A raíz de lo acontecido esta semana con nuestro insigne humorista Checho Hirane, quien teme que cambie su raza por el ingreso de inmigrantes al país, han surgido en redes sociales algunos defensores de la patria que defienden tras pantalla posturas como esta y lo que es más preocupante aún, buscan potenciar e identificar mayores argumentos -igualmente ignorantes- para sostener frases como la declarada por don Sergio.

No me extraña que en nuestra sociedad reluzcan personas tan egoístas, mezquinas e ignorantes. Finalmente bien sabemos que somos el reflejo de una educación pobre, de una identidad que se construye al ritmo de consumo y una sociedad que nunca ha asumido nada.

Somos un pueblo que aún damos cabida a personas que creen que en la discriminación existe un espacio para establecer patrones dominantes y que no hacemos nada para cambiar un sistema que nos condiciona a desarrollarnos por lo que podemos parecer por sobre lo que somos realmente.

La discriminación termina siendo la demostración de ignorancia máxima, a niveles tanto de quien la comete de manera activa, como así también quienes callan y prefieren reservar su opinión transformándose en un lindo cómplice pasivo.

Chile, sociedad de cómplices pasivos adoradores de activos ignorantes.

Terminamos constituyendo una población tan ignorante que nuestras justificaciones se basan en postverdades totalmente absurdas y lo que es peor, uno puede mencionar que dicha aseveración no es cierta, pero finalmente la masa manda y si la masa declara la mentira verdad; la verdad está dicha.

Ignorantes y miedosos. Ya que bien sabemos que la delincuencia siempre ha existido en el mundo y aún así se utiliza como excusa para culpar al hermano extranjero de su visita. Los llaman delincuentes, violadores y traficantes. Los “chilenitos” más buenos que el pan, sanos como lechuga y pobres que han sido invadidos por extranjeros.

Mestizos que sueñan con ser escandinavos. Manojo de ridiculez, masa de miedo con temor a ser colonizados por pencas, fomes, flojos e ignorantes.

Deberíamos agradecer a los hermanos de otros países que eligieron este culo del mundo para encontrar una nueva oportunidad. Nos traen mucho más de lo que nosotros hemos sido capaces de dar. Nos traen cultura y de ellos podemos aprender de identidad. Nos traen conocimiento y otras razones por las cuales luchar. Pero, ¿Para qué aceptar? ¿Para qué darle el espacio a alguien más?

“Nos vienen a quitar la pega”; “Mano dura con estas lacras y fuera del país”; “Esto puede cambiar la raza”. Han hablado los blanquitos, los trabajadores esforzados y profesionales honestos que de punta en blanco hacen de este territorio una maravilla.

Mano dura con quienes desde su temor pendejo justifican abusos y discriminación con nuestros hermanos del mundo. Mano dura con quienes cultivan la ignorancia tan solo por miedo al mañana.

Durante años hemos sido un país golpeado en reiteradas ocasiones. Sacrificado pero aún así interesado. Interesado en ser lo que nunca quisimos ser. Nos encaminamos en transformarnos en una sociedad despreciable y aislarnos aún más de un mundo que mejorará no con separaciones, sino que asumiendo y aceptando que somos todos independiente la condición en la que nos encontremos; iguales.

Debemos mirarnos a los ojos de una vez por todas y comprender que el desarrollo se basa en la aceptación y no en el odio. En la ayuda y no en la tontería. No aceptemos que la ignorancia voluntaria, apoyada desde el miedo, perjudique una oportunidad perfecta para transformarnos en una sociedad mejor.


Publicista - Máster en estrategia y creatividad de marca de la Universidad Pompeu Fabra, Barcelona - Académico - Director de contenidos La vaca de ideas