Durante los últimos años, hemos visto que con una presencia en ascenso del movimiento feminista y sus demandas en el movimiento estudiantil, han empezado a cuestionarse hechos en distintas esferas de la sociedad que hasta hace pocos años eran totalmente naturalizados, a pesar de la enorme violencia, “aparentemente” invisible y silenciada, que significaba para una enorme cantidad de la población, las mujeres, la disidencia sexual y otras identidades de género. Es en este contexto en que empezamos a decir basta al machismo, tanto a nivel de sociedad como en nuestros establecimientos educativos.

Basta de comentarios sexistas y homofóbicos por parte de profesores y compañeros, basta de la subvaloración de las mujeres, de discriminación por nuestra identidad de género, basta de abuso sexual, de acoso, de violencia física y psicológica, no más femicidios.

Es justamente producto de denuncias de acoso y abuso en que comienza a cobrar fuerza la demanda de educación no sexista en nuestras Universidades, las que muchas veces no sabían y aún no saben cómo responder y enfrentar estos casos. Al poco tiempo nos fuimos dando cuenta de que el sistema patriarcal había calado a un nivel muy profundo en nuestra educación, en la manera en que se educa de forma distinta a niñas y a niños, en lo que la sociedad dice esperar de ellos y cómo nos comportamos cotidianamente, en la separación por sexo de algunos colegios, de los baños que imponen una lógica binaria de género basado en aspectos biológicos, la omisión de las mujeres y personas de la disidencia sexual en las materias curriculares que se imparten o que los altos cargos en nuestras instituciones sean ocupados abrumadoramente solo por hombres. Finalmente, hemos podido instalar con fuerza la demanda de educación no sexista dentro del movimiento estudiantil, pero a diferencia de las otras propuestas que hemos generado, no hemos sido capaces de elaborar una propuesta a nivel de sistema educativo, que sea transversal a las distintas instituciones o incluso que tenga una coherencia desde la educación inicial hasta la superior. El grueso de las respuestas que hemos dado hasta ahora, pero no menos importantes, han sido en reacción a problemáticas que han estallado en nuestras instituciones y, por más que sean replicables a otros contextos, no salen del aspecto local y no superan la demanda aislada, a excepción de la constante formación y autoformación en diferentes espacios que esperamos se siga masificando y Congresos de Educación no sexista, iniciativas que debemos seguir consolidando.

Ante la tramitación de distintas reformas educacionales y con el proyecto de un nuevo sistema público de educación, es que tenemos el desafío de formular una propuesta de educación no sexista a nivel de sistema educativo y ya no sólo quedarnos en las demandas aisladas en cada institución. Tenemos que ser capaces de exigir que así como las Universidades deben cumplir ciertos requisitos para poder recibir financiamiento estatal, estar acreditadas o incluso poder existir con reconocimiento oficial del MINEDUC, existan criterios mínimos de educación no sexista con los que debe contar toda institución educativa. En este documento se presentan algunos primeros ejes y demandas, al menos a nivel de educación superior, para comenzar, que debieran estar incluidos en este nuevo desarrollo programático con el que el movimiento estudiantil tiene una deuda pendiente: un sistema nacional de educación pública no sexista.

Un primer eje que se le debiese exigir a cualquier Universidad, dice relación con el ambiente educativo, lo que englobaría las demandas de: 1) Contar con protocolos y políticas marco (contienen políticas institucionales específicas para cada tema) de género que regulen, protejan, garanticen seguridad y canalicen casos de víctimas de violencia de género, acoso o abuso sexual en el ambiente educativo; 2) Cada institución educacional debe tener una oficina encargada exclusivamente de recibir y vehiculizar estas denuncias, contando con una infraestructura proporcional al número de estudiantes y contar con profesionales capacitados que sean capaces de acompañar los procesos formales, que deben derivar a instituciones judiciales, psicológicas u otros, de forma seria y responsable; 3) Generar campañas de concientización y que incentiven la denuncia de prácticas machistas o de discriminación de género, orientación e identidad; 4) Capacitaciones regulares para docentes respecto a temas de género y sexualidad.

El segundo eje dice relación con el currículo explícito y el llamado currículo oculto. El primero hace alusión a los contenidos explícitos (textuales) de los programas educativos y, el segundo, a la reproducción de la cultura patriarcal a nivel implícito de esos programas u otras prácticas educativas. En este eje se contienen las demandas de: 1) Revisión de los perfiles de egreso, garantizando formación inclusiva de profesionales que cuenten con formación en temas de género, ya que son conocimientos necesarios para todo desarrollo social; 2) Los programas de pregrado no pueden invisibilizar a mujeres o disidencia sexual en sus contenidos, representados/as en un número mínimo de contenidos y autores/as, entre otros; 3) Integrar cursos de educación sexual y sexualidad responsable en pregrado: contemplando aspectos de afectividad, autoconocimiento, relaciones personales y prevención, no sólo fertilidad y reproducción; 4) Existencia obligatoria de lenguaje inclusivo en las asignaturas y programas.

Finalmente, hay un eje relacionado con la igualdad institucional, el que debe contemplar: 1) Terminar con la diferencia salarial; 2) Igualdad en condiciones laborales y no discriminación para mujeres y otras identidades u orientaciones; 3) Paridad y promoción en cargos directivos de las Universidades e instituciones; 4) Cuotas de ingreso por género para carreras masculinizadas o feminizadas, como ocurre actualmente en Beauchef de la Universidad de Chile con el PEG ; 5) Construcción de salas cunas en los distintos campus destinadas a estudiantes y funcionario/as que lo requieran; 6) Baños mixtos y la inclusión de mudadores en la totalidad de baños; 7) Revisión y erradicación de todo elemento que discrimine por identidad de género u otra condición en los estatutos y reglamentos internos.

Esta propuesta debe ser analizada, profundizada e incluso rearmada a nivel de las bases del movimiento social por la educación pública, así como lo han sido todas sus demandas a través del aporte de muchas generaciones a lo largo de los años. Con todo lo anterior espero retomar y enfatizar en la importancia de esta prioritaria discusión, pensando la educación no sexista como un eje estructural, del que ninguna institución que se diga parte de la educación pública puede marginar o no tomar en cuenta. La educación no sexista es indispensable en la formación personal para la transformación de nuestras relaciones sociales, el desarrollo de la vida en general y la construcción de una sociedad más igualitaria.


Senadora Universitaria de la Universidad de Chile