Sra. Directora:

El Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile (INDH) ha estado viviendo un calvario debido a la remoción del exdirector Branislav Marelic y su reemplazo por Consuelo Contreras. Para entenderlo, volvemos a 2016, año de las últimas elecciones al Consejo del Instituto.

En 1666, con 24 años, Newton revolucionó las ciencias con el cálculo, la óptica y la mecánica. En 1905, con 25 años, Einstein presentó el efecto fotoeléctrico, el movimiento browniano y la relatividad. Ambas fechas pasaron a la historia como “años de milagros”. En 2016, con 31 años, Marelic no revolucionó los derechos humanos, pero fue elegido consejero del INDH, aprobó su examen de grado para abogado y terminó como director del mayor órgano de derechos humanos de Chile. ¿Milagro o patriarcado?

Licenciado por la Universidad de Chile, el militante del Partido Socialista se destacó como vocero de la toma de la Facultad en 2009. Por otro lado, su currículo no destacaba: una pasantía no remunerada, una reprobación en el examen de grado y una ONG sin sede.

La Ley exige que los “consejeros deberán ser personas de reconocida trayectoria en el ámbito de los derechos humanos”. Aunque “reconocida trayectoria” sea algo discutible ¿hay alguna duda que no se aplica a un abogado recién graduado?

En 2010, el INDH abrió las puertas. Su primera directora fue la abogada Lorena Fries. Ella sí, de reconocida trayectoria en el ámbito de los derechos humanos. En seis años de trabajo, no por milagro, partió del cero y tornó el Instituto en modelo para Naciones Unidas.

En 2016, el Consejo del Instituto reflejaba la política chilena. Con mayoría progresista, de mujeres y hombres, más cercana a la izquierda, y minoría conservadora, todos hombres más cercanos a la derecha. La favorita a la sucesión de Fries era la psicóloga Carolina Carrera, también fundadora y presidenta de Corporación Humanas. Todo indicaba que el resultado reflejaría la división política del Consejo. Sin embargo, reflejó la división de género.

El consejero Marelic prometió apoyo a Carrera, mientras articulaba el rechazo de los consejeros a una nueva directora feminista. Finalmente fue electo con los seis votos masculinos. La opinión pública recibió con escepticismo la noticia, pero sin cuestionamientos.

Pronto, el vino se convirtió en agua. Entre las falencias de su gestión se destacan un año de arriendo de un edificio sin uso, la toma de la sede principal por cinco meses y recursos para la apertura de dos sedes regionales perdidos.

En 2017, los tres milagros volvieron pecados. El Consejo se enteró por la prensa del uso de Carabineros para desalojar la sede central, de una presentación al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, y hasta de un viaje a Isla de Pascua. Lo que, al revés de resucitar su gestión, terminó por matarla.

En 2018, Marelic fue excomulgado antes de la mitad de su mandato. El Consejo eligió a Consuelo Contreras, fundadora y exdirectora de Corporación Opción, quien tiene más años de reconocida trayectoria en el ámbito de los derechos humanos, que los que él tiene de vida.

Inconforme, el ex director tiró la primera piedra, alegando que fuera removido por conflictos de interés en relación con la Misión de Observación al Servicio Nacional de Menores (Sename), siendo Opción el organismo colaborador que más recibe sus recursos públicos. Resulta que el foco de las acusaciones de malversación de recursos públicos del Sename son las residencias, lo que Opción no posee. El informe final fue aprobado por unanimidad, el mismo día en que Marelic no subió al cielo, responsable por el suplicio de la nueva directora en la prensa y las redes sociales.

Por otro lado, es sabido que el modelo de atención a la infancia en Chile es definido por la ley, no por ONGs. Mientras no se cree algo mejor, las niñas y niños dependen de la atención brindada por organizaciones sin fines de lucro, como la Corporación Opción.

La reconocida trayectoria del machismo en el ámbito de la sociedad hace con que la sustitución de un hombre incompetente, por una mujer con experiencia, sea un escándalo. Cualquier semejanza con elecciones presidenciales pasadas no es mera coincidencia. Luchando para recuperar la institución, su directora es crucificada sin ninguna prueba. Mientras el ex director debilita al Instituto, sin siquiera ser cuestionado por su mala gestión. Así como las mujeres son víctimas del patriarcado, por el simple hecho de ser mujeres, los hombres son privilegiados, por el simple hecho de ser hombres.

Exigir transparencia y fiscalizar la gestión pública es una cosa, el machismo es otra. A ellas debemos memoria, justicia, reparación y no repetición, conforme los compromisos internacionales en esta materia. La igualdad de género y la no discriminación son derechos humanos.