La rutina del trabajo asalariado, con su estandarizado horario laboral, casi no permite espacio para otras cosas. La excepción, quizás, es la hora de almuerzo, instancia que muchas veces se sacrifica en pos de algún trámite bancario, una visita al médico o una secreta entrevista de trabajo para cambiarse de pega.

Justamente esa es la hora en que Martín José del Real Salcedo (33) puede dejar su trabajo de diseñador web para conceder una entrevista relacionada con su otra pega: la de guitarrista, productor y director musical de Ases Falsos, una de las bandas más reconocidas de la camada aparecida a mediados de los ’00 y que hoy es considerada un referente indie tanto a nivel nacional como internacional.

Con tres discos publicados (siete, si se incluye su etapa como Fother Muckers) y un derrotero acumulado con más de diez años de trajín, el quinteto está a punto de dar uno de los saltos más importantes de su carrera: el viernes 15 de diciembre se presentan en un show masivo en el Caupolicán, siendo la primera vez que estarán por sí solos en uno de los escenarios más importantes del país. Una oportunidad que cualquier banda chilena se querría para sí.

Del Real, sin embargo, siente la ansiedad y la presión por tocar en el teatro de San Diego. Estar ahí no sólo implica entregar un espectáculo de nivel continental, sino también responder a las expectativas que ponen la prensa, la escena musical, la hinchada y los detractores: llenar el recinto.

Son pocas las veces en que asume la vocería del grupo, la cual casi siempre está a cargo del vocalista y compositor Cristóbal Briceño. Pero esta vez, y en una banca frente al skate park del Parque Bustamante, el guitarrista sinceró a El Desconcierto el actual momento del quinteto, las polémicas que han enfrentado este último tiempo y la dirección técnica con la que maneja el camarín de Ases Falsos.

—¿Cómo se siente tomar este rol de vocero que generalmente es de Briceño?
—Más que vocero, soy un elemento dentro del grupo y puedo dar mi opinión o entregar información al igual que cualquier otro miembro.

—¿Y les gusta que así sea?
—Sí, la idea es que todos tengan algo que decir, aún cuando Cristóbal se lleva la mayor parte de las entrevistas, porque tiene más habilidades comunicacionales. Pero cuando me preguntan por temas de producción o de cosas musicales yo no tengo ningún problema. De eso se trata, para eso estamos.

—Desde que Briceño se fue a vivir fuera de Santiago tú asumiste el cargo de director musical de Ases Falsos. ¿Cómo ha sido estar en ese rol?
—Dentro de una banda, como en cualquier otro trabajo, tienes que asignar ciertos roles o ciertos elementos que puedes dividirlos por área. Eso no es que haya sucedido en el último disco, venía de un poco antes. Ahora, se ha dado que Cristóbal vive fuera de Santiago, entonces hay ensayos donde hacemos más de la banda soporte y vemos arreglos sin voz, y ahí estoy yo. Quizás tiene que ver con experiencia o con que los demás creen en mí. No es que tenga una metodología, pero creo que puedo guiar a una banda a reforzar partes débiles y enfocarlas en un flujo de trabajo.

—En el último disco tomaste también el cargo de productor musical. Hay un mini documental en YouTube que muestra el proceso de grabación y se nota que tu liderazgo fue casi total.
—Sí, yo tomé la batuta. Me fui en la estricta igual porque yo quería que saliera bien. Creo que las cosas salen bien con trabajo duro. No hice Carta Gantt, pero sí un calendario con ciertos ensayos claves: vimos la batería un mes y medio, después los bajos, después los teclados y así fui armando el mapa. Yo coordiné la grabación, yo hablé con el estudio y destiné las platas. Tomé la iniciativa de hacerlo porque tenía el tiempo y las ganas y se dio bien, se dio súper bien. A mí me interesa arengar también. Es como ser DT: si tú aleonái a tu grupo a hacer historia, te van a responder.

Una genkidama y un reality

Ases Falsos nace en 2011 sobre las cenizas de Fother Muckers, una de las bandas que descolló en el under capitalino a fines de los ’00. En 2012 sale su debut, “Juventud Americana”, un álbum que fotografía el espíritu político y generacional del Chile actual. Con letras que operan como pequeños cuentos o crónicas periodísticas, se retrata el bullying escolar (“Séptimo cielo”), la alienación del oficio de ser carabinero (“Fuerza especial”) o los perros en las marchas estudiantiles (“La sinceridad del cosmos”). Así, se posicionaron como un grupo con discurso, ética y moral.

En 2014 lanzan “Conducción”, su segundo LP, con un sonido más soul y con críticas directas a la disociación entre discurso y praxis de quienes luchan contra el sistema (“Cae la cortina”, “Búscate un lugar para ensayar” y “Niña por favor”). En 2016 lanzan “El Hombre Puede”, un disco inspirado en el rock noventero de Nirvana y Pavement que nació envuelto en polémicas por las declaraciones de Cristóbal Briceño sobre el feminismo, lo cual le valió la decepción de muchos de sus fans.

