“Hoy es difícil decir que los comunistas se comen las guaguas con la certeza con que se creía en el pasado. Esto se debe a que los medios de comunicación masivos de la actualidad rompen con la superstición por lo que se debe recurrir a expresiones demoniacas o demonizadas del vecindario latinoamericano”, comenta el analista político Max Oñate.

Ahora, dice, los medios intentan “sembrar una guerra fantasma que dice: ‘A mayores derechos sociales otorgados, hay mayor inestabilidad política’ y donde el mensaje oculto es ‘si privatizamos todo, entonces evitamos toda clase de conflicto social y damos prosperidad económica al país’. Pero ya sabemos que efectivamente la privatización ha causado el nacimiento de lo que nosotros señalamos como movimientos sociales, que son legítimamente admitidos –tanto para el gobierno y la oposición- en la medida que no ejerzan el poder contra la legalidad y la estabilidad política; en ese sentido son dos bandos adictos al control”.

Así se configuran, según Oñate, los principales oponentes del balotaje del próximo 17 de diciembre. El cientista político agrega que esta puesta en escena le recuerda mucho al espectáculo de la lucha libre norteamericana, “donde los personajes se acusan mutuamente y se amenazan de muerte, pero tras bambalinas queda al descubierto que todo es una mentira para el show televisivo. Por ejemplo: el hecho de que no se haya establecido al 100% la gratuidad universal, se debe a que no pocos parlamentarios o sus familiares y amigos han fundado riquezas en la propiedad privada de la educación, por lo que no quieren renunciar a ello de un día para otro”.

El académico de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano califica esto como un “marketing de la lucha de clases”: “Se quiere exhibir en los medios televisivos y en una prensa escrita de dos polos en la defensa del capital financiero y de aquel proyecto, que nos demuestra la muerte de la izquierda y la vulgarización de las ideas políticas, nada más que al servicio de mecanismos electorales”, dice sobre el delirante “Chilezuela” que se tomó la agenda y que se ha configurado como una de las amenazas favoritas de la derecha económica nacional: la caída de la bolsa cada vez que se alterna el poder.

Cuando todo mundo está poniendo atención en las eventuales nuevas alianzas que pueda forjar Alejandro Guillier con miras a la segunda vuelta, existen aspectos estructurales que el análisis está pasando por alto, cree Oñate. Se refiere a la suma total de 6.699.011 votos válidamente emitidos, a los que si restamos los 23.065 registrados en el extranjero acredita a un votante nacional que dejó de asistir masivamente a las urnas comparado incluso con optimistas experiencias como el proceso del 2013.

“Si seguimos esa línea argumentativa verificaremos que en segunda vuelta siempre es menor la cantidad de votantes por lo que la figura del ‘votante probable’ o el ‘indeciso’ se resta del proceso electoral. En ese marco, el Frente Amplio respaldará -aunque con ciertas condiciones y eventuales negociaciones- la candidatura de Guillier. Si a esto sumamos los votos de ME-O ya tenemos suficientes para ganar la elección o los de Goic en su defecto, porque Piñera no tiene posibilidades de recaudar las papeletas centro-izquierdistas y con la escasa participación ya hecha, con tendencia a la baja en segunda vuelta. Ni aun con todos los votos de Kast alcanzará el 46% de los votos, muy a pesar eso si de los miedos concertacionistas que dicen ‘si no votas, es un voto más para la derecha’, anticipa.

Otras lecciones relevantes sobre el comportamiento de este votante veleidoso para considerar hablan de una derecha que difícilmente puede absorber más votos que los de sus dos candidatos, Piñera y Kast, cree el analista. “Dado que aproximadamente cerca de 1 millón 300 mil personas dejan de votar en las segundas vueltas esa incapacidad de capturar la voluntad electoral de la centro izquierda y del público ‘votante probable’, se hace aún más patente. A esto hay que sumar el ‘síndrome Hillary Clinton’ que sufrió Piñera, que fue exhibido en todos lados como el candidato vencedor y mayoritario, pero que puede sufrir un resultado semejante al de Hillary”, reitera.

Para seguir con metáforas de izquierda, el cientista político finalmente advierte que el escenario sería muy distinto si el mecanismo presidencial fuera el que llevó al poder a salvador Allende en 1970.  “Hoy sería el presidente de la república electo, lo que deja en evidencia la fragilidad de referirse a la ‘voluntad popular’ cuando esta está fijada y ‘dirigida’ desde coordenadas estructurales de expresión de la conformación legal del poder y de la voluntad del sufragante. Históricamente, cada vez que bajan los votos en segunda vuelta, gana el bloque centro-izquierdista, salvo en aquella oportunidad en que Piñera derrotó a Frei”, explica.