Con la sentencia a Lula da Silva confirmada en segunda instancia y su muy probable encarcelación en las próximas semanas, el panorama político en Brasil entra en una increíble paradoja que permitiría la continuidad a un proyecto de país rechazado por la gigantesca mayoría de los ciudadanos.

Pese a que el actual presidente Michel Temer difícilmente saldrá como candidato para las elecciones presidenciales -sus 3% de aprobación y 71% de rechazo no dejan margen para ilusiones- muchos de los demás postulantes son defensores, en mayor o menor grado, del proyecto político y económico que él viene impulsando tras el golpe de Estado contra Dilma Rousseff en 2016, aunque este también sea rechazado.

Las medidas adoptadas por el gobierno brasileño en los últimos año y medio -congelamiento de gastos sociales e inversión en salud y educación, una reforma laboral que atentó contra derechos históricos establecidos hace casi un siglo, la privatización de los más grandes yacimientos de petróleo a trasnacionales extranjeras y un intento de reforma previsional que busca acercar el modelo brasileño al chileno- son tanto la causa de la insatisfacción con el gobierno de turno como lo que impulsó el crecimiento exponencial en intención de voto a Lula en las más recientes encuestas presidenciales.

Tras la primera condena, en julio de 2017, el apoyo al ex mandatario se fue incrementando fuertemente, a punto de que la última medición, en diciembre último, lo apuntaba como favorito incluso para ganar en primera vuelta. Muchos de los que consideran su juicio como político utilizan este argumento: Que su salida del escenario era necesaria para que el proyecto político y económico del golpe sea continuado, y refuerzan la tesis con el dato del alza récord en la bolsa de inversiones brasileña tras la jornada de este miércoles 24, que confirmó la condena, un clásico latinoamericano que también sucede en Chile cuando gana la derecha.

Pero, ¿cómo un candidato que defienda un proyecto claramente rechazado puede pensar en ganar? Justamente, la idea ahora es que, con el camino despejado del gran obstáculo que sería vencer a Lula da Silva, la disputa quede entre los que mejor presenten el proyecto con intenciones disfrazadas.

Lo compararé con Chile para ilustrar mejor el escenario:, imagínese tenere a cinco diferentes Piñeras ofreciendo AFP estatal y reforzar la gratuidad en una misma carrera presidencial, tratando de ver quien convence mejor con ese discurso, aunque una parte (no pequeña) del público esté ciente de que ninguno de ellos cree en lo que promete. Esas son las opciones que tendrá Brasil entre los favoritos a partir de ahora.

Las cinco nombres de la derecha

Considerando el favoritismo del candidato de la más extrema derecha, el escenario todavía está sujeto a muchos cambios. Estos son los postulantes:

Jair Bolsonaro: El diputado y ex militar es el nuevo favorito de las encuestas. Pese el hecho de que su apoyo sigue limitado a un grupo de seguidores que lo veneran como un “mito” (“Bolsomito”, es el nombre que utilizan para referirse a él), es el único de la derecha que ha sido capaz de realizar una gira exitosa en todo el país para difundir su campaña (y al igual que José Antonio Kast, abandonando sus tareas en el Legislativo para ello). Aunque, diferente de Kast, Bolsonaro no es solo un proyecto a futuro sino que tiene reales chances de ganar ya en este 2018. En los sondeos sin Lula entre las opciones, este ultraderechista es quien hereda la mayor parte del público huérfano del sindicalista de centroizquierda, en una de las muchas contradicciones que este Brasil moderno hizo realidad. Sin embargo, Bolsonaro no agrada al mercado, que prefiere un nombre más moderado o de centro. Esa situación quedó clara con una serie de reportajes publicados en enero por los mismos medios que antes atacaban exclusivamente a la imagen de Lula, mostrando cómo la familia Bolsonaro habría enriquecido usando dietas parlamentarias para invertir en el mercado inmobiliario, sumado al hecho de tener tres hijos en otros cargos públicos. No hay encuestas conocidas todavía para saber si esas denuncias tuvieron efecto en su popularidad. Mientras no se sabe eso, él es el único que ha sido capaz de superar la barrera de los 20% – e incluso acercarse a los 30%, en los escenarios sin Lula.

Marina Silva: La ex ministra de Medio Ambiente de Lula es el nombre de centro mejor posicionado, con 17% de las intenciones. Sin embargo, la ambigüedad de su propuesta ha sido tan fuertemente criticada que es una de las campeonas de burlas en las redes sociales, y una traba a sus reales posibilidades de victoria. Seguirá siendo un personaje importante en el tablero pero no hay indicios de esta tercera postulación será la vencida. Probablemente quedará dentro de su percentual histórico de 20%.

Geraldo Alckmin: El gobernador del estado de São Paulo fue derrotado por Lula da Silva en 2006, pero ahora tiene muchas esperanzas más sin su mayor amenaza. Juega con la ventaja de ser uno de los favoritos del poder económico, aunque sobretodo de los grandes grupos empresariales – la Sofofa brasileña se llama FIESP y reúne solamente a los industriales paulistas. Pese a ser un campeón de votos en su estado, le juega en su contra su bajísima adhesión a nivel nacional. Su staff proyecta combatir ese punto débil en los próximos meses, para presentarlo como nombre realmente capaz de ganar. Actualmente posee 8% de las intenciones.

