Fue el viernes 26 de junio de 2015 cuando Adriana Delpiano (70) recibió la llamada. La primera vez que había escuchado algo similar se remontaba a 23 años, cuando Eduardo Frei Ruiz-Tagle le solicitó hacerse cargo de una cartera que no manejaba en absoluto: Bienes Nacionales.

“Cuando Frei pidió nombres de mujeres a los partidos, le respondieron que no querían gastar el cupo. Por suerte parece que el PPD no tuvo esa traba. Fue la primera vez en la historia de Chile con más de una ministra. Hoy, si no hubiera una en el gabinete, llamaría la atención”, recuerda Delpiano.

Ese viernes antecedía a un fin de semana largo. Tenía todo programado para ir a la playa con su familia.

-Adriana, queremos hacer un cambio, ¿podríamos contar contigo en Educación? -le dijeron desde el despacho de Michelle Bachelet.

Había un pro y un contra. Al tener un máster en Educación, haberse desempeñado durante años en el Programa Interdisciplinario y de Innovación de Educación (PIIE) y estar trabajando en la subsecretaría de esa cartera, era un área que manejaba. El problema es que se trataba del corazón -y, por ende, el ojo del huracán- de las reformas del gobierno.

-Si le sirvo a la presidenta, encantada -respondió.

-Ya, mañana a las 11 tenemos cambio de gabinete.

“Fue esas cosas donde no te alcanzas ni a emocionar o sufrir. Había que hacerlo y ya”, asegura la ministra desde su oficina en el séptimo piso del Mineduc, donde recibió a El Desconcierto.

En la pared del frente de su escritorio tiene un colorido cuadro del puerto de Valparaíso, la ciudad que ha sido su segundo hogar como ministra para trabajar y consensuar leyes. Ayer, por ejemplo, estuvo en el Senado para la aprobación en general unánime de la ley de educación superior que contempla la gratuidad. “Cada viaje mío a Valparaíso es como si hiciera un diplomado sobre un tema en particular”, relata.

En el pasado, había visto con distintos grados de cercanía a los movimientos estudiantiles. Para el de los pingüinos en 2006 estaba como directora del Área Sociocultural de La Moneda, pero el de 2011 lo vivió en Educación 2020. “Todos ahí tenían una empatía total con el movimiento. De hecho, invitamos a muchos de los dirigentes. Pero yo era vista un poco con desconfianza, como una vieja concertacionista. Como todos eran más jóvenes, yo era parte de contra quién se peleaba. Una asquerosa socialdemócrata jajaja”, dice.

Asegura que hoy no distingue mucho la hoja de ruta que 2020 entregó a los distintos candidatos de la elección presidencial de 2013 con el programa de Michelle Bachelet. En estos nuevos comicios, busca defender el legado de los principales proyectos de este gobierno: el de Educación Superior, el de Nueva Educación Pública (desmunicipalización), el de Carrera Docente, el de Universidades del Estado y la Ley de Inclusión, entre otros.

Agencia UNO

-¿Qué le pareció ver en la franja de Piñera el tema de la tómbola?

-¿Sabes qué pasa? Si tú quieres hacer una política educativa seria, no puedes ridiculizar algo que no inventó Chile, sino que se usa en todas partes del mundo. Su propia gente lo dijo. Y ellos muestran la tómbola: “¡Aquí viene una familia de Maipú, ahhh, y su colegio quedó en Puente Alto!”. Es algo tan ridículo. El sistema que dice Piñera, de que los padres escojan el colegio de sus hijos, tiene el silencioso problema de miles de familias a las que los colegios les dicen que no hay cupo. El drama de llevar a un niño pequeño para que dibuje dentro de las líneas y ocupe colores, pero que todo es un pretexto, porque el colegio está seleccionando a los padres, no a los niños. ¡Ahí está la verdadera selección! Esta ley elimina el pituteo, para decirlo bien brutalmente. Cuando una persona que antes nunca había aspirado a un colegio de prestigio ahora siente que sí puede, lo que se rompió fue el pituto. Eso es lo que no dice Piñera.

-¿La frase del candidato de Chile Vamos pone en riesgo la Ley de Inclusión?

-Por suerte esto es ley y no hay capacidad de borrarla mañana. En la ley corta hay más facilidades para que se queden tranquilos los sostenedores, porque en este país todo es un drama. Le cuestan los cambios. Los vocea, los grita y los pelea, pero, cuando llegan, todo está mal. Hasta que se empiezan a acostumbrar y ahí están bien hechos. Por ejemplo, con el tema del pago de los profesores y si íbamos alcanzar a evaluarlos, como que se caía todo y se hundía Chile. Cuando se logró hacer, nadie habló más del tema. Con la gratuidad es lo mismo, ya pasó a ser parte de la cultura.

-No hay capacidad de borrar la ley, pero sí de introducirle ajustes.

