Ya resignado a ver a distancia a su máximos rivales pelearse el título del torneo nacional, le quedaba la última esperanza en la Copa Libertadores: Derrotar al Atlético Paranaense y clasificar a octavos de final.

Pero no fue así. El bicampeón del fútbol chileno cerró una primera parte del año para el olvido y se quedó sin pan ni pedazo. Y eso que empezaron bien: los cruzados, pese a sufrir una que otra llegada de los brasileños, cerraron el primer tiempo jugando a gran nivel y con el marcador en ventaja, gracias a un ‘puntazo’ del uruguayo Santiago Silva que rompió el cero.

En paralelo, en Buenos Aires, el Flamengo vencía por el mismo marcador a San Lorenzo de Almagro. Con esos resultados, la UC pasaba directo a octavos.

Pero en el complemento comenzó la debalce. A los 76′, Eduardo conectó un certero cabezazo y volvió a revivir los fantasmas de la UC y el cuerpo técnico. Mario Salas se fue con todo en busca del triunfo y mandó a la cancha a Roberto Gutiérrez en desmedro de Fabián Manzano. Así, el equipo quedó quebrado en dos y Carlos Espinosa solitario en el mediocampo.

Fueron dos contragolpes que setenciaron el futuro de la escuadra del Comandante. Primero Coutincho con el 2-1 y finalmente con Carlos Alberto para el definitivo 3-2, en el 87, apenas 2 minutos después de que Ricardo Nori marcara el empate transitorio con un golazo de fuera del área.

Para peor, San Lorenzo lo dio vuelta en el último minuto en Argentina y también clasificó a octavos, dejando afuera al poderoso Flamengo. Con esos resultados, la UC quedó última en el ‘grupo de la muerte’: sin Libertadores, sin el premio de consuelo de clasificar a la Copa Sudamericana y, en el plano local, sin tricampeonato.

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