Cuando murió Bonvallet, varios pensaron que quedaba un vacío. Un vacío crítico me refiero, alguien que fuera capaz de descomponer un equipo y hacer un análisis uno a uno de los jugadores. Se puede decir mucho de Bonvallet, pero nadie podría señalar que no amaba a la selección. De él viene el dicho: látigo, látigo, azúcar. Que resume en pocas palabras lo que el futbolista chileno necesita para la alta competencia. La estructura de personalidad generalizada del jugador es la indisciplina. El creerse demasiado el cuento, en definitiva relajarse, sentirse que cuando viene a Juan Pinto Durán son unas mini vacaciones. Cuando toma la selección Bielsa en el 2007, recién supimos de las capacidades tácticas del jugador de fútbol chileno.

A noche me tocó ver el partido sólo, como siempre, en la otra línea del teléfono estaba mi mujer que es argentina. Desde que tomó la selección argentina Sampaoli, le aseguré a mi novia que serían campeones del mundo, es cosa de tiempo le dije. Y ayer al ver los tres goles de Messi, pensé: se destapó el mejor del mundo. Sampaoli, seguro le habló, lo tocó, como sólo Sampaoli lo sabe hacer.

Por otro lado, a nosotros nos estaban dando un baile en el Allianz Parque de Sao Paulo, recordé los tiempos de don Lucho Santibáñez, en realidad, Santibáñez hubiese sido mucho más defensivo y habría defendido el empate a como de lugar.

La verdad que todo venía mal, desde que quedó fuera de la nómina Marcelo Díaz. Después una seguidilla de lesiones: Aránguiz, Gato Silva, hasta Pinilla estaba lesionado, más la doble amarilla de Vidal, que le impedía jugar en la última jornada, todo hacía prever que Chile tendría graves problemas en Brasil.

Pizzi falló en una serie de cuestiones y todos coinciden que la clasificatoria se perdió con Paraguay y Bolivia. Lo más extraño que Pizzi no tenía plan B, tampoco tenía arenga. Se sumió en un mar de contradicciones que lo dejaron atado de pies y manos. Nunca realmente fue capaz de presentar una selección chilena que tuviera incrustaciones de recambio y cuando lo hizo y le dio algún resultado (Valencia), no insistió, no le dio confianza a los que estaban en el banco.

Ahora, tras esta eliminación del Mundial de Rusia 2018, el futuro se ve oscuro e incierto. No vemos que desde las inferiores venga algún contingente de recambio. Hace años que no clasificamos en los puestos de avanzada de la Copa Libertadores y la Sudamericana. Tengo la sensación, que después de estos jugadores que nos han dado tantas alegrías, bien poco podría rescatarse para hacer una mixtura virtuosa hacia el futuro.

A Pizzi le faltaron muchas cosas, pero principalmente le faltó: látigo, látigo, azúcar.

Lo más lamentable es que esta generación de futbolistas se merecía coronar su carrera con un último Mundial y eso no ha ocurrido. Mi lado optimista me dice que después de Zamorano y Salas surgió esta selección que nos dio dos Copas América. Es de esperar entonces, aunque no se ve por dónde, que después de Bravo, Medel, Vidal y Sánchez, vengan otros, que estén a la altura de los anteriores.

De momento hay que pensar en un nuevo entrenador y sería lindo que de una vez por todas fuera chileno. Uno que haya estado en las grandes ligas del mundo y que tenga el respeto del camarín. Existe un solo nombre con esas características, resistido por muchos, sobretodo por los de la U, pero disculpen muchachos azules. Manuel Pellegrini es el único que tiene el derecho y el deber de abrir la puerta de la ilusión. Un entrenador chileno para la selección chilena. Y que Dios y don Fernando Riera nos acompañe.


Poeta y guionista