Un alumno de enseñanza media del Lycée Antoine de Saint-Exupéry –el colegio Alianza Francesa de Vitacura– se suicidó después de haber sido sancionado por el establecimiento por consumo de marihuana.

Según consigna El Mostrador, el escolar se quitó la vida el jueves 31 de agosto, y dos días antes –aunque una de las fuentes del colegio discrepa y señala que fueron veinte días– había sido sorprendido con 70 gramos de marihuana en un baño del colegio. Las autoridades denunciaron al joven a Carabineros, que llegó a buscarlo al establecimiento y lo llevó a una comisaría. Luego, el Consejo de Disciplina del colegio, que está formado por autoridades, apoderados y estudiantes, decidió sancionarlo con una suspensión de 9 días.

La Corporación Educacional Alianza Francesa de Santiago no quiso referirse a los hechos que involucraron la denuncia en contra de Gonzalo, pero a través de un comunicado señalaron que están profundamente conmovidos con su muerte. “No queremos que a raíz de su partida se generen rumores infundados, ni tampoco que se expongan aspectos privados por respeto al inmenso dolor que compartimos con su familia y amigos”, pidieron.

Además, agregaron que “como comunidad sentimos la enorme pérdida por su partida, hubiéramos querido poder anticiparnos a la situación límite a la que llegó. Acompañamos y contuvimos con las herramientas que teníamos a mano y su partida nos ha dejado devastados”.

Por otra parte, la Superintendencia de Educación anunció que iniciará una investigación de oficio para recabar los antecedentes que permitan determinar la actuación del colegio en el caso.

Cómo se aborda la temática de drogas en los colegios

El medio agrega que, si bien no se puede establecer una relación de causalidad directa entre el castigo y la decisión del joven, el caso “instaló en la comunidad educativa un debate sobre cómo se aborda el consumo o tenencia de drogas al interior de los colegios porque sí existe un contexto”.

Semanas antes, en el establecimiento se había estado abordando la tenencia de drogas y la aplicación de la Ley 20.000 –conocida como la Ley de Drogas– junto a Carabineros, la PDI y la comunidad educativa.

“El colegio no es y nunca debe ser una máquina de rendimiento o una institución total, por lo tanto, su rol nunca debe ser policial o carcelario”, señaló Jaime Retamal, doctor en Educación de la Usach, quien sobre la decisión de algunos colegios de llamar a la policía ante casos de drogas, señaló que “si no se obra con sutileza, se puede incluso poner en riesgo al mismo estudiante. El tacto pedagógico obliga primero a comprender y después a actuar”.

En la misma línea, Ximena Bugeño, jefa de la División de Promoción y Resguardo de Derechos de la Superintendencia de Educación plantea que es necesario distinguir entre el consumo y la venta de marihuana y/o estupefacientes por parte de un estudiante, –ya que la última es un delito–, pero que “ambos casos deben ser tratados con especial preocupación por parte de los adultos del establecimiento educacional, resguardando siempre el interés superior del niño o niña” y “buscar las medidas de apoyo pedagógico y psicosocial que el estudiante requiere”.