Es mediodía en Santiago y en el corazón del Paseo Ahumada se despliega más de una docena de zapatos de mujeres junto a imágenes en blanco y negro, donde se detallan sus nombres, cuándo y cómo fueron asesinadas. Durante varios metros del céntrico recorrido capitalino, las vidas interrumpidas de niñas, adolescentes y mujeres de todas las edades denuncian y visibilizan la expresión más radical del machismo en la sociedad.

A un costado de las fotos en el suelo, mientras algunas personas avanzan mirando los nombres de reojo y otros cuantos se detienen a observar, una mujer levanta el megáfono y recuerda:

-Estamos defendiendo a las mujeres de nuestro pueblo, principalmente de las manos de quienes prometieron amarlas. Casi todas las mujeres fueron asesinadas por sus ex amores, eso es un machismo brutal.

No es la primera vez que La Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres realiza dicha intervención en la vía pública. Este jueves, la organización feminista celebró 11 años desde el lanzamiento de su emblemática campaña “Cuidado, el machismo mata”, que ha sido pionera en visibilizar en el país las múltiples caras de la violencia patriarcal: en el hogar, en el colegio, en el trabajo, en el espacio público, en la intimidad y otros espacios a lo largo de sus vidas. Todas, con diversas consecuencias y niveles de impacto.

Una serie de organizaciones de mujeres intervienen también el lugar y acompañan la convocatoria. Una de ellas es el Colectivo ReSueltas Feministas Populares, cuyas activistas ofrecen mensajes de sororidad a quienes se acercan y las invitan a escribir lo que quieran. La organización surgió a principios del ’94, pero sus raíces comenzaron a expandirse previamente, en la lucha de las mujeres pobladoras y feministas contra la dictadura.

Teresa Cerda, una de sus integrantes, corta papelitos sororales con calma y explica que “es importante visibilizar para que no seamos mas maltratadas, así como apoyarnos entre mujeres para que seamos libres alguna vez. Yo fui maltratada y durante mucho, por eso estoy aquí”.

Desde el comienzo de la campaña, más de 500 mujeres han sido víctimas de femicidio. Solo durante el transcurso del año 2017, 39 han perdido la vida en manos de un femicida.

/Vanessa Vargas Rojas

Violencias normalizadas

Durante la intervención, algunos hombres pasan y hacen comentarios despectivos. Uno de ellos, de terno, alto y cabello claro, despierta una polémica en el mismo lugar de la convocatoria al preguntar por qué no consideran a todos los hombres muertos también en la lista. El hombre despotrica contra las feministas asegurando que “sólo les interesa la supremacía de la mujer” por sobre ellos y una serie de reacciones comienzan a provocarse a su alrededor:

-¿Este olvidó que lo parió una mujer?

La pregunta proviene de una de las jóvenes que observa el memorial. Al mismo tiempo, un señor de edad avanzada pasa a su lado y comenta: “No pierdan su tiempo con él, no entiende nada”. Varias mujeres intentan explicarle el carácter estructural de la violencia machista y cómo sus vidas peligran por el hecho de ser mujeres. Pero él se niega a escuchar, alzando la voz, y al cabo de 10 minutos sigue profundizando en los mismos argumentos: mujeres que chantajean con la pensión, hombres que mueren en manos de mujeres violentas, mujeres que mienten y un largo etcétera.

“Siga peleando no más”, dice una de las señoras presentes a una mujer que abandona agotada la discusión. “No quiero perder más tiempo”, responde ella y la mujer ríe junto a su amiga: “Tiene razón, no es necesario”. La joven asiente, les devuelve una sonrisa y se despide con un mensaje:

-Hay que seguir luchando, no queda de otra.

A un costado de la polémica, Naihomi Gálvez, vocera de la Coordinadora por los Derechos del Nacimiento, expone la realidad de la violencia obstétrica, un abuso naturalizado para las mujeres en manos del personal médico durante el embarazo, el parto y el postparto.

“La violencia de género es como un iceberg, donde en la punta está el femicidio que evidencia este memorial, pero debajo de eso hay mucho que no vemos, como la violencia obstétrica”, explica.

