Texto impecable, llano y cautivante, cruzado por una variedad de temas que han matizado y determinado al punk desde siempre, y que contribuyen, en esta lectura, a brindarle espesor histórico y cultural. Ben Nadler aborda uno de los problemas más acuciantes tanto del análisis académico de la música popular como del mero uso de la misma, el del contexto, tomando como eje de la investigación y narración a Dave “Insurgent” Rubinstein, el malogrado frontman de Reagan Youth.

El autor asume de principio que el punk tiende a ser considerado un fenómeno en sí mismo, autogenerado, aparentemente gratuito -esto es, un sinsentido-, que careció, en su proceso formativo, de un propósito. Escudriñar en el pasado, entonces, se ha vuelto para el punk esa vía hacia la mistificación de lo pretérito y la construcción de hagiografías sobre jóvenes que murieron demasiado pronto, como parte de una suerte de estrategia orientada a brindar autenticidad a la subcultura del punk. Carecer de contexto garantiza, precisamente, que esa autenticidad funcione. Para relativizar todo esto, Nadler se propone considerar las realidades y contextos que dieron forma a esas escenas y figuras del punk de la segunda ola, sea el caso acá, el de la ciudad de Nueva York durante la década de 1980.

Nadler asume, desde una perspectiva eminentemente culturalista, que el punk cumple con la función subcultural de proveer identidades a jóvenes que desean hacerse de una nueva, distinta de aquella forjada en el hogar y en la escuela, y que, simultánea e inevitablemente, dichos jóvenes llegan cargando con lo propio. Esa idiosincrasia y esos traumas son proyectados, finalmente, en el punk. De ahí, por ejemplo, la importancia de destacar el background familiar de algunos reputados veteranos, cuya rebelión adolescente parecía un mero berrinche. Al contrario, sostiene Nadler, el ímpetu de la segunda ola responde, un modo quizás soterrado, al hecho de que los padres llegaron a la ciudad de Nueva York escapando del Holocausto o de la Revolución Cubana, según los casos tratados.

De lo mismo, el libro transcurre sobre una trama en donde destacan grandes estructuras y procesos: la experiencia de la inmigración en la Costa Este de los Estados Unidos, la condición paradojalmente multicultural y segregada de una Nueva York multiétnica, la tradición contestataria y militante de la izquierda estadounidense, la contracultura y la diferencia sexo-genérica, entre otros. Entre el nihilismo y el desarrollo personal, la naciente escena del NYCH va desarrollándose en función de la búsqueda de una tradición a la cual aferrarse, a través, por ejemplo, de la militancia ácrata, el squating, el rastafarismo o el culto a Krishna. Del mismo modo, el punk lucha en este libro contra la homofobia, el antiintelectualismo y el integrismo que comienza a afectar a la escena neoyorquina con el empoderamiento del machocore. Asimismo, lidia con la violencia lumpen de la facción skinhead, con la cooptación por parte del White Power, y se articula como una fuerza de defensa en contra de las políticas de gentrificación que, lamentablemente, contribuyeron al ocaso de la escena de Nueva York a mediados de los noventa.

Traducido magistralmente por la narradora Constanza Gutiérrez, el libro goza de un tono muy chileno y coloquial. Destaca, finalmente, por ser una fina investigación expuesta como crónica, en un formato ameno y conciso.

Punk: NYC, 1981 – 1991
Ben Nadler (traducción de Constanza Gutiérrez)

Editorial Montacerdos
116 páginas
Precio de referencia: $11.000