Una combi naranja espera estacionada en la calle Flandes de Las Condes. Son las 10 de la mañana de un viernes y el comando de campaña de Soledad Álamos, candidata a diputada de Revolución Democrática (RD) por Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea, Peñalolén y La Reina, se pone en marcha. Al volante –de la campaña y del vehículo– está Hugo Montes, que recoge a la postulante para dirigirse juntos hacia una de las zonas comerciales de la comuna. Es hora de hacer campaña.

El punto elegido para hoy es la calle Príncipe de Gales de La Reina, en un área reducida que concentra una sede del BancoEstado, otra del Santander, otra del Banco Edwards Citi, un BCI y una oficina de Correos. El furgón estaciona y el jefe de campaña se encarga de colocar la rampa por la que se desliza la candidata con su silla de ruedas.

Soledad (31) nació con osteogénesis imperfecta, una discapacidad congénita más conocida como huesos de cristal, que provoca mucha fragilidad ósea y un alto riesgo de fracturas. “Antes nos movilizábamos en metro, pero nos dimos cuenta de que perdíamos demasiado tiempo –explica a El Desconcierto–. Me demoro media hora de mi casa a la parada y en la hora peak no me puedo subir, entonces buscamos esta alternativa gracias a una donación”, dice.

Otros tres militantes y la concejala por RD de La Reina, Catalina Rubio, la acompañan en la distribución de afiches. El comando se reparte a lo largo de unos 30 metros de vereda, dispuestos a ir a la caza de potenciales votantes. Peatones que caminen en dirección al amplio surtido de bancos y que no puedan escapar cuando la silla de Soledad se le ponga en frente.

“¿Le puedo entregar un volante? Le cuento que soy candidata a diputada por el distrito 11. Me voy a primarias el día 2 de julio. Soy del Frente Amplio y le invito a votar por mí. Me llamo Soledad Álamos”.

Soledad es directa. Si después de la pregunta detecta un mínimo interés, no duda en disparar su discurso: breve, conciso y con las palabras clave pronunciadas durante los cinco primeros segundos. Luego espera la reacción de su interlocutor y, según como observa el terreno, detalla un poco más.

Mientras, Hugo registra a las personas que solicitan más información tanto de la candidata como de su partido.

“A los ancianos les gusta Jackson”

-“Gracias, pero sinceramente, con estos dos al lado, no hay ninguna posibilidad”.

La precandidata presidencial por el Frente Amplio, Beatriz Sánchez, y el diputado de RD, Giorgio Jackson, son “estos dos” que no convencen al vecino que toma el flyer que le entrega Soledad. Ella recibe la respuesta, siempre con una sonrisa, y cierra con un cordial “ya, no importa, qué esté bien”.

La misma fórmula que aplica cuando se encuentra debatiendo con un abuelo que le suelta el clásico discurso sobre el mal de “los comunistas” en Chile. A juzgar por las primeras intervenciones, uno podría preguntarse ¿dónde está la izquierda en los barrios altos? Pero al siguiente acercamiento le va mejor. La candidata se topa con una pareja joven que por primera vez ejercerá el derecho a voto en estas elecciones. Desprenden entusiasmo por la propuesta de Soledad y parece que son de los que aún le tienen fe a la política. Luego de explicarles con precisión su campaña, los invita: “Y si quieren, también pueden ayudarnos volanteando cerca de su barrio…”.

Durante el tiempo que El Desconcierto comparte con el comando son mayoría la gente que escucha y se interesa por su discurso. “El recibimiento que he tenido en la calle ha sido muy bueno”, asegura la frenteamplista, que ya tiene un diagnóstico hecho de las preferencias del distrito: “Entre 47 y 60 años, tenemos poca recepción. Después, de los 60 en adelante, se vuelven a interesar por los jóvenes, como si dijeran ‘me voy a morir y quiero ver cambios’”, argumenta. “A los ancianos les gusta Jackson”, añade.

Accesibilidad, un tema central

Soledad Álamos empezó a militar en Revolución Democrática hace tres años. Tras presentarse como concejal por Las Condes y recoger más de 3.700 votos, decidió dar el salto a las elecciones legislativas.

Pasó de dar clases de Historia en un preuniversitario particular -que ella misma creó y por el que pasaron más de 150 alumnos- a coordinarse con un equipo de entre 50 y 60 personas que trabajan para la campaña en su distrito. “Cada día estamos en un lugar distinto: en el metro, supermercados, bancos, colegios, universidades, fundaciones, organizaciones sociales, juntas de vecinos… A eso, hay que sumarle la atención a los medios, el estudio para columnas de opinión, la lectura de la contingencia…”, relata.