En la antesala del Caupolicán, el quinteto acaba de lanzar una selección de 12 canciones titulada “Lo mejor de Ases Falsos vol. 1”. Al mismo tiempo, la banda integró al percusionista Sergio Sanhueza como refuerzo para el show, buscando darle un toque más latino a sus temas clásicos y al próximo álbum que comienzan a grabar este mes.

[Lee también en El Desconcierto: La obra y el artista: Una crítica a “El Hombre Puede” de Ases Falsos]

—Si uno escucha el “Conducción” puede notar influencias de Bee Gees y Gypsy Kings, en “El Hombre puede” hay desde Green Day a Pixies. ¿Cuáles son sus referentes musicales para este nuevo disco?
—Se van sumando cada vez más bandas al archivo de la cabeza. Nos gusta mucho la música de los ’70, pero también la de los ’80. En el último disco incorporamos hartos sintetizadores. Te puedo nombrar a The Strangles o The Cars, que son bandas que si bien eran guitarreras, tenían momentos de teclados hermosísimos, u otros en que el teclado es protagonista. Ahora vamos a meter percusiones, más latina, pero está durísimo el disco que se viene, está afilado.

—¿Tiene nombre el disco?
—Todavía no. Hay unos tentativos, pero ya saldrá.

—¿Cuándo lo empiezan a grabar?
—El Caupolicán es el 15 de diciembre. El 16 ya sale un avión con la mitad de los integrantes a Ensenada, pasado Puerto Varas, en el Lago Llanquihue, por los Saltos del Petrohué. Una cosa idílica.

—¿Quiénes viajan?
—Parten Simón (Sánchez, bajista) y Cristóbal primero. Luego se van a ir por tierra Francisco (Rojas, tecladista) y “Chimbe” (Daniel de la Fuente, baterista) con algunos equipos.

—¿Se van a encerrar a grabar o van por un rato?
—Se van a encerrar. Van a pasar navidad y año nuevo juntos. Va a ser un reality (risas).

—¿Y tú no te sumái al reality?
—Yo voy a ir en momentos precisos. Esta vez no tengo tanto tiempo, pero está bien. Quizás ahora otro va a tomar la jineta de este disco.

—Con respecto al Caupolicán propiamente tal, yo sabía que ustedes nunca fueron muy proclives a tocar ahí. ¿Por qué aceptaron finalmente?
—Siempre nos hemos sentido muy cómodos en escenarios pequeños o medianos, pero hace harto rato nos insisten por el Caupolicán y nosotros somos súper malos para seguir el camino de la banda chilena y los conductos regulares. Al final, por cansancio, nos la ganaron. Igual uno quiere tocar, pero por otro lado también te lleva a una presión que te jode la mente: hay una necesidad de vender entradas de la que uno tiene que hacerse cargo, tenís que promocionarlo.

—Por algo estái conversando conmigo.
—Sí, pero no es que no queramos hacerlo tampoco. Hay una presión extra que antes no sentíamos y claramente puede ser un éxito como puede ser un fracaso. Ojalá sea un día memorable más que como los 10 pasos de la banda chilena para triunfar, como que de aquí al Festival de Olmué y de ahí al Festival de Viña, eso llega a ser aburrido. Pero bueno, ahora estamos todos en esta, metiéndole más onda en redes sociales o supervisando que efectivamente se peguen afiches en las calles. Porque si ya nos embarcamos en esto, hay que terminar la jugada.

—Es decir, llenarlo.
—Más que llenarlo es a que nos acompañen en este hito, porque estamos haciendo una genkidama, como en Dragon Ball Z. Queremos hacer una gran masa de energía, celebrar la música, a la banda y a los seguidores mismos. Las entradas están super accesibles, siempre nos preocupamos de eso, porque sabemos que a veces hay más niños, Sabemos que no siempre todos pueden juntar la plata y por eso partimos en $7 mil. ¿Qué recital te cuesta menos de 10 lucas? Ninguno.

El comité de la moral y las buenas costumbres

Martín del Real ya tocaba en un grupo cuando conoció a Cristóbal Briceño. Y no cualquier grupo: Martín era el guitarrista de Teleradio Donoso, la banda liderada por Alex Anwandter que en la década pasada prometía convertirse en la agrupación que tomara el relevo de Los Bunkers como el gran nombre de la música chilena.

Sin embargo, las cosas no andaban bien: la roces entre sus miembros eran cada vez mayores y su vocalista ya estaba pensando en su carrera solista. Así fue como Del Real entró como baterista a los Fother Muckers y durante un rato tocó con Briceño y Anwandter al mismo tiempo, eso hasta que Teleradio finalmente se desintegró. Ahí el joven músico se acopla en cuerpo y alma a la banda que luego se transformaría en Ases Falsos, asumiendo en 2012 el rol de guitarrista.

Si bien hoy no tiene ningún lazo con Alex Anwandter, el camino que ha compartido con Cristóbal Briceño le ha dado una visibilidad importante. Por ejemplo, la reggaetonera chilena Valeria Cisternas, más conocida como Tomasa del Real, se puso el apellido de su seudónimo por la sincera admiración que siente por Martín. Del mismo modo, su rol no sólo lo ha vuelto un referente como guitarrista y productor, sino que lo ha llevado a tener que hablar más allá de la música, pese a su bajo perfil.

