A horas del triunfo de Sebastián Piñera, que se impuso con un 54,57% por sobre el 45,43% de Alejandro Guillier, comienzan las declaraciones de su equipo. Esta mañana en ADN Radio, Felipe Kast -diputado, ex precandidato presidencial de Evópoli y futuro senador- aseguró que se debe dar marcha atrás a la reforma educacional del gobierno de Michelle Bachelet.

Con la Ley de Inclusión impulsada por la Nueva Mayoría, se eliminó el lucro en la educación subvencionada por el Estado, se puso fin a la libertad que tenían las escuelas subvencionadas de seleccionar a su alumnado y también se terminó con el copago voluntario: un monto de dinero que pagaban apoderados de colegios subvencionados que permitía que las familias con más recursos optaran a colegios a los que otras familias no podían optar por limitaciones económicas.

Fue en este último punto en el que Kast puso énfasis. No sólo aseguró que debe darse marcha atrás a la eliminación del copago en colegios subvencionados, si no que tildó de grave que el copago no esté presente en la educación pública. “Los liceos públicos tiene que hacer lo mismo, tienen que permitir (el copago). Debieran tener completa libertad para poder gestionarse como ellos estimen conveniente y sus padres estimen conveniente”, declaró. Y añadió: “Eso es fundamental porque al final del día hemos castigado la educación pública, que no tiene las mismas libertades que los colegios particulares subvencionados y eso significa nivelar hacia arriba, no hacia abajo”.

Sobre la forma en que debe implementarse esta nueva medida, sugirió seguir el modelo de arancel diferenciado que tiene el colegio privado San Ignacio, de los Jesuitas. Según Kast, es “el colegio que más hace por la inclusión en Chile” por lo que considera “grave” que no reciba fondos del Estado. “A las familias de más alto ingresos les permiten que hagan un aporte, pero por ningún motivo se permite que una familia que postula a ese colegio quede fuera por no poder pagar el copago”, explica.

En la fórmula que él propone, es el Estado quien cubriría esa diferencia para las familias de menos recursos:  “Cuando una familia no puede pagar, ni un problema, paga cero. Pero no al revés, que fue absurdo: familias que estaban felices de pagar 10 mil pesos, les dijimos “no, usted no va a pagar”, entonces los recursos adicionales que pusimos en educación no tuvieron ningún efecto porque simplemente reemplazaron los aportes que las familias estaban dispuestas a hacer”, afirma.