En los últimos días en Valdivia nos enteramos del hallazgo de restos arqueológicos dentro de las faenas de construcción del nuevo Mall “Centro Comercial Paseo Valdivia”, proyecto que detallé respecto a sus ilegalidades en una columna anterior por este mismo medio de comunicación.

El hallazgo de restos arqueológicos (de los cuales no existe mucha precisión respecto a naturaleza o dimensiones) en dicha faena no hace más que refutar nuestras tesis respecto a la inviabilidad e ilegalidad expuestas ante las autoridades pertinentes del proyecto y que actualmente se encuentran en trámite de resolución. Las solicitudes de transparencia ya fueron enviadas y pronto espero, tendremos claridad respecto a que descubrimientos arqueológicos existen en la obra.

Ahora bien, lo que me convoca esta vez es intentar exponer algunos puntos de importancia que este caso en particular ofrece a nuestra comunidad, importancia determinada tanto por los actores y los bienes comunes materiales e inmateriales involucrados, como también por el contexto normativo y la decisión social y gubernamental que involucra el espacio colectivo democrático, simbolizado en el centro urbano de una ciudad.

Hace poco en un canal valdiviano, escuchaba a un conocido gestor inmobiliario local quien actuando como vocero del grupo empresarial Pasmar S.A, clamaba enardecidamente por la realización del nuevo Mall, pese a la existencia de restos patrimoniales en la obra, aludiendo a que un par de “muros locos” que no le gustan a nadie, no pueden detener el progreso de una ciudad abandonada por la mano de la inversión, aludiendo también a los restos arqueológicos encontrados en la obra del Casino Dreams y que según este actor con tribuna en lo local e intereses inmobiliarios, no le gustan a nadie y “nadie pesca”.  ¿Es ese el concepto que queremos manejar sobre nuestro patrimonio cultural? ¿Es esa forma menospreciativa de apreciación patrimonial la que queremos inculcar en nuestros hijos?, pienso que no y considero de la mayor gravedad la frivolización de un debate que como comunidad tímidamente comenzamos a realizar. Luego el vocero aludía a la ya archi manoseada excusa del trabajo y el comercio, argumentos que resultan banales en la boca de empresas que ni siquiera tributarán utilidades en nuestra región, obviando a propósito la realidad de un comercio local que lucha por establecerse y crecer, negando fanáticamente la evidencia de realidad que nos indica que somos la región con mayor crecimiento del parque vehicular del país y sin empacho alguno buscan sobrecargar espacios que ya se encuentran colapsados vehicularmente y lo peor de todo, amparan la ilegalidad por el supuesto beneficio que un proyecto eventualmente traerá a la ciudad.

Estos pobres estándares caracterizan la defensa de este proyecto en particular y son posibles de apreciar tanto en la empresa como y lamentablemente, en nuestras autoridades.

No siendo un pesimista sino más bien un realista, creo que existen errores de apreciación y un alto grado de obcecación del empresariado inmobiliario y lamentablemente de nuestras autoridades, que nos conduce a una completa falta de guía o planificación sobre nuestras ciudades, drama apreciable en todo Chile, donde es el mercado inmobiliario el que determina el uso y abuso de los espacios públicos, evitando cueste lo que cueste, cualquier enfoque de pensamiento que identifique nuestra identidad cultural y territorial.

Definir a Valdivia como un espacio urbano con ciertas características propias para que en cierto sentido, la blinden de la colonización de grupos empresariales que no comprendan estas necesidades, es posible y así ha sucedido en varias partes del mundo, gran importancia en este proceso poseen los planos reguladores comunales que como bien es sabido nunca poseen una adecuación a la contemporaneidad que están llamados a regular, ni una adecuada participación de la ciudadanía. En el mismo orden de ideas también es apreciable la ausencia de incentivo a desarrollar una mirada sustentable de desarrollo para nuestro espacio vital tan rico en su entorno natural, patrimonial y cultural; todos estos conceptos, que si se buscan llevar a cabo, determinarían a Valdivia y a toda la región de Los Ríos como un espacio de vanguardia y de futuro, planificado desde un lenguaje progresista, moderno, ecológico y cultural, elementos todos presentes en la identidad de nuestro territorio desde su fundación.

Estas coyunturas deben determinar a los sectores de vanguardia de la política local y nacional, a proponer planes y miradas de acción en la búsqueda de soluciones públicas que nazcan de la participación ciudadana y guiados por el bien común, bien común que se encuentra amparado en la Constitución como principio fundante de nuestro ordenamiento jurídico, pero en la práctica dicho principio sucumbe ante la omnipotencia del Derecho a la Propiedad y al caos de la legislación urbanística. Cualquier solución urbana moderna y ejemplos en otros países existen al respecto, debe involucrar quizás no la propiedad en su totalidad, pero si a sus elementos. El uso y el goce enfrentados al bien común deberían ceder y ser ejes de acción que determinen a quien quiera imponer proyectos inmobiliarios de alto impacto social, a analizar estas variables comunes tales como el medio ambiente, el patrimonio cultural, la convivencia y la transversalidad social en la creación de ciudad. De igual manera aquellos que especulan con los espacios públicos amparados en la propiedad, dejando sitios eriazos o no preocupándose por las fachadas o la mantención de estos inmuebles, debiesen ser conminados mediante facultad legal de la autoridad a temporalmente solicitarles dichos espacios para la instalación de mobiliario urbano común y provisorio, mientras el dueño decide (muchas veces durante décadas) en que determinará finalmente su inmueble, situación que ya sucede de manera experimental en algunas ciudades de Chile.

El pensar reformular como ejercemos los elementos que conforman el derecho de propiedad vinculado a los espacios públicos, es una necesidad de realidad que requiere del legislar. En este contexto es que llamo a la comunidad valdiviana a mantenerse alerta respecto al proyecto de Pasmar S.A, porque involucra el patrimonio cultural de todos, porque determina la forma en que nuestra autoridad analizará los proyectos inmobiliarios a futuro y porque precisamente es el cambio que como ciudadanos debemos exigirnos primero a nosotros y luego a nuestros políticos: El empoderamiento e interés constante en nuestros espacios urbanos, espacios que simbolizan nuestros únicos puntos de encuentro democrático genuinamente igualitarios.


Abogado