-Me llamó la atención que Gonzalo Blumel, jefe programático de Piñera, planteara el tema de hacer ajustes a la Ley de Inclusión. Puede ser solo por ley, pero es más difícil y no creo que tenga ni los votos de la Nueva Mayoría ni los del Frente Amplio.

-Otras políticas se pueden revertir fácilmente, como el protocolo trans.

-Sería tan burdo que hicieran alguna cosa en ese sentido. Los niños trans existen, están. El gran mérito fue poner el tema encima de la mesa y determinar que si alguien prefiere que le digan Ana en vez de Joaquín, le digan así, independientemente de que se haga posteriormente el cambio en el Registro Civil, y que vean también qué baño puede usar esa persona sin que se sienta humillada. Es algo de sentido común, no es la transgresión máxima. 

-¿Qué es lo que se juega en Educación para estas elecciones?

-Lo que está en juego en esta elección es la consolidación de las reformas. Por eso no da lo mismo quién gobierne. Lo que viene adelante es muy importante. Por ejemplo, en la Nueva Educación Pública ya tenemos un equipo instalando los nuevos servicios locales. Dejaremos dos instalados, dos semi instalados y otros dos nombrados. Hay que dejar 70 en el país, para hacerlo bien y que esta política no se caiga.

-¿Y ve posible que se caiga la gratuidad, teniendo en cuenta que aún sigue por glosa presupuestaria?

-Esperamos que la gratuidad ya no sea por glosa. Es difícil que en un eventual gobierno de Piñera no se mantenga la gratuidad hasta donde está, pero es perfectamente posible que no vuelva a subir. Por lo tanto, aprobar la ley de educación superior, que establece cómo se irá ampliando la gratuidad, no es un tema menor.

-En Tolerancia Cero Piñera dijo que lo gratis genera menos compromiso. 

-En el último debate una de las periodistas le preguntó: “Usted estudió gratis, ¿eso lo hizo menos comprometido con sus estudios?”. Él reconoció que había estudiado gratis y que efectivamente había tenido un compromiso. Esa es su experiencia vital. Esto me parece un poquito fariseo. Es verdad que hay un tema de costos y que tienes que tomar decisiones. Pero esto de rasgar vestiduras contra la gratuidad… 

-Pero hubo un cambio de actitud luego de la reunión con el senador Manuel José Ossandón.

-La derecha se ha dado vuelta en este tema. Cuando Ossandón le puso “la pistola al pecho” a Piñera para apoyarlo con el tema de la educación fue algo que nos sorprendió a todos. Sea por las razones que sea, yo más que constatar que es una vuelta en el aire y ver a Piñera decir que va a ir la gratuidad, constato que hay un triunfo de las ideas, en el sentido en que vas corriendo cercos. Es como el divorcio, ¿hoy quién se opondría?

-¿Se considera una mujer progresista?

-Yo me considero progresista para mi época, para la edad que tengo. De un progresismo que tiene una connotación liberal en los temas valóricos, pero me siento muy de una matriz de los problemas sociales. Hay muchos temas que los he adquirido por mis hijas y no por mí misma. 

-¿Ese progresismo lo ve en la totalidad de su coalición? En una entrevista en The Clinic señaló que veía más convicción fuera del gobierno que dentro.

-Es difícil juzgar, porque cada uno viene de una matriz distinta. El gran mérito en una coalición es mantener los puntos que te unen, porque los que te separan son muchos. Yo pienso distinto a mucha gente del PPD y de la Nueva Mayoría, pero siento que ése es mi corral, donde una aprendió y empujó políticas. 

-Hoy se ve esa oposición interna, por ejemplo, en Progresismo con Progreso, liderado por Mariana Aylwin.

-La gente evoluciona en distintos sentidos. A mí me llaman la atención ciertas personas con las que una ha recorrido parte de la vida. Tienen todo el derecho a pensar distinto, ¿pero que no encuentren nada bueno en las políticas que se implementan? Me sorprenden, más que Mariana, personas como (José Joaquín) Brunner, para decirlo derechamente. Una persona muy inteligente, muy capaz, que durante cuatro años no se ha permitido ni creer ni aportar en este sentido, solo disentir. Es algo lamentable porque creo que podría haber sido un aporte.

Ministerio de Educación

“El CAE es un tema complejo, por algo no estuvo en el programa de la presidenta”

-¿A la candidatura de Alejandro Guillier le ha faltado fuerza para convencer a los sectores más críticos?

