Cualquier medio que diga que no tiene posición para la segunda vuelta está mintiendo. No hay que ser ningún analista avezado para darse cuenta que en los temas, los enfoques y los desarrollos de las noticias están presentes los ejes político-ideológicos con el cual se promueve o critica a las dos candidaturas en competencia. Tampoco hay que tener un doctorado en estudios culturales para darse cuenta que Sebastián Piñera es el candidato de El Mercurio, La Tercera, los canales de TV y todos los medios del establishment.

Desde el cómodo lugar de pertenecer a un grupo privilegiado, son varios los columnistas y editorialistas que hablan desde la lógica del voto erudito y promueven una conversación elitista, donde aparecen las frases que pretenden ser ingeniosas para evaluar la calidad de los debates, de los ejes programáticos, del desencanto generalizado, de la modernización capitalista o de la ausencia de un ideario movilizador.

Antes de analizar lo que implicaría para los habitantes de Chile un triunfo del millonario empresario, queremos mostrarles dos escenas:

1. Cientos de manifestantes cargando muñecas gigantes en protesta por la visita al país de la famosa feminista internacional Judith Butler. Protestan afuera del lugar donde da su charla y le gritan “bruja comunista”, la acusan de venir a difundir la “ideología de género” y de “atentar contra la familia”.

2. Periodistas y activistas de varias partes del mundo no pueden ingresar a una cumbre internacional organizada en el país, puesto que Cancillería consideró que provenían de organizaciones asociadas a “propuestas disruptivas”, las cuales pueden provocar protestas violentas como las que ocurrieron en Hamburgo durante la cumbre del G20.

Ninguna de estas postales ocurrió en Chile, pero sí en países de nuestro mismo vecindario -Brasil y Argentina- que tienen un mismo denominador común: son gobernados por la derecha. Por ello, no hay que perder de vista lo que implicaría una administración de Piñera en la región latinoamericana y cómo se potenciaría un eje junto a la Argentina de Mauricio Macri, al Perú de Pedro Pablo Kuczynski y al Brasil de Michel Temer (o su posible reemplazante, el ex militar y evangélico Jair Bolsonaro).

Estos hechos, delirantes y caricaturescos, evidencian que cuando llega al poder esta nueva derecha mundial, reaccionaria y ultraconservadora, se instala con ideas que creíamos olvidadas. Porque junto con las agendas neoliberales -como el aumento del costo de servicios básicos (Argentina) o el clasismo y la misoginia del alumnado de un colegio de elite cantándole a estudiantes de una escuela pública “tu mamá es mi nana y mi papá se la come” (Brasil)-, hay políticas claramente regresivas: restricción de derechos, utilización de la negación histórica, mentir deliberadamente sobre violaciones a los derechos humanos, uso de estrategias retóricas para desacreditar las instituciones y aparición de los discursos de odio, racismo, misoginia, homofobia y xenofobia.

Lo que está en juego en esta segunda vuelta

Es mucho lo que se arriesga en el balotaje presidencial del domingo 17 de diciembre. Los proyectos de país que enfrentan Alejandro Guillier y Sebastián Piñera, si bien es cierto tienen varias coincidencias a nivel estructural, representan dos caminos distintos al país que se vislumbra en los próximos 20 años. No es mentira que este será un gobierno que definirá cómo será el fin del ciclo político post dictadura.

En este contexto electoral, en El Desconcierto creemos firmemente en los valores y principios de una democracia que exalta los derechos humanos, comprometidos con la diversidad y la justicia social. Nos mueve la pasión por contar las historias de los invisibilizados, proponer enfoques y contenidos que incidan en la discusión política sobre el modelo de desarrollo, la relación Estado-mercado, los derechos sociales, políticos, culturales y medioambientales. Nos motiva informar, entretener y reflexionar en base a contenidos que permitan incidir en la discusión pública. No somos parte de ningún grupo empresarial y somos libres e independientes para dialogar con todos los actores y sectores políticos.

Creemos que si gobierna la derecha, con los Kast y la UDI, habrá una regresión conservadora que tendrá efectos en la cotidianeidad de las personas. No es sólo un debate de posiciones y juegos de poder, son decisiones u omisiones que impactarán en las vida diaria de las más excluidas/os y postergadas/os.