—Cuando salió “Juventud Americana” llamaron la atención más allá de lo musical, sobre todo por las letras. Al mismo tiempo, Briceño comenzó a ser tomado como un líder de opinión. ¿Cómo viviste todo eso?
—En ese tiempo el grupo estaba madurando y Cristóbal estaba empezando a hacer canciones de otra manera, con otros mensajes, con un reflejo de lo que estaba ocurriendo y anticipando lo que podía ocurrir: fue como un cuadro político-social de la época.

—En ese disco sale “Venir es fácil”, que trata sobre un inmigrante africano que llega a Chile. En esa época aún no explotaba el tema como ahora y ustedes ya lo habían tocado.
—Sí, esas son las pequeñas cositas que tiene el grupo, en este caso las letras de Cristóbal, de las cuales la gente ha ido enganchando. Nos gusta eso, que la gente se cabecee, que lea, que se informe, que tenga su opinión, que no lloriquee… ¡que no sean flojos!

—Me imagino que tú o la banda se sienten interpretados por el discurso que tiene Briceño en las letras.
—Yo soy amigo de él hace diez años y siento que él tiene mucha gracia como cuenta las historias, él aprendió a relatar o hacer crónicas de una manera narrativa que igual te engancha, eso es admirable. Y bueno, él tiene que dar explicaciones si la gente pregunta “¿por qué en esta canción hablan de los carabineros?”, pero siempre de una manera en que la gente trate de hacerse preguntas más que encontrar respuestas.

—Hay una canción de “El Hombre Puede” que se llama “Sal de ahí” y que es una invitación a no participar del sistema electoral. ¿El resto de la banda está de acuerdo con eso?
—Es que mira, no somos una religión en la que tengamos como unas leyes en una tabla. Compartimos mucho de lo que se dice en las letras, si todos nos paramos en el escenario a tocar las canciones es porque las estamos apoyando. Pero hay matices, obviamente, si también discutimos entre nosotros. Uno discute, pelea de repente, pero ya es un logro estar tantos años juntos y seguir dándole.

—Sobre ese mismo tema, se desató una polémica por un post de Facebook en que la banda llamaba a no votar en las elecciones presidenciales.
—Cristóbal no llamó a no votar, él compartió un pensamiento y lo valoro mucho, hay que tener huevos para hacer algo así asumiendo las consecuencias. Personalmente, yo sí fui a votar, pero no estoy metido en política. Creo más en las personas comunes y corrientes y que los verdaderos cambios sociales parten de uno mismo y con tu entorno. No creo en eso de esperar a que un alcalde o presidente arregle tus problemas o de pensar que te va a dar trabajo y prosperidad.

—¿Por quién votaste?
—Dejémoslo en secreto, no me voy a abanderar por nadie. No creo que cambie mucho el panorama, siento que hay un sentimiento más desolador más que nada, no veo una figura así como interesante.

—¿Y el Frente Amplio? ¿Boric? ¿Jackson?
—Sí, siento que tienen cosas más frescas que los dinosaurios de antaño, tiene buenas ideas… andan bien en general, pero tampoco me voy a hacer parte de eso. No soy un tipo muy político por lo mismo que te digo, veo que hay mucha mancha y prefiero no meterme.

—Sobre la polémica, a Briceño le respondieron desde Milton Mahan de Dënver a Alberto Mayol. ¿Crees que la prensa infló el tema o que estuvo bien que se haya puesto el tema en la palestra para que se debata?
—Muchos de los medios prenden con agua y se nutrieron un buen rato con esto, privilegiando el polemizar para obtener visitas en vez de informar. También me llamó la atención que no vi ninguna reflexión personal sobre el tema. En cambio, sé que hay varios que apreciaron el mensaje y, aunque sea algo distinto, lo procesaron en silencio. Por último, no me llama la atención que otros músicos se hayan metido con sus sermones bonachones y lateros, como si fueran el ejemplo de cordura o formaran parte del comité de la moral y las buenas costumbres. La incultura es la madre de la intolerancia.

—¿Tienes alguna opinión sobre el feminismo? Últimamente han salido muchos casos de machismo y violencia de género en la escena musical chilena e internacional.
—No sólo en la música, está presente en la calle, en el trabajo y en la casa. Las mujeres viven en un mundo mucho más violento que nosotros, donde día a día enfrentan situaciones de violencia, desde alguien que les grita algo en la calle hasta cosas más graves. Es un problema que hombres y mujeres tenemos que resolver juntos pero con acciones reales. Por mi lado, puedo aportar educando a mis hijos y hablarles, desde sus escasos años de vida, sobre el respeto hacia la mujer.

Ases Falsos en vivo

  • Teatro Caupolicán (San Diego 850)
  • Viernes 15 de diciembre, 21:00 horas
  • Entradas a la venta en Ticketek
  • Entrada general: $10.000
  • Niños de hasta 7 años no pagan