En la década del 1860 el Estado de Chile decidió anexar el territorio al sur del río biobío básicamente por dos razones, una geopolitica (impedir la conquista de argentinos, españoles o británicos) y otra economíca (el usufructo de los vastos recursos naturales), para lograrlo, el Estado diseñó una campaña militar con Cornelio Saavedra a la cabeza, quien junto a sus soldados invadió y fundó decenas de fuertes que luego se convirtieron en ciudades, junto con ello robó metales, animales y recursos, ultrajó familias, violó mujeres y raptó niños y niñas, mató ancianos y enfermos para destruir la estructura social mapuche y hacerse de sus tierras (m/m 10 millones de Há). La imagen es desoladora 150 años atrás, en que millares de mapuche vagaban por las recientes ciudades al más puro estilo Sirio. Algo que se encuentra ya vastamente documentado.

El proyecto oligárquico (de “los pocos”) implementó en el territorio conquistado una política de negación sistemática a los derechos colectivos de los pueblos originarios que trasunta hasta la actualidad en una sociedad chilena desenraizada, que creció convencida que el territorio llamado Wallmapu siempre le perteneció, un robo normalizado, naturalizado y cuyo usufructo le ha permitido a Chile, creerse el mito de los jaguares de latinoamérica (¿recuerdan de esa tontería?) y amasar las más grandes fortunas del mundo a costa del sacrificio de las regiones del sur y el norte, la conversión de los derechos en privilegios gracias al paradigma neoliberal  y por supuesto, el trabajo mal pagado del 90% de los y las chilenas que todos los días subsidiamos con nuestro sudor los lujos del 5%, de las siete familias, de los ricos, de la élite del país, injusticias de las que muchos y muchas nos cansamos, y ante ella decidimos oponer la Justicia de los miles, los sueños muchos y la esperanza de los pueblos.

Es precisamente a razon de ese anhelo de justicia que despierta en la sociedad chilena, que la élite ya no puede separar a los indios buenos de los indios malos para situar el discurso autonómico y plurinacional en los márgenes de la democracia recurriendo al temor separatista (la falacia del estado dentro de otro estado), y eso es un triunfo de las décadas de movilización a todo nivel materializadas en el casi 1.6 millones de indígenas auto reconocidos y reconocidas como tales en un Chile donde el 75% vivimos en las ciudades y no precisamente porque queramos.

El proceso constituyente indígena finalizado recientemente, planteó que las demandas de autonomía, territorio, autodeterminación y plurinacionalidad son ya demandas de la totalidad de pueblos indígenas del país, aunque la Nueva Mayoría en la aún incumplida promesa bacheletista sobre nueva constitución y donde al cierre del proceso de consulta constituyente terminado el 3 de noviembre, se oponga e invisibilice dichas demandas, genere un quiebre con los dirigentes indigenas y renueve la vision de un estado totalitario y monocultural, gracias a la “intransigencia” del ejecutivo al desoír, por enésima vez, las demandas de territorio y plurinacionalidad hace menos de 20 días atrás.

Este modelo colonial, paternalista y machista de Estado, tan cómodo para los pocos; la mal llamada Pacificación de la Araucanía, las decenas de detenidos sin pruebas concluyentes en más de 15 años, la treintena de aplicaciones de ley antiterrorista sin un solo resultado exitoso y los más de 12 muertos a manos de gobiernos “democráticos” es lo que desde el Frente Amplio pretendemos superar; esta vocación quedó expresada en nuestro programa co-construido por las miles de personas que desde marzo nos involucramos en este proceso inédito en chile.

Nos rehusamos a continuar esta asimetría racista que ha naturalizado una relación de violencia, subordinacion y competencia entre los pueblos que habitamos ngulu mapu.

