“Volveremos, volveremos, volveremos otra vez. Volveremos a La Moneda como en el ’73”, decía el cántico que retumbaba en cada rincón de Plaza Italia en enero del 2010, cuando Sebastián Piñera llegó a La Moneda por primera vez. En esa ocasión, él y su busto estaban ahí.

Por eso es que para muchos fue un deja vú de lo ocurrido la noche del 17 de diciembre de 2017, el día en que el millonario empresario derrotó en las urnas a Alejandro Guillier y aseguró su retorno al poder tras 4 años. En la celebración de las bases piñeristas, él y su busto estaban ahí.

La persona de la que estamos hablando es Joaquín Antonio Medel. Tiene 44 años, una botillería en recoleta, es fanático de Augusto Pinochet Ugarte y es colocolino.

Todo eso reveló el fervoroso adherente del dictador en una entrevista con Pousta, donde además contó que el busto se lo hizo en yeso un escultor que es cliente de su negocio, que tiene una colección de merchandising de Pinochet que opera casi como museo y que el 25 de noviembre de 1992, justo el día de su cumpleaños, le rindió honores mientras hacía el servicio militar. “Pasó al frente mío y se me cayeron las lágrimas de pura emoción”, rememora.

“La clase media creció gracias al sistema de mi general Pinochet”

“En primera vuelta voté por José Antonio Kast y casi toda mi familia votó por él. A mi me representan sus valores, su tema y todo. Todo me representa. Desde que he votado, José Antonio Kast es el candidato que más me ha representado en todo sentido, incluso más Joaquín Lavín”, dice Medel.

“Piñera… a mi Piñera no me gusta, pero es lo mejor para Chile. José Antonio me va a seguir gustando, quizás haga un partido y a lo mejor podré militar en el partido de él. Si va en cuatro años más votaré por él, pero no va sacar más del diez o quince porciento. Soy consiente que es un voto nulo, pero ahí está y ahí estuvimos todos”, agrega.

En el sector su local es conocido como “la botillería del general”, aunque hay otros que se refieren al espacio como “la botillería del viejo culiao”. Sin embargo, a Joaquín Antonio no le preocupa tanto: “Yo pido que me respeten no más y si no les gusta, que compren en otro lado. Si me dicen que nos les gusta, es su problema y si me lo dicen así yo no les digo nada, pero si me dices viejo culiao’ hasta ahí no más llega el respeto. Me ha tocado echar gente, pero nunca he llegado a golpes. Si a mí un hueón me dice garabatos en mi local o a lo que representa mi local hasta ahí no más llega el respeto, sea hombre o sea mujer”.

Junto con asegurar que con Guillier y el Frente Amplio se venía una amenaza grande para el país y que “la clase media existió gracias al sistema que creo mi general Pinochet, digan lo que digan”, el hombre de 44 años reconoce que el gobierno de su general sí fue una dictadura y que hubo violaciones a los DDHH, pero que no quedaba otra.

“Sí, te lo acepto ¡Si fue una dictadura! No soy cerrado en ese tema, solo que fue una dictadura de derecha. Fue el costo que se tuvo que tomar, los grandes cambios sociales se han hecho en dictaduras ya sean de izquierda o de derecha ¿O acaso en Rusia como fue?”, remata.