Fue en abril de 2017 que Claudio Montaño (20), más conocido como Drefquila, se subió al escenario de la Red Bull Batalla de los Gallos, el torneo más grande de batallas de rap, con el cartel de favorito para llevarse la final nacional.

Sin embargo, a lo largo de toda la competición, el resto de los raperos le recriminó por hacer música trap:

—Te las dai de que erís rapero, pero bájate de aquí porque tú solo erís trapero— le dijo Jokker en cuartos de final.

—Te fuiste para el trap, los desechos del hip hop— le enrostró Drose, el campeón de 2016, en la semifinal.

—Yo le canto a mi gente, y no voy a dejar que un trapero nos represente — le dijo finalmente Pepe Grillo, quien se coronó campeón del torneo dejando a Drefquila en el segundo lugar.

A pesar de la decepción de no llevarse ese torneo, Drefquila había lanzado ese mismo mes en YouTube la canción “A Fuego”. No estaba masterizada con grandes programas de grabación, sino que estaba hecha en su pieza con el antiguo software Fruity Loops (hoy FL Studios). Tampoco tenía un video con armas de fuego, drogas y strippers como acostumbran a mostrar otros artistas del género, sino que una simple animación de dos personajes de la serie “Hora de Aventura”. Hoy ese video supera las 13 millones de visitas en YouTube.

Para ponerlo en perspectiva -al menos en esa plataforma- con otras bandas chilenas, el canal de la popular banda Moral Distraída tiene 2,7 millones en su video más visto -“Mango con Petazetas”-; la canción de Ana Tijoux “1977” -que incluso apareció en la serie Breaking Bad- tiene 11 millones de visitas; al igual que “Para dormir contigo otra vez”, de Villa Cariño. Claro que aún todos distan mucho de las cifras de artistas chilenos y chilenas con carrera en México, como Mon Laferte o La Ley.

“A Fuego” no fue el único éxito, ya que “Ella Busca” tiene más de 7 millones de reproducciones, “Up” supera los 6 millones de visitas tanto en su versión original como en su remix con el rapero argentino Kódigo, y “Lo mío” tiene más de 5 millones. Hace menos de dos semanas subió el video de “Olvida el miedo” dirigido por Tomás “Four D” Alzamora -director de la película La Mentirita Blanca- y protagonizado por la actriz Luna Martínez y el actor Claudio Ravanal. Ya supera el millón y medio de reproducciones.

En conversación con El Desconcierto desde la tienda Vivo Hip Hop, y en el centro de operaciones del sello Euforia -fundado por Freddy Fresko, quien está presente-, Drefquila asegura que incluso si dejara de grabar mañana, ya tendría material musical para dos años. Cada vez se le ve más alejado de las batallas:

—Lo que me han entregado las batallas ha sido una energía bacán, pero a mí no me gustaba la forma de llegar a esa energía, porque tenía que batallar contra otro para que eso pasara. Entonces, cuando empecé a tocar en vivo, me di cuenta que quizás grabando canciones que en lo personal a mí me gustan, que siento que quedan bien, te van a ver, saltan, gritan, aplauden, también piden fotos. Es la misma energía, pero ya no tengo que batallar ni insultarte para que eso pase.

—¿Te defines más como trapero o como freestyler?

—Más que traper o freestyler, me siento cantante o artista. ¿Por qué no músico? Porque no sé leer partituras ni tocar instrumentos, y rapero tampoco porque sería limitarme mucho. Yo canto, eso es lo que hago.

—¿Qué críticas te valió en el mundo más hip hopero meterte en el trap?

—Fue increíble, porque yo vengo del rap city. Yo le vendía beats a raperos, diseños, después me puse a hacer freestyle. Entonces estaba inmerso por todos lados en la escena. Cuando di la cara con el tema del trap -y no es que yo sea el primero, jamás- me tocó recibir las primeras críticas de todos esos raperos, de que el trap no era música, de que el autotune no valía, de que me creía Arcángel, después Bad Bunny.

—¿En qué sentido te limita?

—Es que yo creo que el rap los beats son los limitados, pero uno juega ahí como puede. En cambio en el trap puede ser rápido, fuerte o bajo.

— Tú has incorporado ritmos brasileños en Dolce Beijo.

—Es que esa es mi búsqueda como de científico loco. Me considero un estudioso de la onda, siempre estoy atento no solo de los artistas sino que de la moda del trap. Yo empiezo a decir “ya, qué onda, qué me gusta fuera del trap, de mi zona de confort”. A mí me gustaba mucho la onda de Brasil, desde el bossa nova, la samba, hasta el trap brasileño es muy rico. Entonces grabarlo allá con esa vibra fue bacán.

—Y respecto a las letras, ¿qué temas quieres abordar este año?

—Yo soy bien freestyler para vivir jaja. Sin embargo, tengo la mirada puesta en temas un poco más profundos, no tan superficiales como lo que se está viendo en el trap ahora. Puede haberlas, pero ponerle una cuota de lo que te salga de adentro y darle profundidad al asunto. No darle una vuelta a la letra, sino cuatro.

—¿Cómo ves esa estética que se ha generado en torno al trap? La gente está un poco acostumbrada a ver el tema de las armas, la droga, el dinero, las strippers.

—Yo la veo válida, no la considero mala. Eso es lo que se hizo viral, lo que la gente conoce y gracias a eso tildan el trap de cierta forma. No le podemos echar la culpa a esos artistas de que el trap es esto o esto otro, sino que es de la gente que cree que es eso y no investiga bien. Ahora algunos aún no estamos tan arriba, pero tenemos la oportunidad de hablar de otras cosas. No te estoy diciendo poesía o que seái el Pablo Neruda del trap, pero sí un poco más de ingenio y no tocar los mismos temas, las mismas letras, los mismos personajes siempre. Eso aburre a cualquiera.

