Hace un mes pocos lo conocían y no era famoso. Hoy tampoco lo es, pero sí mucha más gente lo ubica porque tuvo el talento de convertirse en viral, el paso previo antes de convertirse en meme.

Alumno de la carrera de Cine y Televisión en el glorioso Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) de la U. de Chile, Leftaro Zebrak tenía un tranquilo pasar que alternaba entre el estudio, el carrete, algunas drogas blandas, otras más duras y una colaboración con la productora OtroFoco, con quienes protagonizó el corto “L’exil de Pikachu”. En la obra, interpreta al mítico pokémon N°25 en sus tristes días de exilio en el Chile de la modernización capitalista.

Una vida sin aspavientos que tuvo un “plot twist” inesperado durante los comicios electorales celebrados el pasado domingo 19 de noviembre. Ese día, Leftaro merodeaba los alrededores del Estadio Nacional, emblemático lugar de votación, cuando decide tomar uno de los potes gigantes que hacen las veces de urna justo frente a un despacho en directo de la periodista Carla Zunino de 24 Horas.

—¿Por qué se está llevando la caja, perdón?
—Porque… el tupper.

—¿Pero por qué?
—Es que esta cuestión tengo que llevármela.

—¿Pero quién es usted?
—El encargado de los votos presidenciales.

—No, eso tiene que gestionarlo los vocales… ¿usted no es vocal de mesa?
—No, yo creo que… tengo que dejar las drogas.

El hecho fue una de las anécdotas más comentadas y viralizadas de la primera vuelta. Tanto así que Zebrak fue entrevistado por Pousta, donde comentó que efectivamente estaba bajo la influencia de estupefacientes, que Zunino lo detuvo de “raptar la democracia”, que “la urna lo llamó” y que Chile es el único país que usa tupperwares como urnas. “Es como parte de la idiosincracia”, reflexionó.

La simpática ocurrencia que le regaló 15 minutos de fama se puso menos simpática cuando el 4 de diciembre el candidato Sebastián Piñera, quien sacó hartos menos votos de los que esperaba, comenzó a acusar de fraude electoral en primera vuelta. Entre los descargos, apuntó que hubo un “intento de robo de urna electoral”, justificando de que salió en todos los medios y, por ende, “es la pura y santa verdad”.

Dicha acusación le valió al candidato Piñera no solamente ser duramente criticado ya que nadie en su sano juicio podría afirmar que hubo fraude, sino también que Beatriz Sánchez, escandalizada ante tal nivel de ridiculez, llamara abiertamente a votar por el candidato Guillier.

Dentro de la fallida y deseperada estrategia de Chile Vamos para desacreditar la derrota sufrida en primera vuelta, también comenzaron a hacer correr el rumor de que Leftaro era militante del Frente Amplio, ya que en el discurso de Sánchez tras la votación del 19/11 sale un joven parecido a él. Sin embargo, el presidente de RD Rodrigo Echecopar confirmó que esa persona no era Leftaro, sino que Fernando Molina, militante de Partido Poder.

Frente a la infamia, al estudiante del ICEI decidió pronunciarse al respecto y no escatimó en usar las redes sociales para revelar el vínculo que posee con la familia del ex mandatario, específicamente con su hermano Miguel.

Zebrak compartió una comprometedora imagen donde aparece besando al bohemio músico y donde declama: “le queremos recordar nuestra verdadera relación con su familia. Tenemos información y estamos dispuestos a usarla, señor Piñera”.

Pero la batalla contra los poderosos no acabaría ahí. El miércoles 13 de diciembre, el consejo directivo del Servicio Electoral, presidido por Patricio Santamaria, acordó poner en conocimiento del Ministerio Público el caso para que la fiscalía investigue y establezca si hay eventual delito.

En vista de todo lo ocurrido, El Desconcierto se contactó con Leftaro Zebrak para recoger sus impresiones tras este mes de viral, fama, denuncias y ahora una investigación judicial. Todo por tomar una urna durante un par de segundos.

¿Cómo ha estado tu vida desde el 19 de noviembre?
—Con el pasar de los días ha sido más extraño.

—¿Cómo así?
—Tomando la perspectiva de lo que fue la hueá, pasar de ser cero a alguna notoriedad igual es cuático.

—Tampoco es que haya sido un cambio muy grande en tu vida, ¿o sí?
—No. O sea, igual ahora hay que ver que transcurso sigue la investigación interpuesta por no sé quién chucha.

—El Servicio Electoral le va a dar los antecedentes al Ministerio Público para que investiguen.
—Eso. Quisiera poder reírme, pero no, porque el involucrado soy yo jajajá, entonces no es tan gracioso.

—¿Te preocupa? El candidato Piñera también te recordó y acusó que te robaste una urna.
—Creo que es evidente lo que hice, quiero creer que no daría para elucubrar a ese nivel.

—¿Estái tranquilo?
—Jajajá uno nunca sabe. Si puedo ser sincero, uno nunca sabe con esta hueá…

—Entonces estái urgido.
—Estoy extrañado. Alienado.

—El otro día caché que subiste a tus redes una foto con el Negro Piñera. ¿Cómo se dio esa unión?
—Es chistoso esto de escucharte a ti mismo diciendo las frases de gente pseudofamosa que te causaba cierto escozor o cierta ridículez, pero acá voy: como dije en una entrevista anterior, yo trabajaba en un bar y el Negro Piñera fue un cliente de ese bar.

—¿Iba seguido?
—En el tiempo que yo estaba fue sólo una vez.

—Y me imagino que no quisiste desaprovechar la oportunidad de tener una foto con un músico que vio a los Beatles el ’65 y que estuvo en Woodstock ’69.
—Claro, yo me aproximé atraído por su innegable desplante. Fue una fuerza magnética.

—Lo besaste.
—Sí, yo quería salir al lado abrazándolo, pero él de verdad tiene un aura que me obligó a darle un beso.

—Un miembro de esa misma familia te acusó de robarte un tupperware.
—Yo te doy una respuesta pseudograciosa, pero estoy trabajando sobre la base de una racionalidad y un sentido común. Si esta investigación sigue su curso y crece, contraviene exactamente eso, el sentido común, el sentido sobre el que el humor funciona.

—¿Qué te parecen las acusaciones de Sebastián Piñera sobre fraude electoral? ¿Te parece que actuó sobre la base de un sentido común?
—No sé en verdad. No sé si tengo una opinión formada sobre eso. Yo creo que las reacciones en redes sociales hablan por sí solas.

—¿Vái a votar ahora en la segunda vuelta?
—Me reservo esa información.

—”Paso”, decía Bachelet.
—No puedo agradecerte por la comparación, pero sí: paso.

—Estamos. ¿Algo que agregar?
—Espero seguir en libertad.