El cuestionado presidente de Brasil Michel Temer se salvó. Ayer miércoles, el Congreso archivó la denuncia por corrupción pasiva que había emitido la Procuraduría General de la República contra el mandatario, evitando así su destitución para que sea investigado por el Tribunal Supremo.

Fueron 263 los votos  que evitaron que Temer sea investigado por el presunto pago de coimas a un empresario brasileño. La oposición necesitaba 342 votos (2/3 de la Cámara), pero solo obtuvo 227.

Los parlamentarios a favor de la destitución llegaron a la Sala con pancartas que decían “Fora Temer”, lanzando billetes falsos al aire.

La situación recordó el impeachment contra Dilma Rousseff, aunque ahora los parlamentarios se ahorraron el ridículo de votar en nombre de “Dios y lafamilia”. El centro de los argumentos era “no parar el país” y, para los líderes del PMDB, “sacar adelante la agenda de reformas”.

“Es la hora de atravesar juntos el puente que nos conducirá al gran futuro que Brasil se merece”, aseguró Temer, tras la votación en la Cámara baja.

El mandatario podría ser juzgado en 2018, cuando termine su mandato. De todas formas, anunció que seguirá “adelante con las acciones necesarias para concluir el trabajo que este Gobierno comenzó”.