Una bomba noticiosa estalló en Brasil esta semana, aunque su sonido fue contenido por quienes detienen la hegemonía de la noticia en el país.

El empresario argentino Alejandro Burzaco, quien fue director ejecutivo del canal TyC Sports, declaró ante la justicia estadounidense sobre su participación en una red de sociedades offshore que operaban con el bufete panameño Mossack Fonseca el dinero con el cual se obtuvo los derechos de transmisión de TV para diferentes torneos, desde Mundiales y Copa América hasta la transmisión de los partidos de Copa Libertadores.

Aunque el testimonio de Burzaco se centró en el caso argentino, al apuntar sus acusaciones a Globo, la poderosa empresa brasileña de multimedios, generó quizás más repercusión todavía. El empresario asegura que Globo utilizó la misma red de empresas offshore para pagar coimas a ejecutivos de la Conmebol y de la CBF (Confederación Brasileña de Fútbol), por los derechos exclusivos (dentro de su país) de torneos como la Copa América, la Copa Libertadores, el Brasileirão y la Copa do Brasil.

Burzaco no especifica los valores que habría pagado la emisora brasileña, pero asegura tener documentos que comprueban sus dichos, y apunta al ex jefe del área deportiva de Globo, Marcelo Campos Pinto, como responsable por negociar con los dirigentes el pago de las coimas. Además de Globo, otras empresas también denunciadas por Burzaco fueron la estadounidense Fox Sports, la mexicana Televisa, la argentina Full Play, la española Media Pro y Traffic, otra empresa de Brasil.

La investigación del Fifa Gate, que ya tiene detenido a algunos ex mandamases del fútbol sudamericano, como el chileno Sergio Jadue, ex presidente de la ANFP, y el brasileño José Maria Marin, el ex jefe de la CBF que también fue detenido en el extranjero por corrupción. Ambos fueron condenados por corrupción y cumplen pena en libertad con restricciones. Además, el actual presidente del fútbol brasileño, Marco Polo del Nero, otro que está bajo sospecha, evita salir de Brasil en viajes internacionales, por lo que es ausencia segura en el sorteo del Mundial de 2018 e incluso durante el certamen ruso.

Por su parte, Globo reaccionó a la denuncia diciendo que se hizo una auditoría interna en los últimos dos años, desde que se conoció las primeras aristas del caso FIFA Gate, por lo que aseguró que no cometió ilícitos financieros y que todavía no es parte de la investigación en curso -lo que fue repetido por su periodista estrella, Willian Bonner, en el principal noticiero del canal en las últimas noches-. La respuesta fue tema de burlas en las redes sociales, donde la gente dudaba de la seriedad de la investigación interna realizada por la empresa.

Fuera de Brasil, el diario The New York Times publicó este jueves un reportaje contando que las sospechas sobre Globo en el caso Fifa Gate empezaron desde el primer día de la investigación, con el testimonio del empresario brasileño José Hawilla, de Traffic, y ahora se refuerzan con la acusación de Burzaco, y además cuestiona la respuesta de Globo, porque aunque los hermanos Marinho, dueños del canal, aún no ha sido llamados a testimonio, la empresa sí es parte investigada en el proceso.

Un imperio erguido en dictadura

Un breve historial para entender la dimensión de una acusación a la empresa Globo, una de las más grandes empresas de multimedios de América Latina y del mundo. Creada hace más de cien años a partir del diario ultraconservador O Globo, a manos de Irineu Marinho, quien entregó la administración a su hijo Roberto cuando el periódico era el tercero de mayor circulación en la ciudad de Río de Janeiro, en mediados de los años ’50.

Pero la empresa solo empezó a convertirse en el imperio mediático que es hoy en día a partir del apoyo de Roberto Marinho al golpe de Estado de 1964 y a la posterior dictadura militar, por lo que Globo recibió en 1965 su concesión televisiva y pasó a ser una especie de canal extra oficial del gobierno.

Durante los primeros quince años, los generales presidentes financiaron la construcción de cientos de afiliadas a Globo a lo largo de Brasil, que retransmiten regionalmente la señal principal desde Río de Janeiro, agregándole uno u otro contenido local. Además, esos canales fueron entregados a la administración de caudillos regionales aliados del régimen para fortalecer el poder en las zonas.

De esa forma, Globo se hizo la primera cadena a poder transmitir su señal a todos los rincones de Brasil, con un rating que en los mejores años -entre los ’80 y los ’90- superó a los 60 puntos. Con tamaño poder de expresión sobre la sociedad es fácil entender también el poder político que ha tenido la empresa a través de los años.

En Brasil muchos dicen que Globo pone y saca presidentes a su antojo, aunque eso no sea totalmente cierto, visto que Lula da Silva y Dilma Rousseff fueron elegidos en los últimos cuatro comicios presidenciales en candidaturas opuestas a lo que defendía el canal. Sin embargo, también fue evidente el apoyo del periodismo global a las manifestaciones en favor del impeachment del Rousseff y también a las investigaciones en contra de Lula -el magistrado Sergio Moro, quien lidera la llamada Operación Lava Jato, ha sido galardonado diferentes veces por fundaciones también presididas por los hermanos Marinho, herederos del fallecido patriarca Roberto Marinho-.

Con respecto a los temas de la denuncia en FIFA Gate, es cierto que Globo ha mantenido durante los últimos cuarenta años los derechos de transmisión de forma exclusiva de diferentes eventos deportivos tanto nacionales (Brasileirão y Copa do Brasil) como internacionales (Copa América, Mundiales y Juegos Olímpicos), y que ha lucrado además con la reventa de esos derechos a otros canales brasileños que tienen que pagarle a Globo para poder hacer la co-transmisión de los mismos, o si quieren usar imágenes de los mismos. Por lo mismo es un hecho que Globo ha obtenido los beneficios que acusa Burzaco, aunque queda comprobar si esos derechos fueron o no comprados a través de la red de offshores como cuenta la declaración.

Según los diputados Wadih Damous y Paulo Pimenta, del PT (Partido de los Trabajadores, el mismo de Lula y Dilma), si son comprobadas documentalmente las acusaciones de Burzaco, sería el caso de pedir que la investigación se instale también en la Fiscalía brasileña y que el proceso también cuestione la concesión televisiva otorgada los hermanos Marinho.