La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2014) expresó su preocupación respecto a los 282 asesinatos en contra de personas trans y los 67 casos de violencia grave que se efectuaron en 15 meses (esto, comprendido entre enero de 2013 y marzo de 2014) en Latinoamérica. El 80% de las víctimas tenía menos de 35 años.

Esta violencia es fruto de los discursos de exclusión, discriminación y violencia en contra de las personas trans, expresiones que se encuentran internalizadas en nuestra cultura y son reproducidos de forma permanente.

Por tanto, resulta intolerable que en una sociedad que se dice democrática como la chilena se acepte el paso de un autobús que promueve un mensaje de rechazo, exclusión y marginación de un colectivo social, como los/as niños/as trans. En otros países, jueces paralizaron su paso por las ciudades precisamente porque puede ser considerado como delito que incita al odio y la discriminación. Que en Chile se les deje promover esta campaña, sólo puede ser explicado por el carácter conservador en los que se mueve el discurso institucional…

Consideramos que es un acto violento el hecho de de dejar en circulación por las ciudades de Santiago y Valparaíso a este bus mal llamado “de la libertad” porque reifica la vulneración, la discriminación, el odio y la violencia en contra de un grupo de personas que históricamente ha sido invisibilizado y discriminado.

Este autobús promueve una ideología esencialista respecto al género y al sexo, estableciendo una correspondencia “natural” entre el sexo asignado al nacer (hombre o mujer) con el género (masculino o femenino), estableciendo formas binarias y estereotipadas que reproducen roles sexistas. Por ende, tira por tierra décadas de estudios de género y luchas feministas, las cuales han llamado a la reflexión respecto al proceso de construcción del género y que combatieron por los derechos de las mujeres, contribuyendo a todos los ámbitos del conocimiento y de las políticas públicas.

Así, actualmente se problematiza la violencia machista por ser parte de esta construcción de género que subordina todo lo diferente de la hegemonía patriarcal masculina, donde las mujeres heterosexuales, los grupos de personas LGTBI, y en particular las mujeres, niñas, niños y adolescentes trans, son quienes más enfrentan estos discursos de violencia.

Sin duda, este bus es más que un eslogan llamativo y supera el derecho de libre expresión. Su mensaje humilla y pone el foco en un colectivo generalmente vulnerado e incomprendido, violentado en la cotidianidad. Los índices de depresión y suicidios sólo muestran el lado más oscuro de las dificultades que día a día tienen para poder moverse socialmente. Además se centra en la infancia trans, un sector social que está más expuesto al rechazo cotidiano y al buyilling transfóbico en las escuelas. La visión que está detrás sí responde a una ideología perversa: la que históricamente ha incitado a marginar a mujeres, a personas homosexuales, lesbianas, bisexuales, intersex… su mensaje ahora está abocado a patologizar y marginar a un colectivo concreto: niños/as trans.

La ausencia de un reconocimiento legal de los derechos humanos de las personas trans, y en especial de niñas, niños y adolescentes, refuerza la marginación y los mecanismos sistemáticos de exclusión e invisibilización. Por lo que, al respecto, existen algunas iniciativas, aunque incipientes aún. Por tanto, la aceptación de este bus va en contra de las posturas que el país ha expuestos a nivel internacional.

Por ejemplo, el Estado de Chile ha firmado la Convención Interamericana contra todas las formas de discriminación e intolerancia, la que señala de forma explícita que la identidad y expresión de género no pueden emplearse como formas de discriminación bajo ninguna circunstancia (OutRight Action International, 2016), además, ha promovido iniciativas como la guía de la Superintendencia de Educación: “Derechos de niñas, niños y adolescentes trans” (Ramírez, 2017) y la desde el Ministerio de Salud: la “Circular 21”, que insta a emplear el nombre social de las personas trans (Ministerio de Salud, 2012). Por ende, permitir la circulación del “bús de la libertad” transgrede estas iniciativas y va en contra de las propuestas internacionales para erradicar la violencia en contra de las personas trans.

Por todo lo anterior, este autobús no debe circular por territorio nacional ni por ninguna ciudad del mundo, permitirlo es fomentar la violencia y la discriminación basada en una ideología de odio y la discriminación.

Firman:

Núcleo de Estudios Críticos de la Diversidad
Rodolfo Morrison (académico Universidad de Chile)
Caterine Galaz Valderrama (académica Universidad de Chile)
Lelya Troncoso (profesora Universidad de Chile)
Pamela Gutiérrez (académica Universidad de Chile)
Rolando Poblete (académico Universidad Central)
Sylvia Contreras (académica Universidad de Santiago de Chile)
Catalina Alvarez (psicóloga Universidad de Chile)
Luciana Hedrera (psicóloga Universidad de Chile)
Pastor Cea (académico Universidad de Aysén)

Referencias:

Comisión Interamericana de Derechos Humanos. (2014). En el Día Internacional de la Memoria Trans, la CIDH expresa su preocupación por la situación de las Personas Trans en América [Press release]. Retrieved from http://www.oas.org/es/cidh/prensa/comunicados/2014/138.asp

Ministerio de Salud. (2012). Circular 21. Reitera instrucción sobre la atención de personas trans en la red asistencial. Ministerio de Salud de Chile, Subsecretaria de Salud Pública. Retrieved from http://www.indh.cl/wp-content/uploads/2012/08/Circular-21.pdf

OutRight Action International. (2016). Cartografía de los derechos trans en Chile [Cartography of trans rights in Chile]. Retrieved from OutRight Action International: http://OutRightInternational.org/

Ramírez, A. (2017). Derechos de niñas, niños y estudiantes trans en el ámbito de la educación. Superintendencia de Educación, República de Chile, Santiago de Chile.