-El tema no es Guillier, sino que antes de que apareciera su figura un sector importante de los votantes de la Nueva Mayoría se fue a una mirada más crítica. Espero que el domingo se vote no por el mal menor, sino por quien te da la garantía de continuar haciendo cambios. Las reformas están muchísimo más garantizadas en un sector que en el otro. A algunos, por un tema de juventud, les podrá parecer que esto es muy lento. Pero con los jóvenes que antes no tenían gratuidad y hoy sí, hay un gran esfuerzo del país. Queremos poder llegar al séptimo, al octavo, al noveno decil, pero hay que ver cómo lo vamos construyendo. De pronto hay una mirada en la izquierda un poquito maximalista, del todo o nada, y si no es el todo estás como pervirtiendo tus propias creencias. La cosa no es así.

-¿Cómo fue la experiencia de tener parte de esa juventud, representada por Revolución Democrática (RD), en el Ministerio de Educación?

-Los personeros RD que llegaron a este ministerio la verdad es que fueron bien pocos. Se infló como “el arribo”.  Estaba Gonzalo Muñoz, jefe de la DEG (División de Educación General) y (Miguel) Crispi. Cuando me plantearon que se querían retirar fue como “que les vaya súper bien, tan amigos como antes”. Rápidamente se nombró a Juan Eduardo (García Huidobro) en la DEG. Ahí terminó todo el cuento de RD. Si sigue gente aquí para mí no es tema, porque jamás he ido a algún escritorio a preguntar a alguien si viene del periodo de Piñera, si es socialista, si es RD. Me llega a dar risa que se diga como que la reforma educativa fue obra de RD. ¡Por favor! Ni para lo bueno, ni para lo malo.

-Una de las exigencias del Frente Amplio para apoyar a Alejandro Guillier ha sido la condonación del CAE. ¿Es posible o no?

-El CAE es un tema complejo, por algo no estuvo en el programa de la Presidenta. Entró después como un compromiso de revisarlo cuando se abrió la gratuidad. Condonar el crédito del CAE con efecto retroactivo y a la vez avanzar en la gratuidad era francamente imposible. Se ha comprometido un proyecto que cambia el CAE por otra forma de crédito, porque yo creo que durante muchos años, para que tengamos gratuidad universal, se necesita un crédito. Si un alumno que tiene gratuidad en vez de demorarse cinco años en sacar la carrera, lo hace en seis o siete, tendrá que sacar un crédito. Hay instituciones que no están adheridas a la gratuidad que también tendrán que tomar el crédito.

Alejandro Guillier en el debate sostuvo una condonación al 40% más vulnerable “para siempre”.

-Yo creo que la decisión que tomó el senador Guillier debe haber sido parte del debate interno de su equipo. Si al 40% más vulnerable se le condona bajo determinadas condiciones y él determinó que eso era, está bien. Yo también creo que hay un porcentaje de alumnos sobreendeudados y de familias que lo han pasado mal con el tema. Si él considera que puede abordar la condonación de ese crédito con algún mecanismo, que no será de la noche a la mañana, me parece estupendo. Pero lo que hay que aclararle a la opinión pública es si eso que dijo es efectivamente la política que implementará.  

-¿Dónde hay que focalizar esta política?

-Los que lo han pasado peor son los que todavía pagan crédito a un interés del 6% anual. Ese es un sector por el que habría que tener una particular preocupación, al igual que con los que tienen una morosidad compleja porque no terminaron de estudiar e igual se endeudaron. El equipo va a tener que ver si avanza por el 40%, por los del 6% de interés o por si los que tomaron CAE y nunca terminaron sus carreras. De que hay que hacer algo ahí, no me cabe la menor duda.

-Ad portas del término del gobierno, ¿cuáles son las principales autocríticas que tiene con su gestión?

-Lamento no haber tenido más tiempo para ser una ministra en terreno. Habría sido muy bueno para difundir las reformas más claramente. También uno podrá decir que algunas leyes podrían haberse sacado antes, pero hubo que conseguir las mayorías. A mí me alegró cuando, por ejemplo, la Nueva Educación Pública salió del Senado 34–0. Dije: “¡Qué maravilla!”. Una siente de repente que está un poco encerrada en el Parlamento, pero luego te das cuenta que sin ese trabajo quizás no habrían salido las reformas.

-¿Cómo ha visto el avance de las reformas en relación al movimiento social?

-Este ha sido un año tranquilo. Marcharon en contra de las AFP, marcharon las diversidades sexuales, pero hubo menos tomas de establecimientos educacionales. Cuando no hay caos en la calle parece que no fuera mérito de nadie y uno de repente dice: “Ah, es que el movimiento estudiantil perdió el rumbo”, pero no es de gratis. Es difícil cuando tienes esa edad entender que te tienes que apropiar de los cambios, que estos existen porque te la jugaste por ellos. Pero cuando tú pides y pides y crees que todo es insuficiente te estás dando contra la pared, porque el resto del mundo sí ve los cambios. En este gobierno ha sido un eje tan fuerte la educación que tú puedes criticar que las cosas no son tal cual las quisiste, pero no puedes desconocer que van para mejor.