Nicanor fue, es y será un ejemplo de todo lo que todos estuvimos, estamos y estaremos en contra. Es un ser humano que desprende de él una genialidad única, donde la rebeldía nutrida de resistencia y amor se constituye a la perfección para dar así en letras comunes y corrientes, mensajes soberbios, únicos y fastuosos.

De Parra estamos todos en contra, al tan solo potenciar sus letras como fenómeno pop el día de su muerte y no potenciar el trasfondo de estas. No entender realmente que lo común desarrolla lo valiente y que la lucha se produce desde la simpleza.

Ya decía mi abuelo, que en la simpleza está la perfección.

A Chile le hace falta entendimiento y no tan solo ser como sociedad, una máquina repetidora de mensajes que puedan levantarnos como ciudadanos a un estatus diferente. La literatura, como el arte en general, nunca debió pertenecer a una elite y jamás debería asociarse a una educación particular, sino más bien, debería construir sociedades y trabajar en base al desarrollo del pensar.

Eso es Nicanor. Pensar, pensar y pensar.

Las letras de don Nica bailaban en la perfección de lo imperfecto. Tal y como es una sociedad en concreto. Sabía dibujar de manera correcta un Chile herido y de esa herida sembrar ideales nunca teóricamente sostenidos y que solo se cosechaban desde el ciudadano a pie, desde la simpleza del ser.

“Creemos ser país y la verdad es que somos apenas paisaje”.

Somos la práctica teórica más idiota y perfecta que pueda existir y Nicanor el mejor profesor que podía haber.

Sacaba de sus casillas a la izquierda y también a la derecha, ya que entendía que eso si que era mera poesía. Admirable su trabajo que desde lo que seguramente un Che Guevara llamaría ternura, el sostenía una revolución latente.

“…Y así fue como lo convirtieron/ de tonto inútil de la izquierda en tonto inútil de derecha”.

Nicanor es más que simples frases que nos encantan. Es más que una leyenda que hoy ya no vive. Parra es de lo que tenemos que aprender. Es un ser humano que se sabía imperfecto y que de ello, de esa simpleza y humildad, comprendía que desde ahí tan solo podía ser honesto.

Esta semana Piñera y sus ministros deberían guardar silencio y compartir un poco del legado del antimaestro. Nosotros también deberíamos hacer lo nuestro. Como un acto honesto mirarnos al espejo y concebir que somos mucho más que racionalidad banal o emocionalidad vacía.

“Porque es un hecho bien establecido que el presente no existe sino en la medida en que se hace pasado y ya pasó… como la juventud. En resumidas cuentas sólo nos va quedando el mañana: yo levanto mi copa por ese día que no llega nunca pero que es lo único de lo que realmente disponemos”.

Yo también la levanto por ti antimaestro Nicanor.


Publicista - Máster en estrategia y creatividad de marca de la Universidad Pompeu Fabra, Barcelona - Académico - Director de contenidos La vaca de ideas