Tampoco hay que perder de vista que nuestro sistema político es hiperpresidencialista y que el Ejecutivo va a tener el poder de dirigir la agenda legislativa (no olvidar que el 90% de lo que se discute en el Congreso proviene de iniciativas presidenciales, las cuales deciden a qué proyectos de ley darles urgencia o no). En esa línea, las propuestas programáticas de Sebastián Piñera significarán un retroceso para los derechos de las mujeres, la población LGBTI, los pueblos originarios, los migrantes y las trabajadoras/es vulnerables.

Analicemos las claves de lo que implicaría un triunfo de Chile Vamos en las urnas:

  • La derecha quiere llegar a La Moneda con vocación largoplacista, proyectándose al menos dos periodos más en el gobierno.
  • José Antonio Kast, de la mano de los evangélicos, buscará restaurar la prohibición del aborto en todas sus causales.
  • De no lograr volver a prohibir la interrupción del embarazo, de todas formas obstaculizarán la ley de aborto mediante instructivos presidenciales y resoluciones del Minsal.
  • Tanto Piñera como el mencionado Kast impulsarán el Ministerio de la Familia, con el fin de devolver a la mujer su rol conservador en la sociedad.
  • Los proyectos de ley sobre derechos LGBTI -matrimonio igualitario, adopción homoparental e identidad de género- seguirán durmiendo en el Congreso, pues el Ejecutivo no impulsará su urgencia en el debate.
  • El gobierno podrá emitir decretos o instructivos presidenciales que pueden modificar -o incluso anular- derechos adquiridos, como el protocolo trans del Mineduc o la entrega de RUT provisorio para niños y niñas migrantes.
  • Es muy posible que haya una modificación del lenguaje en las políticas públicas y programas. Aparecerán palabras como “competencia”, “equipos de alto rendimiento” y “clientes”, las que reemplazarán conceptos como “enfoque de derechos, “inclusión ” y “no discriminación”, por nombrar algunos.
  • Los conflictos de interés se naturalizarán, la colusión tendrá un espacio de ventaja, se gobernará para dar libertades al 1% más rico y se generarán restricciones en derechos políticos y culturales para el restante 99%.
  • Consolidación de una ley de migración sin enfoque en DD.HH, que verá a los extranjeros sólo en función de una matriz mercadocéntrica y avanzará en restricciones sobre todo para los latinoamericanos.

No es chantaje ni mal menor, es responsabilidad

Tenemos claro que el candidato Guillier y su coalición no representan las grandes transformaciones que soñamos. No obstante aquello, sí identificamos posiciones, ideas y discursos en el marco de los derechos humanos. También vemos posibilidad de diálogo y de presentar contraargumentos. No es el voto a un caudillo o líder que represente nuestros anhelos, pero tampoco es una alternativa que tensione principios de convivencia democrática. Todo ese lenguaje del “mal menor”, el “chantaje”, y ahora recientemente esta incorporación de lenguaje bancario transaccional -“cheque en blanco” y “vale vista”-, es muy contradictorio si se asume que no se está negociando, sino que se toman decisiones en base a principios y criterios en el escenario de una segunda vuelta que contrapone dos opciones claramente marcadas: neoliberalismo conservador autoritario v/s socialdemocracia tensionada (o mejor dicho, un gatopardismo en crisis).

Nos gustaría contar con un programa antineoliberal que apele a transformaciones profundas, pero estamos en una coyuntura en donde los que creemos en las ideas y valores de los derechos humanos tenemos un rol para frenar a la derecha ultraconservadora y seguir presionando por los cambios estructurales. No se pierde el poder de las ideas, tampoco extraviaremos el foco, menos creemos que se tiene un gran poder transformador con una bancada nueva de 20 diputados y un senador (es un cambio en la correlación de fuerzas, pero tampoco es la llegada al poder). Para ello eso no basta, se debe pensar en implementar una estrategia en los territorios y difundir ideas para articular proyectos más amplios y convocantes.

Creemos que la opción de votar por Guillier este 17 de diciembre no significa ceder. Seguiremos escribiendo sobre los gobiernos en ejercicio, fiscalizando el poder político, denunciando y contando historias. Hay coyunturas críticas que requieren dejar de lado los egos y el narcisismo por cuestiones mas sustantivas: nuestros derechos humanos.