En Chile no existe como figura penal ni tampoco hay cifras e información que den cuenta en profundidad acerca de esto, menos procesos reparatorios para las víctimas. Sin embargo, algunos datos posicionan al país como el segundo de la OCDE con mayor cantidad de partos con cesáreas. Una realidad que se hace sentir con más fuerza en algunas regiones:

-En la región del Bio Bio llegamos al 90% en el sector privado, es decir que 9 de cada 10 niños nacen por cesáreas.

Las maniobras de violencia son diversas y cotidianas: desde raspaje de útero sin anestesia, maniobra Kristeller -que implica que una persona se suba encima del útero de una mujer para presionar la salida del feto, conllevando diversos riesgos como- y episiotomía, entre otras. “Es un corte transversal que se hace en la vagina, tiene por objetivo que el bebé salga más fácilmente, se recomienda entre el 10 y 15% en la OMS y en Chile se hace en el 90% de los casos. Nosotras planteamos que es una mutilación genital femenina que se hace de manera rutinaria”, explica.

Además de esas expresiones en el procedimiento médico, también está la violencia psicológica: la infantilización de las futuras madres bajo los apodos típicos “mamita” o “gordita”, la falta de respuestas sobre el proceso y su estado de salud, la negación de acompañamiento y la negación de su poder de decidir.

Un cambio cultural que es posible

Pese a las cifras desoladoras, los 11 años de campaña de la Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres no han sido en vano. Así lo reconocen también las integrantes de la Agrupación de Mujeres Emprendedoras y Jefas de Hogar de Quinta Normal, quienes llegaron a apoyar el lanzamiento después de una década de organización en la comuna.

Paola Flores y Colomba Rojas sostienen que se han potenciado entre sí al aprender a levantarse económicamente de forma autónoma, lo que les ha otorgado una nueva percepción de las cosas. Están convencidas de que la única forma de enfrentar la violencia de género es erradicando el patriarcado y son optimistas sobre las nuevas generaciones de mujeres. Al respecto, Colomba comparte una anécdota:

-La otra vez a mi hija le dieron ‘oye, ojalá te dure el pololeo, porque vas a ser esposa de un doctor’. Y ella dijo: ‘no, lo que yo quiero es ser doctora’. Antes era importante la profesión que tenía un hombre, ahora es importante que tú tengas tu propio oficio o profesión. Al valerte por ti misma ya estás frenando la violencia.

Una hilera de portadas de diarios complementa la propuesta de la Red en el Paseo Ahumada. “El amor y los celos la mataron” reza un titular de La Cuarta, mientras otro pregunta “¿Qué deportista olímpica despierta más pasiones?” , que cotidianamente violenta también a las mujeres con un tratamiento lejano a lo que recomiendan a nivel internacional las organizaciones expertas en el tema, dada la responsabilidad ética de los medios en la sociedad.

“Como OCAC ya es tercera o cuarta vez que adherimos al lanzamiento de la campaña. Consideramos que sumarnos a esta iniciativa es muy importante, la Red es una de las organizaciones feministas con mayor trayectoria en Chile y una de las pioneras en visibilizar el tema de la violencia contra las mujeres”, sostiene María Francisca Valenzuela, presidenta del Observatorio Contra el Acoso Callejero.

Francisca agrega que están visibilizando desde su vereda la violencia contra las mujeres en el espacio público, que incluso se convirtió en una Ley de Respeto Callejero que aún descansa en el Congreso. A un lado, la periodista de la Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres, Rocío Venegas, encabeza el emplazamiento público de la organización recordando que “para explicar que vivimos en una cultura que nos violenta, solo basta con mirar las cifras”.

Algunos caminan asintiendo alrededor:

-La violencia es transversal y estructural, está en la esfera pública y privada, afecta a mujeres de todas edades, clases sociales y etnias. Es decir, afecta a todas las mujeres y mantiene un orden social injusto. Se trata de un continuo de violencia arraigado en la cultura.

Rocío recuerda que, tal como alguna vez dijeron las compañeras feministas que lucharon contra la dictadura “somos más, somos cada vez somos más. Y con esa convicción, buscamos lograr que todas y cada una de las mujeres sean capaces de identificar la violencia, repudiarla y denunciarla”.

En adelante, el cambio cultural seguirá siendo una tarea difícil, pero no una utopía, aclara junto a sus compañeras:

-Tenemos la convicción de que una vida libre de violencia sí es posible. No estamos solas, somos miles las que estamos alerta una y otra vez, todas las veces que sea necesario. Por eso seguiremos diciendo: cuidado, el machismo mata.