Carol Inostroza Aguirre había llegado hasta la Brigada Motorizada N°1 de Calama para cumplir con su servicio militar. Había postulado sin éxito a la Escuela de Suboficiales de Santiago, pero un retraso la dejó fuera de plazo. Un día recibió una llamada a su despacho: era el teniente Pablo Castillo Wood, oficial del Ejército.

La joven respondió las preguntas de su superior y luego, inesperadamente, el oficial se levantó y cerró la puerta con llave. Era la noche del 5 de noviembre de 2017 cuando Carol y una colega salieron de franco. Ese día, al contar que no podía dormir y que tenía problemas con dos jóvenes en el skate park de Calama, le ofrecieron una pastilla de clonazepam que ella aceptó.

A los pocos minutos comenzó a sentirse mareada y al llegar al regimiento fue derivada a la enfermería. La joven se acostó hasta que escuchó que el teniente la mandaba a llamar.

“Yo estaba de pie y no recuerdo bien, pero aparecí al lado de él en su escritorio, y en ese momento me empieza a tocar el cuerpo por encima de la ropa y a besar, no decía nada, luego me da vuelta y yo quedé dándole la espalda a él, y en eso me baja el buzo y mi ropa interior y me penetra vaginalmente”, relató la joven. Luego, le indicó que dejara su despacho.

En las semanas previas había recibido mensajes del teniente: “Deberíamos hacer un cambio, de una foto realmente buena por la guardia del sábado (…) 100% desnuda”, fue uno de los escritos que le envió a Inostroza. No era la única: en los dormitorios, era común que las conscriptas recibieran propuestas de parte de los oficiales del regimiento. 

Al día siguiente, recibió una nueva orden de visitar a Castillo: “Me dijo, textual, que se había ‘aprovechado’ del estado en el que estaba”, relató Carol.

Posteriormente, el oficial le pidió que se tomara una pastilla, que luego buscó e identificó como la píldora del día después. Entonces comprendió lo que había sucedido: “Me dijo que fue un aprovechamiento, pero él me violó”, sentenció a The Clinic.

Ocho días después del hecho, un soldado le preguntó qué le pasaba y contó por primera vez lo ocurrido. Le insistieron en que denunciara y se acercó a la Oficina de Asistencia al Soldado Conscripto (OASE) del regimiento. Al día siguiente se inició una investigación sumaria, regida por la justicia militar.

El 15 de noviembre, junto a sus padres, estamparon una denuncia en la Fiscalía Local de Calama. La institución militar la llevó recién a constatar lesiones al Servicio Médico Legal a tres semanas de haber realizado la denuncia.

“La primera vez que lo vi me quedé paralizada, lo había denunciado hace poco, y nos cruzamos en un pasillo. Él me miró, bajó los ojos y se rió. Nunca voy a olvidar eso”, recordó Inostroza.

En marzo del año pasado, el Ejército reconoció haber recibido 26 denuncias por presuntos abusos sexuales cometidos en sus filas desde el 2012. Por su parte, respondieron que la denuncia de la joven “se encuentra en proceso de revisión en la Asesoría Jurídica de la I División de Ejército”.

Tras la denuncia, Castillo Wood fue cambiado de compañía dentro de la misma unidad militar, aunque según el Ejército, se “encuentra asignado a tareas administrativas, sin mando de tropa”.