El pasado martes 24 de octubre, día en que Corporación Humanas y otras 16 organizaciones de mujeres –en alianza con El Desconcierto– organizaron un debate centrado en la Agenda de Género (#Debate Mujeres), sucedió un hecho político que no debe pasar desapercibido. ¿Qué sucedió? Varias cosas merecen señalarse a este respecto. Veamos.

Algo que parece no sorprender a nadie es la ausencia de la derecha en el debate. Parece no sorprender pues cualquier ciudadano medianamente informado sabe que Kast y Piñera representan un conservadurismo religioso que no visualiza a la mujer como una persona con igual dignidad y derechos que un hombre. Es cosa de leer la delirante entrevista que el pasado fin de semana dio María Pía Adriasola a El Mercurio–esposa del candidato José Antonio Kast– o recordar el chiste en el que Piñera hizo una alegoría al acoso y violencia sexual hacia las mujeres (“todas las mujeres se tiran al suelo y se hacen las muertas, y todos nosotros nos tiramos encima y nos hacemos los vivos”). El caso es que si nuestra ultraderecha chilensis –digo ultra porque la derecha liberal en Chile brilla por su ausencia– ningunea sin ningún pudor las demandas del mundo feminista, es porque piensan que este asunto no genera ningún impacto electoral relevante. ¿Tienen razón? Lo veremos en pocas semanas más. Yo al menos creo que se equivocan.

Se equivocan tanto como otros candidatos que, a pesar de haber confirmado su asistencia al evento, a minutos del comienzo de la actividad comunicaron su ausencia. Fue el caso de Carolina Goic. La misma candidata que ha explotado en su campaña la bandera de la ética, no tuvo problemas en incumplir un compromiso. Una actitud que no cuadra con el discurso, pues una promesa (la palabra empeñada) implica un compromiso; denota un respeto por el otro. Impone, en definitiva, una obligación moral a la persona que promete. Una obligación que Goic no cumplió.

Y el mismo incumplimiento tuvo como protagonista a Alejandro Guillier, aunque quizá acá fue posible visualizar un desaire aún mayor que el de Goic, pues el candidato de la Nueva Mayoría ni siquiera se molestó en explicar en detalle los motivos de su ausencia. En efecto, en un escueto comunicado informó que no podría asistir al evento “por razones de agenda”, aunque en el mismo acto remitió –me imagino que como una forma de redimir su falta– un listado de propuestas de campaña dirigidas a mejorar el bienestar de las mujeres. ¡Cómo si el papel pudiera reemplazar la clara señal que conlleva su ausencia y su frío comunicado! ¿Cuál señal? Simple: Falta de compromiso con las mujeres y, por qué no decirlo, falta de respeto hacia nosotras. Piense lo siguiente: ¿se imagina a Guillier ausentándose del magnánimo evento organizado por el empresariado conocido como Enade? O siguiendo con la reflexión, plantéese: ¿Por qué en relación con Enade 2017 el debate público gira es torno a qué candidatos no fueron invitados, mientras que en un debate organizado con mucho esfuerzo por organizaciones feministas de la sociedad civil, el tema es qué candidatos confirmados deciden restarse a última hora?

Así las cosas, merece destacarse la participación de Beatriz Sánchez y Marco Enríquez-Ominami, no solo porque cumplieron con su palabra –algo que solo se destaca en atención al contexto explicado– sino porque ambos han incorporado en sus respectivas campañas, la agenda de género como un eje central.

Mi candidato en esta elección es Marco. Lo apoyo como independiente, pues con él no me unen solo promesas, sino que también vivencias. Fue él el único parlamentario que me apoyó –no solo con las cámaras de TV encendidas, sino siempre– cuando en el año 2008 decidí exigir al Estado la despenalización del aborto. Caminamos en esos entonces solos por los pasillos del Congreso Nacional, bajo la mirada inquisidora de todo el resto de parlamentarios de la otrora Concertación; y también, bajo la mirada acusadora de nuestra ultraderecha. Esa misma que Vargas Llosa casi diez años después tildó de cavernaria. Era que no.

En aquel año 2008, esta demanda no gozaba del respaldo mayoritario que ahora posee, por lo que el apoyo y calidez humana que descubrí en Marco la valoraré siempre.

Sin embargo, la agenda de género no se agota en el debate acerca del aborto. Es una pena que la ausencia de 6 de los 8 candidatos finalmente fue lo que se convirtió en noticia –que lo es, por las razones que he comentado– desperdiciándose una gran oportunidad de poder contrastar propuestas (u omisiones de propuestas) entre los candidatos, y así avivar un debate que tiene muchos desafíos y muchas luchas que hay que seguir dando.

Pues qué duda cabe que en Chile cuesta mucho más ser mujer que ser hombre. ¡La violencia que sufrimos a diario es tan intensa que, según registros de la Red Chilena Contra la Violencia Hacia las Mujeres,  a esta fecha ya van 57 femicidios! Y eso que la violencia de género no solo se traduce en crímenes. También existen otros tipos de violencia. A la más conocida violencia sicológica, también hay que sumar la violencia simbólica, esa que se muestra subrepticiamente en spots publicitarios que estereotipan a la mujer en roles específicos (esposa, dueña de casa) o en algunos dichos malamente naturalizados como los que ligan a la cobardía con “ser niñita”; la violencia en el espacio público, que se presenta en asquerosos manoseos en la locomoción colectiva; o la violencia económica, aquella que se traduce en brechas salariales que perjudican a la mujer por el solo hecho de ser mujer; entre tantas otras violencias.

Por esto y mucho más, invito a todas las mujeres –y también a todos los hombres que paulatinamente han ido sumándose a esta causa de igualdad– a hacernos escuchar en estas elecciones. Las luchas seguirán por muchos años, pero ahora nuestra democracia nos da la oportunidad de manifestarnos y revelarnos ante postulantes a la presidencia que han optado por ignorarnos.

Y es que ad portas de una elección importante para la lucha feminista, bien vale la pena recordar a Simone De Beauvoir, quien lúcidamente nos abrió la mente al recordarnos que “el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”.

 


Activista y Autora del libro"Mi Testimonio, Aborto, Estado e hipocresía en Chile"