La joven se metió de pleno en su nuevo objetivo y ahora el barrio es su prioridad. “Hay un mito de que en estas comunas todas las necesidades están cubiertas, pero no es así”, desmiente. “Este distrito es muy diverso y tiene zonas con gente muy adinerada y otras que no tanto. En Las Condes, la zona de Colón Oriente no tiene muy buen nivel económico”, agrega.

La accesibilidad universal, participación ciudadana, inclusión e igualdad de género son las apuestas temáticas de su campaña.

“Yo utilizo mucho el transporte público, sobre todo el metro, y me movilizo de forma autónoma en una silla de ruedas con motor, entonces la accesibilidad es algo en lo que pienso la mayor parte del día”, reconoce. Soledad confiesa que se conoce de pé a pá qué paradas de metro tienen ascensor y los recorridos para llegar a los accesos. En cambio, es muy crítica con el Transantiago: “No me puedo subir a la micro porque las rampas son muy empinadas y pesadas, no podría bajar”. Dice que no están hechas para una persona con silla de ruedas pero, aún así, matiza que se siente “privilegiada” porque en la zona oriente la accesibilidad está un poco mejor que “en las comunas más periféricas”. “Es el entorno el que te incapacita, el que no te da opciones ni oportunidades”, concluye.

Sin estigmas ni barreras

Esta santiaguina vive desde hace poco más de dos años en un departamento con dos amigas. Pese a tener un grado muy alto de autonomía, tiene el apoyo de una persona que la ayuda en su día a día. Soledad convive con su discapacidad, la ha naturalizado y nunca le ha impedido hacer una vida totalmente normal.

“Estar en silla de ruedas nunca ha sido un tema, ni una barrera para no hacer las cosas que me he propuesto”, sentencia. Vivir la vida con la mayor normalidad posible –“sabiendo hasta donde llegaba mi aguante”– y derribar los prejuicios sobre las personas con capacidades diferentes, son dos de sus objetivos de vida.

Me pasa que como tengo una discapacidad me estigmatizan, como si yo fuera ‘el mesías de la discapacidad’. Y no. La vivo en lo cotidiano, pero no ha sido una bandera mía histórica”, comenta.

A pesar de eso, sus propuestas y trabajo de partido tienen una conexión directa con esta realidad: coordina la Comisión de Discapacidad de RD, una instancia que hoy está totalmente volcada en preparar propuestas para el programa de Beatriz Sánchez. Soledad considera que es imprescindible pasar del “paradigma asistencialista hacia una sociedad de derechos en igualdad de oportunidades”. Es muy crítica con el “show mediático” que rodea a la Teletón porque “fomenta la idea de que a la persona con discapacidad hay que ayudarla, no darle una oportunidad”. Sin embargo, reconoce que “el proyecto en sí no es malo”, pero que “sería ideal si tuviera un financiamiento mixto, por parte del Estado”.

Los derechos laborales y la inclusión en educación son los temas específicos que la joven priorizaría en políticas de discapacidad. Por ejemplo, que en el colegio no se enseñe a los niños y niñas con capacidades diferentes aparte del resto, sino que exista “una inclusión en el aula, con un guía o acompañante, si es que se necesita”.

Normalidad ante el Parlamento

Si Soledad sale elegida, se convertirá en un nuevo rostro político con una capacidad diferente que ejerce como diputada en el Parlamento. El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, o el diputado del partido español Podemos, Pablo Echenique, han sido quizás los más visibilizados en los últimos tiempos. Con ellos, la ciudadanía ha naturalizado que la discapacidad esté dentro de la política.

“Muchos me preguntan como es hacer campaña con la discapacidad, si me discriminan por eso, pero nunca me ha pasado”, dice la joven.

Quienes quizás no tienen esta cuestión tan asumida son las instituciones, muchas de las cuales siguen sin garantizar la accesibilidad a las personas con algún impedimento físico. Si Soledad tuviera que trabajar hoy en el Congreso, no podría entrar al edificio con facilidad porque no existe un acceso para que ella pudiera moverse con su silla de ruedas.

Eso, pese a que el año pasado entró en vigencia el decreto de Accesibilidad Universal que fija un plazo máximo de tres años para que las edificaciones antiguas se pongan al día con los nuevos estándares de accesibilidad e implementen ascensores, rampas y otras medidas para circular con libertad en sus instalaciones.

De resultar elegida, el próximo mes de marzo, Soledad Álamos debutará como diputada por RD en uno de los barrios más acomodados de Chile. Su discurso en la calle se basa -hoy- en el “prometer sólo lo que pueda cumplir”, por lo que sus compromisos estarán bajo severo escrutinio, principalmente de los destinatarios de sus propuestas que -como ella- conviven en su día a día con una capacidad diferente. Será entonces cuando se medirá la palabra de Soledad.