Pensábamos que estábamos ante un momento histórico. Nunca antes un proyecto sobre aborto había pasado su segunda tramitación en el Congreso y estaba ad portas de ser ley. Aunque tampoco podíamos celebrar, el proyecto que pasó por la cocina de la Cámara y el Senado fue cercenado por la derecha y el ala más conservadora de la Nueva Mayoría.

El proyecto que ingresó la presidenta Bachelet sobre aborto en tres causales, ya era un proyecto básico, que no consideraba el derecho de las mujeres a decidir sobre nuestros cuerpos, pero al menos abría una ventana para ello. Estábamos expectantes, porque fue asumido como un compromiso de la Presidenta y porque las organizaciones internacionales tenían, y tienen, los ojos puestos en este país, donde las mujeres y niñas somos consideradas como ciudadanas de segunda clase o incluso menos. Porque en este país se nos tortura, cuando nos obligan a seguir con un embarazo poniendo en riesgo nuestras vidas, a seguir con un embarazo producto de una violación, cuando nos obligan a ser madres y no es nuestra decisión.

No obstante, el proyecto que pasó por las manos negras de las y los parlamentarios conservadores de este país, las manos de las y los mismos que no tienen escrúpulos en legislar en favor de las grandes empresas. Que ni se arrugan cuando tienen sus intereses en el negocio del agua, de la educación, de las viviendas sociales, incluso del Sename, porque sí, también lucran con el sufrimiento de niñas y niños.

Ellas y ellos mismos transformaron tanto el proyecto, que en un principio se pensaba llegaría solo al 3% de las mujeres que se practican abortos, y que luego de aprobar la objeción de conciencia a todo el equipo médico, de bajar las semanas de gestación, de impedir la propaganda en hospitales públicos, de no resguardar la confidencialidad que debe tener el equipo médico, ya ni siquiera se llegará a esa cifra.

¿Sabrán nuestras y nuestros honorables que hay lugares en Chile donde solo existe un equipo médico, y que si alguien se opone, ninguna mujer de esa localidad podría abortar, aunque cumpla alguna de estas causales básicas? ¿Sabrán cuánto se demora una niña violada, por lo general por un familiar o cercano, en reconocer que está embarazada y atreverse a contarlo? No tienen idea o no les interesa, porque si le pasa a alguna de sus hijas pueden llevarla a una clínica o viajar a algún país donde el aborto sea legal, porque en este país si tienes plata puedes abortar de manera segura, esa es nuestra terrible realidad.

Pero eso no es todo, la brutalidad continúa: Hoy la Democracia Cristiana, con la abstención del diputado Marcelo Chávez, le dio la espalda una vez más a las mujeres y niñas de este país. Con su abstención obliga a que el proyecto pase a Comisión Mixta, lo que retrasa su entrada al Tribunal Constitucional, asegurando que cuando entre a esa institución anclada desde la dictadura, estén los votos asegurados para vetar el proyecto. Así las cosas, hoy el proyecto de aborto en tres causales está a punto de caerse.

Sí, esta es la clase política que tenemos. Estos parlamentarios, con poder económico, en su mayoría hombres, que creen que su moral es superior a la nuestra, que creen que inventaremos que fuimos violadas para abortar, que hablan de “padre” cuando se refieren al violador. Sí, esa misma moral que llevó a 14 senadores a votar en contra de la primera causal, riesgo de vida de la mujer, porque nos prefieren muertas a que tengamos la posibilidad de abortar. A ellas y ellos les decimos que esta clase política es una vergüenza, que este Congreso anacrónico no nos representa, que estos personajes legislando y decidiendo sobre nuestras vidas no dan para más.

Esto demuestra el desafío que tenemos, ya no solo se trata de la Nueva Mayoría o la derecha, el desafío de Chile, es entre quienes siguen creyendo que existen ciudadanos de primera y segunda clase, que las mujeres siguen siendo propiedad de los poderosos. El desafío es entre quienes siguen escondiendo el machismo y el conservadurismo en discursos valóricos y quienes creemos en la igualdad de derechos. El proyecto del futuro no solo debe ser sobre la sociedad de derechos, debe ser más que nunca un proyecto popular y feminista. Ahora, que Goic y Guillier respondan por su colación, y que la derecha se siga escondiendo en el púlpito de los poderosos. Mientras nosotras y nosotros asumimos más firme que nunca que el desafío del Frente Amplio es luchar por una sociedad feminista.


Coordinadora Frente Género Poder Ciudadano. Miembro Frente de Género comando  Beatriz Sánchez