Este año 2017 estamos en una fecha significativa: se cumplen 100 años de la Revolución Rusa, aquella gesta heroica que cambió el futuro de las rebeliones al hacer un corte profundo de la distribución jerárquica de la realidad. Un claqueteo político que puso en jaque la cotidianeidad donde siempre existen unos ricos y poderosos marcando la vida de cientos y miles que despojados de los medios de producción, tenemos que seguir con vidas prefabricadas, consumidas en el individualismo, la acumulación, la competencia, la reproducción y el aburrimiento de la vida heterosexual que domina la mayoría de los espacios que habitamos.  Es así, que a estos 100 años de la Revolución Rusa, se estrena “El Acorazado Potemkin” obra escrita y dirigida por el actor y dramaturgo Tomás Henríquez Murgas, integrante de la compañía TeatroSUR.

Este montaje, en el que ingresamos como si estuviéramos leyendo un ensayo escrito en capítulos, nos presenta las cavilaciones de una puesta en escena que impone pausas, establece paréntesis, construye pies de páginas e inserta aclaraciones de una ficción que marcó para siempre la historia del cine. “El Acorazado Potemkin” fue una película del cine mudo filmada por el cineasta Ruso Sergei Eisenstein el año 1925, a solo 20 años de la Revolución Rusa, como una manera de hacer un homenaje a esta rebelión popular. Así, en esta versión teatral del “El Acorazado Potemkin” se expone tanto el proceso ficcional de cómo se realizó la producción de la película, a la vez que nos presenta a unos marineros que naufragaron en el acorazado meses antes de la insurrección contra los oficiales de la armada zarista.

Con un muy cuidado diseño teatral, una economía de los colores, una gran pantalla y una banda sonora atrapante y enigmática, la compañía Teatro SUR nos sorprende nuevamente con un montaje muy bien actuado. Ahí está Guilherme Sepúlveda, uno de los mejores y más prolíficos actores de la actual escena teatral, que con su maravillosa capacidad plástica para la interpretación, nos sorprende en cada nueva función de esta compañía y de muchas otras más, con una performance vigorosa, dramática.

Intercalando la ficción de la producción de una película que se basó en un hecho histórico real, esta obra sabe de la importancia de exponer las metodologías utilizadas en las producciones militantes. Porque la Revolución Rusa no sólo nos dejó la épica de una historia política sino también la construcción de un imaginario estético. El cine que “El Acorazado Potemkin” propone y  que esta obra releva es uno donde el pueblo en tanto colectividad y vecindario se toma las pantallas. Es siempre necesario seguir insistiendo en la idea que las verdaderas rebeliones son colectivas.

Foto: Enríque Farías

La actriz Claudia Cabezas, quien interpreta a la madre asesinada por las balas zaristas y que sostiene el mítico coche cayendo por las escaleras de Odessa, en un momento de la obra se acerca a Eisenstein para sostener un sincero y franco diálogo sobre la necesidad de la incorporaciones de no actores en el relato, de qué significará su aparición en esta película. Cuestiona hasta qué punto la presencia del pueblo en las producciones artísticas tiene consecuencias reales en la vida del ciudadano común. Es importante recordar que este es un film que evitó la presencia del actor en la pantalla y en cambio, promovió la presencia de las multitudes no profesionales en oposición a los protagónicos y las estrellas, que en los mismos años, confirmaba la formación de un “star system” hollywodense. Este es un gesto absolutamente político y radical para la cinematografía del cine militante, que demarcará una forma de producción para otros movimientos como el “neorrealismo italiano” o actualmente para el “cine de la transficción” de la cineasta chilena Camila José Donoso (Naomi Campbel, 2013, Casa Roshell, 2016). De otra manera, pero en la misma dimensión emancipadora, “El Acorazado Potemkin”, el montaje, a la vez que es una necesaria discusión sobre la película de Eisenstein, es también una pregunta por la actuación y la representación, sobre la repetición, sobre la práctica corporal de la interpretación. Entiende la actuación ya no como un mecanismo que solo permite hacer coherente una ficción, sino que nos presenta al actor y a la actriz, antes que todo, como un trabajador de la cultura en cuya interpretación reconocemos los vicios de una realidad alienada y adormecida. Una manera de alertarnos de la dominación del mundo. Es muy importante también recordar el papel político que tienen los actores y las actrices que comprometen su trabajo al teatro como molde actuado de la realidad. No olvidemos que fue en la lectura de la representación del género, mirado en las actuaciones que hacían los travestis en los bares, que surgió una de las más importantes discusiones sobre la multiplicidad de los cuerpos sexuados y nuestras actuales ideas de la performance del género, el sexo  y el deseo.

Foto: Enríque Farías

Fui educado en una cierta severidad disciplinaria con el teatro, con ver teatro, con comentarlo, con difundirlo, con escribir sobre el, con volverlo una experiencia constante. Con la idea que el teatro es una práctica que como una brújula nos orienta. O como un espejo que a la vez que nos refleja, también puede deformar esa imagen que vemos. Son esta brújula y este espejo que deforma, los que sin duda están en “El Acorazado Potemkin” de TeatroSUR, un homenaje y también una crítica visitada desde el teatro, a 100 años de esa Revolución Rusa que no deja de inspirarnos y cuestionarnos.

Fotografías Enríque Farías

Ficha técnica:

El Acorazado Potemkin

Teatro SIDARTE. Sala 1

Ernesto Pinto Lagarrigue 131. Recoleta. Barrio Bellavista.

Hasta el 12 de Agosto. Jueves, viernes y sábado a las 20.30 hrs.

Valor Entrada General: $6.000/ Estudiantes: $ 4.000/ Jueves populares $ 3.000

Texto y dirección: Tomás Henriquez/ Elenco: Claudia Cabezas, Ernesto Orellana, Guilherme Sepúlveda, Franco Toledo, Carlos Donoso, Andrew Bargsted/ Asistencia de dirección: Claudia Cabezas/ Diseño integral: Eduardo Cerón y Gabriela Torrejón/ Diseño de vestuario: Elizabeth Pérez/ Gráfica y visuales: Eduardo Cerón/ Composición Musical: Marcelo Martínez/ Registro audiovisual: Enríque Farías/ Difusión y Prensa: Ma. Jesús González.


Biólogo, Doctor en Bioquímica. Colectivo Universitario de Disidencia Sexual (CUDS)