Siempre fui un enamorado de Cuba, de su gente, de su Revolución. Todo comenzó con un libro del Che que leí a los 15 años, escrito por Pacho O’Donell. Luego fue otro libro y otro más. Me deslumbró saber lo despojado que pueden ser algunos hombres como para dedicar su vida entera a luchar una causa, por una causa noble y justa, por los que menos tienen.


Así fui conociendo de aquella epopeya, de la magnitud de tal acontecimiento histórico, del tamaño de aquellos hombres. Así como David y Goliat, en lucha desigual se enfrentaron un ejercito de idealistas, valientes, mal vestidos, mal comidos y mal armados hombres contra un super-ejercito tiránico, entrenado y abastecido con tanques, aviones y bombas napalm por la potencia dominante en occidente . Fueron 300 hombres contra un ejercito de 10.000 soldados. Fue una causa noble contra una dictadura brutal, corrupta y despiadada. Y la victoria en manos rebeldes, un hito que marcó la historia de todas las Revoluciones, de todos los sueños, de la gente humilde que puebla a raudales los caminitos de tierra de la gran América Latina.


La epopeya se inició en Santiago de Cuba un 26 de Julio de ‘53 con la derrota en el Cuartel Moncada y se consolidó con la victoria en el ’61 en Bahía de Cochinos. Sin Moncada no hubiera habido ni Sierra Maestra, ni Girón.

Un hombre, fue quien decidió cambiar el rumbo de la historia. Un hombre, fue quien decidió un camino irreversible un 26 de Julio. Un hombre, fue quien abrió a machetazos limpios los manglares al desembarcar el Granma en playa las coloradas. Un hombre, fue quien luego del desastre, en los cañaverales de Alegría del Pío, junto a 12 sobrevivientes y con 7 fusiles dijo “Ahora sí ganamos la guerra”. Un hombre, fue el que se transformó en su pueblo y que luchó como si fueran miles, como si todos fueran uno. Ese hombre en toda su individualidad, su soledad y vulnerabilidad. Y también en toda su enormidad, su fortaleza y su energía. Ese hombre fue Fidel y su gente es el pueblo cubano.

Por eso en este 26 de Julio, primer 26 sin Fidel, mi homenaje a él y a todo un pueblo que hasta el día de hoy sigue sufriendo las consecuencias de haber elegido el camino distinto al mandato de la potencia de turno. El camino de la soberanía, de la independencia, de lo propio. Un camino distinto que le devuelve al ser humano su valor natural, que es su humanidad y le quita de la espalda el código de barra con el que vivimos en éstos confines del mundo.

Por eso un Hasta Siempre Comandante y Hasta la victoria siempre.