En el Frente Amplio Chile, queremos construir un mundo donde quepan muchos mundos, y entre esos muchos ponernos de acuerdo para vivir bien sin avasallarnos en virtud de mezquindades y privilegios de pocos que terminan por malvivirnos a muchos y muchas, así, generamos nuestra apuesta que se guía por valores y horizontes medulares como la ​Plurinacionalidad, expresión de un Estado que reconoce sus diferencias a partir de un orden articulador, la ​Autodeterminación como el derecho de cada pueblo a decidir libremente la forma en que desee gobernarse política, económica y socialmente, la Autonomía como ​expresión del principio anterior y que requiere un espacio material donde ejercer el control político, institucional, jurídico, entre otros; y el compromiso del respeto irrestricto a los ​Estándares Internacionales de derechos suscritos por chile y vigentes en el concierto local e internacional.

Pensamos una propuesta de​ ​largo​ ​plazo que sea coherente con un camino progresivo de emancipación colectiva y apalancamiento mutuo para superar el neoliberalismo inaugurar el proyecto de buen vivir entre los pueblos que habitamos Chile, incluidos los y las chilenas, basado en un “Compromiso Estatal con los derechos de los Pueblos Originarios” que incluya la “garantía de los derechos colectivos” e individuales, el “Reemplazo modelo extractivista por un modelo de desarrollo local endógeno”, definido conjuntamente con los pueblos originarios; nos comprometemos a generar las condiciones para el “Retiro​ ​de​ ​la​ ​industria​ ​forestal​ de los territorios indígenas” y también con la “Reparación de la deuda histórica del Estado chileno con los pueblos originarios”, además de “Generar condiciones integrales para revertir el proceso de migración forzado por la ocupación de La Araucanía”. Todos temas sobre los que no se han pronunciado o derechamente evaden con evidente incomodidad o prejuicio el resto de las candidaturas presidenciales del duopolio, para las que el problema, más allá de las declaraciones de buena crianza, sigue siendo delictivo, jurídico, así lo han demostrado cada vez que han podido hacer lo contrario.

Sabemos que el camino es largo, pero debemos empezar a convertir los sueños en realidad, somos muchos y muchas quienes concebimos como posible una relación armónica entre pueblos en un proyecto que supere la lógica monocultural, homogeneizante y etnocéntrica en la que aun nos encontramos, que nos divide y nos separa para volvernos débiles.

Dia a dia nos indigna saber de situaciones espantosas como el allanamiento constante de escuelas básicas que afectan a niños y niñas aterrorizándolas en territorio militarizados para resguardo de la propiedad privada de “los pocos” a costa de la miseria de tantos, saber de los cientos de baleados, los muertos y los atropellos y abusos permanentes, todos legados del modelo de Estado colonial e impositivo que se ha mantenido gracias nuestra desunión y en favor de quienes creen que el Estado es parte de su patrimonio y usufructo, y no un instrumento para orientarnos como sociedad hacia el “Buen vivir”.

Creemos que efectivamente existe un conflicto entre el Estado y el Pueblo Mapuche, pero también reconocemos que el conflicto no es puramente étnico/racial, pero también es de clase y de género, es entonces un conflicto que cuestiona la continuidad del proyecto colonial – neoliberal y es por tanto es un conflicto esencialmente político; por eso confiamos que será el poder de muchos y muchas, el poder de los barrios, de las poblaciones y de los y las trabajadoras, y sobre todo el poder de los Pueblos -en plural- el que construirá el Chile donde todos y todas tengamos cabida, donde vivamos y no sobrevivamos. El programa del Frente Amplio y de Beatriz Sánchez ya es un paso enorme para la consciencia de los pueblos y para quienes disputamos dia a dia la construcción de un sentido común que nos emancipe y articule como pueblos; en ese entendido, este programa por sí solo ya es una victoria que hace temblar la tierra con su marcha, este 19 de noviembre, daremos la sorpresa, viviremos y venceremos.


Sociólogo, Coordinador Grupo de Apoyo Programático Pueblos Originarios, Frente Amplio