En el largo plazo todos estaremos muertos. Esta sencilla frase sirvió como crítica a ciertas visiones económicas, de muy largo plazo, que buscaron imponerse en el contexto de la gran crisis de los años ’30. Más allá de las reformas que se debatieron en aquel entonces, resulta ineludible pensar que dicha sentencia tiene una vigencia notable en el actual escenario previsional por el cual atraviesa Chile, sobre todo, a la luz de las propuestas que emanan desde los conglomerados que disputan la presidencia.

Los actores empresariales locales, junto a las AFP, han sido profundamente reaccionarios en materia previsional. Poco puede sorprender esto en una dinámica de relaciones sociales donde el acumular capital a destajo ha llegado a ser un privilegio irrenunciable. Resulta dramático que un buen volumen de lo acumulado por el capital provenga de cuestiones como la salud, educación, pensiones y, sobre todo, bajos salarios.

En este clima de tensiones, el tiempo sigue pasando y un tema que no es indiferente a aquello es la subsistencia de las personas que hoy están jubiladas en Chile. Hablar de dignidad es todavía difícil, sobre todo cuando el promedio de las más de un millón de pensiones autofinanciadas a septiembre de este año alcanza la magra cifra de $214.410 pesos. El corolario de lo anterior ha sido que la culpa es de los cotizantes, de las lagunas previsionales o de cualquier cosa, menos de seguir haciendo lo mismo por más de 35 años: acumular todo el ahorro previsional en cuentas individuales.

¿Qué tan cierto es que a más años cotizados son mejores las pensiones en las AFP? Para responder, podemos observar a las nuevas personas pensionadas del mes de septiembre de este año. En este grupo, la mitad de las personas que cotizó entre 30 y 35 años obtuvo una pensión menor a $238.312, pero bueno, por diseño, las AFP no garantizan un porcentaje de los últimos salarios como pensión, la única garantía de las AFP es que usted puede perder o aumentar sus ahorros individuales, como cuando juega a las apuestas (puede ganar o perder), pero generalmente tendrá que pagar un monto a quien intermedie dichas apuestas, y este intermediario siempre gana.

Lo más alarmante es que se ha instalado un escudo protector sobre esta industria privada de pensiones, pues se ha dicho que son muy grandes para caer, que son necesarias para las empresas y que un cambio radical afectaría el crecimiento del país. En resumen, se ha dicho que hay que sacrificar unas cuantas generaciones de jubilados en lugar de pensar en pagar pensiones y dar un giro a la matriz productiva nacional.

La inversión de los más de USD$203.013 millones del fondo previsional no tiene un fin social. El 40% del fondo previsional se invierte en el extranjero y alrededor del 15% se invierte en grandes empresas nacionales ya sea en bonos o acciones. El Estado es otro gran receptor de las inversiones previsionales, llegando a cerca del 25% del fondo total de pensiones. El sector financiero no se queda atrás, pues alrededor de un 20% de los ahorros de los trabajadores se invierten allí, esencialmente en bonos de instituciones financieras. Esta diversificación de las inversiones muestra cómo se está repartiendo el dinero de los trabajadores hoy en día. Mismo dinero que se podría utilizar para pagar pensiones, las cuales permitirían que, en un amplio segmento de la población, las personas mayores de 65 años y sus familias, puedan participar del consumo social con mayor independencia.

Las AFP se han visto obligadas a dejar en evidencia los problemas ineludibles de la estrategia de inversión riesgosa, pues el ataque a la Coordinadora de Trabajadores NO+AFP (CNT NO+AFP) y al llamado a cambiarse al Fondo E, ha dejado entrever que hasta el Fondo más conservador enfrenta pérdidas. Esto que se ha exhibido como un triunfo sobre quienes llamaron al resguardo en dicho fondo, es realmente una alarma más, respecto de lo peligroso que resulta dejar todos los ahorros previsionales de manera obligatoria en manos de la industria privada. Hasta la estrategia más segura de inversión no entrega garantías.

Hacer un cambio profundo es posible, y así lo han hecho países que luego de privatizar parte de sus fondos de pensiones, han decidido volver a los esquemas públicos, después de enfrentar crisis financieras. Una reforma en la “medida de lo posible” podría seguir considerando los intereses de los actuales receptores de las inversiones del ahorro previsional. Parece que todo importa, menos lo que señalan las proyecciones demográficas de CELADE: en 2050 más del 30% de la población chilena tendrá sobre 60 años. Frente a esto, las AFP son incapaces de entregar soluciones.

Un modelo previsional basado en las cotizaciones de los empleadores, trabajadores y aporte estatal es una alternativa viable ante aquel escenario. No se está proponiendo un sistema de reparto “puro” donde solo trabajadores activos financian pensiones de jubilados. El modelo que ha planteado la CNT NO+AFP supone un esquema de aporte tripartito y además un ahorro colectivo público destinado a un fondo de reserva de pensiones. Esto no es nuevo a nivel global, es más, resulta ser la tendencia que ha seguido la mayor proporción de países. El costo de esta propuesta para el Estado es bajo y completamente financiable. El nudo de la propuesta no es técnico, sino político.

El accionar organizado de decenas de organizaciones sindicales y sociales, reunidos en la CNT NO+AFP, ha permitido correr el cerco de lo posible, obligando al actual gobierno a diseñar una propuesta previsional que no estaba contemplada, y desechar su proyecto de AFP estatal. La convocatoria de la coordinadora ha sido constante y variada, repletando espacios formativos, de protesta, movilización e incluso logrando la autogestión de un plebiscito que convocó a más de un millón de personas. Resulta difícil pensar que esos esfuerzos están prontos a diluirse.

El próximo gobierno deberá ser capaz de enfrentar con perspectiva este problema, no dejando de lado la mirada de largo plazo, pero colocando el acento en el presente, tal como lo hace la propuesta de la Coordinadora. Cualquier propuesta dentro del esquema de AFP, o que mantenga este pilar en el centro del modelo previsional, solo será cotejable en el largo plazo y a esas alturas, puede que quienes hoy viven con pensiones de miseria y los que venimos, ya estemos muertos.


Investigador Fundación SOL