—Una de las críticas es que las letras y videos son muy machistas.

—Es que mira, dicen que las letras son machistas, pero mira cuántas mujeres escuchan trap. Hay letras que sí son machistas, que ven a mujeres como objetos, pero sin embargo hay mujeres que siguen a esos artistas y los aman. Yo creo que a veces hay un doble estándar.

—En el mundo del hip hop también ha habido fuertes episodios de machismo e incluso ha traspasado lo musical, como el caso de Tea Time.

—O sea, alguien que maltrate a una mujer de la forma que sea, psicológica o físicamente, no se merece el respeto de nadie.

—La otra crítica que se hace al trap es esto de venerar la delincuencia. 

—Es que mira, por más que se critique esto, los raperos, traperos y reggaetoneros no lo van a dejar de hacer. Ellos están ganando dinero, se están forrando. Hay que tener criterio. O sea, ves y dices “el cantante trapero que tiene mucho dinero”. Pero oye bro, estái hablando de alguien que es conocido mundialmente. Tienes que tener la humildad de decir “si yo quiero eso, tengo que luchar para eso”. No te vai a creer Bad Bunny o Anuel porque ellos te dicen que tenís que robar y luego lo haces. Yo creo que la gente que replica eso es la gente que no domina el ego. Dicen “ah, yo voy a ser como él” y ahí empiezan.

—¿Qué tan real es esa estética del trap?

—Es que para hablar de trap hay que mirar a Norteamérica. Allá los videos son ostentosos, con joyas. Pero hermano, están en Estados Unidos, tienen toda la industria y la plata para hacerlo. Acá en Latinoamérica se replica eso de que mueven kilos (trafican droga), que tienen una industria de cocaína. Yo siempre he dicho que el que es “the real” no lo canta. No tiene ni tiempo para cantarlo ni es suficientemente estúpido para decirlo en una canción jajaja.

—A ti te ha gustado irte por otra estética, ¿cómo la fuiste definiendo?

—Es que yo no puedo escribir de algo que no soy, no me puedo mentir. No voy a andar diciendo que tengo joyas, porque no tengo. Qué flojera tener que andarme consiguiendo joyas para un video o decir “oye, sabís que dije en una letra que tenía unas (zapatillas) Jordan… ¿me prestái unas por favor?”. ¡Nooo! Mal ahí hermano jajaja. Yo canto de lo que soy y de lo que sé, de lo que pensé en el día.

—¿Cuál fue tu primer tema de trap?

—Se llama Seres Habituales, que era un trap súper consciente. Hay un raperillo por ahí que me dijo que no existía el trap consciente. Yo se lo mandé y me dijo “eso no es trap consciente, eso es rap consciente a doble tempo”. Yo dije ¡qué es eso! jajaja, pero qué le vamos a hacer.

—Hay otros artistas que han dado ese giro al trap consciente.

—Yo creo que está bien, pero hay algunos a los que no les creo. Tienen que ser conscientes siempre po’, no solo en una canción o un disco, sino que en su vida. Pero no hacer temas de que estái moviendo droga, que te follái putas, que estái ganando cualquier plata, y después sacar un tema consciente…

“El Festival de Viña yo creo que si pudiera revivir artistas, los reviviría y los traería. (…) ¡Inviten a cabros nuevos!”

Si bien fue un tema de discusión en la casa de Claudio Montaño cuando contó que quería dejar su carrera de Tecnología Médica para dedicarse a la música, hoy es todo lo contrario. Su mismo padre es de los primeros en escribirle e incluso le hace críticas constructivas respecto a las canciones.

Yo temía el tema de que no podís vivir de la música, generar las lucas, pero al final dije “Olvida el miedo” (canta). Te lanzái a la vida y la vida te premia por haberte lanzado.

Tienes 20 años, ¿cómo te ves en el futuro?

Quiero estar donde están los más grandes ahora, tipo J Balvin, millones de visitas al día. Mientras más arriba, más el peso, y a mí me gusta trabajar bajo presión. Estoy entrenando la mente, el cuerpo, dominando el ego para, si llega ese momento, estar preparado.

—¿Y ambiciones dentro de Chile? Por ejemplo, el trap aún no llega a los festivales grandes.

—Esa es mi misión, ese es el camino. Yo pretendo posicionar el trap, o más que el trap la música urbana, hermano. O no sé si música urbana, yo hago música. Mi idea es posicionar el trap en esos festivales grandes. Se lograría mucho en el Festival de Viña, en Lollapalooza, sería formidable.

—¿Crees que hay una visión muy anticuada en el Festival de Viña como para abrirse a este estilo?

—Ohh hermano… el Festival de Viña yo creo que si pudiera revivir artistas, los reviviría y los traería. Porque ahhhh, es increíble. ¡Inviten a cabros nuevos! A los movimientos, y a mí de pasadita jaja.

—¿Cómo es el camino para llegar a eso?

—El mismo de siempre, es derecho. Esfuerzo y disciplina.

—¿Recuerdas un momento de especial esfuerzo?

—Es que te voy a hacer una confesión: yo soy súper flojo, jajaja, no no, pero bendito. Siempre hablo de Dios, porque me ayuda mucho. Nunca he tenido que luchar con todas las fuerzas, pero me la creo. Cuando escucho lo que estoy grabando, salto solo en mi pieza, rompo cosas. Al final se trata de creer, nada más.