La oposición brasileña redobló esta jornada los esfuerzos para convocar de forma anticipada a elecciones presidenciales luego de que el periódico O Globo revelara un supuesto audio en que el mandatario Michel Temer aprobó pagos ilegales al diputado Eduardo Cunha, encarcelado por corrupción.

El adelanto de los comicios, sin embargo, exige que el Poder Legislativo ratifique una enmienda constitucional, lo que demoraría al menos dos meses. Luego se necesitarían otros noventa días para que los ciudadanos acudieran a las urnas.

En las calles, donde se han multiplicado las protestas, varios manifestantes levantaron pancartas con la consigna “Diretas, já”, que fue el gran lema que en 1984 movilizó a decenas de miles de brasileños para forzar la caída de la dictadura que gobernó el país durante las dos décadas anteriores, reclamando la convocatoria de elecciones presidenciales directas.

De no mediar cambios, sin embargo, las elecciones presidenciales serían recién en octubre de 2018.

Desde hace meses en el Congreso está registrada una propuesta del diputado Miro Teixeira para aprobar una enmienda constitucional que permita la convocatoria de elecciones.

Uno de los problemas para lograr consenso político sobre esa propuesta es que unas elecciones inmediatas favorecerían enormemente las opciones del expresidente Lula, el candidato del Partido de los Trabajadores y favorito en las encuestas.

Sobre Lula, además, pesa la amenaza de cinco procesos judiciales por corrupción, pero, con unos comicios en poco tiempo, las hipotéticas condenas –que conllevarían inhabilitación política- difícilmente llegarían antes de conocer el veredicto de las urnas.

Incluso aunque el juez más conocido de la Operación Lava Jato, Sérgio Moro, convertido en la némesis de Lula, lo condenase por el más avanzado de esos procesos –el que le acusa de recibir un apartamento tríplex como regalo de una constructora- el expresidente no quedaría inhabilitado inmediatamente.

Para dejar a Lula fuera de juego se requeriría que una segunda instancia judicial ratificase la eventual condena de Moro lo que, en la más rápida de las hipótesis, aún demoraría muchos meses, probablemente un año.

Unas elecciones a corto plazo sorprenderían a los partidos opuestos a Lula sin un candidato claro, ya que algunos de los posibles aspirantes han quedado políticamente invalidados por las acusaciones de corrupción, como el último rival de Dilma Rousseff, el aún líder del Partido Social Demócrata Brasileño, Aécio Neves.

Asimism, el nombre por el que más vienen apostando sectores económicos y políticos, el alcalde de São Paulo, João Dória, también del PSDB, quien lleva solo cuatro meses en el cargo, tras llegar a él sin ninguna experiencia política anterior.

Dado que Temer ha anunciado que no renunciará, hay varias posibilidades para destituirle. Una es el impeachment, que requiere el apoyo de dos tercios de la Cámara de Diputados y del Senado. El proceso es muy largo. El de Dilma Rousseff, por ejemplo, comenzó en diciembre y no logró apartarla del cargo hasta mayo.

Otra opción es que la investigación del Tribunal Supremo encuentre indicios de criminalidad en el presidente y decida pedir autorización al Congreso para actuar contra él y apartarle del cargo. En ese caso necesitaría también el voto favorable de dos tercios de la Cámara y del Senado.