Las grandes empresas, esas que hacen noticia por su gran patrimonio y por sus muchos escándalos, representan en realidad al 1% de las empresas existentes en nuestro país. El 17% de las empresas chilenas son Pymes, el 82% corresponden a microempresas y el 1% a grandes empresas. La participación que ellas tienen en las ventas es, sin embargo, inversamente proporcional a su número: mientras las grandes empresas participan de las ventas en un 81%, las Pymes lo hacen en un 16% y las microempresas en tan solo un 3%.

El alto grado de concentración patrimonial en manos de unos pocos grupos económicos y una política económica que no enfrenta las desigualdades del mercado ha colocado en difícil posición a las pequeñas y microempresas. Algunos ejemplos: dos cadenas controlan más del 60% de las ventas de los supermercados; tres cadenas administran el 90% de las farmacias; Soprole maneja el negocio de los lácteos.

Pese a lo anterior, el apoyo al emprendimiento suele estar en el vocabulario político chileno como un mantra. La derecha ha constituido parte de su discurso a partir de la idea de emprendimiento y ha permeado incluso a la denominada “centroizquierda”. Sin embargo, la realidad indica que las políticas en la materia han sido más bien flojas en ambos sectores políticos, pues no ha existido voluntad gubernamental ni de la clase política para desafiar las posiciones monopólicas de las grandes empresas, así como tampoco ha habido medidas efectivas para facilitar el accionar de las pequeñas y micro empresas. En ellas encontramos un enorme potencial económico y de progreso para Chile, que hoy está frenado por una política hecha a la medida de los grandes empresarios. En materia de emprendimiento, hay mucho de cliché y poco de política pública para apoyar a nuestros emprendedores.

Los programas de fomento de Corfo, las garantías crediticias, el apoyo tecnológico y capacitación, han sido básicamente experiencias pilotos, y en la práctica favorecen a un número muy reducido del universo de pequeños empresarios. En lo que respecta al financiamiento, los pequeños empresarios deben pagar varias veces más que los grandes empresarios por el costo del dinero, lo que bloquea sus iniciativas de negocios. El Banco Estado se comporta como un banco privado más, aplicando las mismas altas tasas de interés que el resto del sistema financiero.  Por si ello fuera poco, el acceso al mercado para los pequeños empresarios no cuenta con preferencia alguna (cuestión que sí ocurre en no pocos países). En resumen, el panorama se rige por la falacia de la regla neoliberal, según la cual todos los agentes económicos sean grandes o pequeños  ingresan en las mismas condiciones al mercado.

Lo anterior ha traído como consecuencia posiciones dominantes de los grandes empresarios, traduciéndose en manifiesta explotación de los pequeños empresarios como proveedores de los supermercados y retails. Estos últimos dilatan los pagos y les fijan los precios de compra a los pequeños. Adicionalmente, el propio Estado no cumple sus compromisos con la Pymes, pagando a destiempo e incluso manteniendo elevadas deudas con los pequeños empresarios.

Quienes queremos cambiar Chile estamos convencidos de la necesidad y urgencia de una concepción diferente y una política pública que modifique radicalmente el actual estado de cosas en materia de emprendimiento, para que los pequeños empresarios desplieguen todo su potencial productivo y de negocios a favor de la economía nacional y para el progreso del país.

En cuanto a acceso al financiamiento, es preciso convertir al Banco del Estado en un banco de fomento (como existen en todos los países del mundo), para que reoriente su actividad con sentido público, colocando en el centro de sus políticas a las medianas, micro y pequeñas empresas.

También es necesario fortalecer los programas de fomento productivo. Estos deben especializarse para el apoyo a las pequeñas y micro empresas y cooperativas de trabajo. Otra contribución en esta área puede ser la creación de un Sistema Nacional de Capacitación especial para las micro y pequeñas empresas e incorporar a representantes de esos sectores a los Consejos de Capacitación y Certificación de Competencias.

Pero junto a estas iniciativas, debemos tomar decisiones en el ámbito de la regulación del mercado en favor de las medianas, pequeñas y microempresas. Debe favorecerse su acceso por medio de la regulación de segmentos de mercado para la producción exclusiva de las pequeñas empresas; establecer una regulación legal que impida a los supermercados, retailers y otros compradores dilatar los pagos e imponer precios expoliadores a los pequeños empresarios; así como también poner al día al Estado en sus pagos. Otro aspecto significativo es permitir la asociatividad de los pequeños empresarios para abordar licitaciones del Estado.

En el mundo entero, las pequeñas y microempresas juegan un papel importante en la economía, generando empleo, contribuyendo al crecimiento económico y a una distribución más equitativa del ingreso. Para hacer de ello una realidad, es necesario tener voluntad política y resolver los problemas que enfrentan hoy.

Estos desafíos son comunes sobre todo para los microempresarios de sectores populares debido a que son precisamente los que cuentan con menores recursos y escasos apoyos. El abandono de este sector resulta inconcebible pues los estudios demuestran que casi la mitad de la población activa del país trabaja en estas unidades productivas, donde un tercio de ellos vive en condiciones de pobreza y presenta problemas en el manejo de sus negocios. Variados estudios han confirmado que muchas de estas unidades económicas tienen una base familiar, dirigida y administrada por uno de los integrantes y tienen su funcionamiento en la vivienda o en un local adyacente a ella.

El abandono que sigue a la desregulación y a la falta de apoyo incide en una mala calidad de vida de microempresarios, así como en una baja calidad del empleo, constante inestabilidad e inseguridad social. Es necesario dejar la retórica y pasar a la acción. La que esta candidatura parlamentaria propone al Frente Amplio y a Chile es una alternativa que permite aprovechar el enorme potencial que tiene este sector productivo.

Quienes se dedican a emprender ofrecen un producto a partir de su inventiva, iniciativa y trabajo. Al mismo tiempo, asumen su condición de microempresarios como un vehículo clave para que sus familias logren salir de la situación de pobreza en la que se encuentran. Es nuestro deber contribuir a esa finalidad.


Pre-Candidato a Diputado, Distrito 9, Frente Amplio