Luciano Huck: Una de las grandes estrellas del imperio comunicacional Globo ha dicho reiteradas veces que sueña con postular a la presidencia. En el primer fin de semana de 2018, el canal transmitió una larga y repercutida entrevista dominical en que se presentaba con el sueño de ser el “Emmanuel Macron brasileño”. Su evidente talento comunicacional lo hacen el candidato perfecto para disimular con un proyecto sin intenciones claras, hablando de “una política de mercado que no olvide lo social”, mientras la idea en realidad es no alejarse de las mismas medidas que viene impulsando Temer. Todavía no ha sido medido en las encuestas, pese a que su gran popularidad como figura televisiva suponen que empezaría con buen margen. Sin embargo, su candidatura todavía no está asegurada ya que no tiene partido y la ley brasileña impide la postulación de independientes. Otro punto débil es que si la candidatura termina exponiendo políticamente a la cadena Globo, es posible que sea boicoteado por su propio canal.

Henrique Meirelles: el ministro de Hacienda de Temer es el favorito del mercado. Tiene todo un currículo que encanta al capital especulativo: trabajó en instituciones financieras de Europa y Estados Unidos, incluyendo el Bank of Boston y la aseguradora Lloyd’s of London, entre otras. El hecho de que también fue miembro del consejo directivo de la empresa frigorífica JBS durante muchas de las decisiones que llevaron al escándalo de corrupción que involucra a Temer no es importante par el mercado. Además, fue presidente del Banco Central brasileño durante los dos mandatos de Lula da Silva, considerado un gesto en favor del mercado, dentro de la política de conciliación entre mercados, sectores productivos y programas sociales de redistribución del ingreso. El sueño del mercado es un Meirelles candidato presentándose como la verdadera llave del éxito de las políticas de Lula, pero el público ha entendido mejor el hecho de que su tarea como actual ministro ha sido deshacer las principales políticas dejadas por aquel gobierno. Citado por las encuestas, nunca es con más de 2%. Si el mercado no logra hacerlo despegar, probablemente abrazará al nombre más competitivo entre Alckmin o Huck.

Aunque solamente Bolsonaro ha podido despegar en sus intenciones de voto, es muy probable que al menos uno más de ellos lo logre hacer en los próximos meses, aprovechando el apoyo mediático. Además, hay que considerar la posibilidad de que la salida de Lula genere más frustración que traspaso de votos a otro candidato, y por consecuencia una mayor abstención, lo que favorece a los que serían los posibles candidatos del mercado.

¿Y la izquierda qué?

Con el PT (Partido de los Trabajadores) insistiendo a que mantendrá la candidatura de Lula aun si es encarcelado, quedan pocas opciones. El otro nombre del partido que mejor aparece en las encuestas es el del ex alcalde de São Paulo Fernando Haddad, pero que no logra llegar a más de 3%.

Con un punto porcentual más aparece el único nombre femenino entre las izquierdas: el de Manuela D’Ávila. Ex líder estudiantil y actual diputada comunista (tras tantas comparaciones con Chile, no es exagerado asociarla a Camila Vallejo), su principal problema está dentro de su propia coalición, por no ser parte del PT, que nunca ha dado chance para que los partidos menores como el Partido Comunista de Brasil (PC do B). 

El problema de Haddad y D’Ávila es que la capacidad de traspaso de votos de Lula a un nombre indicado por él se ve mermada por la frustración que hubo con el segundo gobierno de Dilma Rousseff, que asumió parte de la agenda de su adversario tras la segunda victoria electoral, incluso con una política de ajustes, aunque más contenidos y lejos de la profundidad que ha imprimido Temer.

Otra posibilidad sería el ex gobernador de Ceará, Ciro Gomes, un postulante de centro izquierda, pero más al centro que Lula. Después de Bolsonaro, Gomes es el que hereda la mayor parte de los votos del ex presidente en los escenarios en que no está. Quizás por el hecho de que fue su ministro Integración Nacional durante gran parte de su gobierno. Aunque hoy, al igual que Marina Silva, es más bien crítico a algunas de sus decisiones políticas. Ciro tiene 7% de intenciones en los sondeos, pero sin Lula salta a 13% y pasa a ser figura con chances de soñar con una segunda vuelta.

Un nombre que ha sido barajado desde fines de 2017 es el del dirigente social Guilherme Boulos, líder del movimiento de los trabajadores sin hogar de São Paulo y uno de los liderazgos populares más prometedores surgidos en el país en los últimos tiempos. Al igual que Huck, Boulos no tiene partido, pero se la ha ofrecido un cupo desde el PSOL (Partido Socialismo y Libertad), una agrupación creada por disidentes del PT y que al principio buscaba ser su principal rival desde la izquierda, aunque defendió a Dilma contra el golpe en 2016 y ahora defiende a Lula y el movimiento que acusa al juicio en su contra de ser una persecución política contra él y toda la izquierda. La propuesta de invitar a Boulos a ser candidato presidencial es parte de una iniciativa buscando crear un frente amplio de izquierdas en Brasil, aunque él todavía no la ha aceptado. Tampoco ha sido medido en las encuestas.