Desde el triunfo holgado de la derecha para las elecciones presidenciales, como homosexual, que vive en una comuna de la periferia de Santiago; situado en un contexto interseccional de discriminaciones ya sea por, orientación sexual, género, clase, por color de piel, llamo a la reflexión: ¿Cómo, desde el movimiento por los DD.HH. y por las libertades civiles, nos re articulamos?

Si pensamos en las designaciones que realizó el especulador financiero/actual presidente electo, vemos a una derecha neoliberal sin complejos. Con designaciones de ministros emblemáticamente comprometidos a defender el modelo de sociedad que la derecha viene implantando desde la dictadura, pactada y consensuada con la ex Nueva Mayoría.

En un mundo en donde lo neoliberal pasó a incluir políticas de redistribución para eliminar la desigualdad, en donde el llamado “primer mundo” camina hacia mayores libertades. En Chile, se intenta defender el legado de la concentración de riqueza no el 10% más rico, sino en el 1% en desmedro del restante 99%. Y la batalla no es solo económica, sino cultural.

Si eso lo llevamos a la lucha por los derechos civiles de la comunidad LGBTIQ+ el panorama es igual o peor. Ni siquiera estamos en la agenda política. Cecilia Pérez ya declaró que Matrimonio Igualitario “no es un compromiso” de la administración entrante. ¿Y qué pasa con la Ley de Identidad de Género que al parecer ya murió en el Congreso?

Teníamos un candidato que proponía matrimonio igualitario con derecho a adopción, Ley de Identidad de Género que incluyera la infancia trans, reforma a la ley antidiscriminación incluyendo una institucionalidad que educara y previniera la discriminación arbitraria. Pues bien, ese candidato no ganó. En su lugar fue electo un presidente que no proponía absolutamente nada en estos temas, sino que negaba abiertamente derechos a todo ciudadano de nuestra comunidad.

Que los trans son una “cosa que se pasa con el tiempo” declaró, patologizando dichas identidades; que el matrimonio de personas del mismo sexo no es matrimonio, porque no pueden procrear. Como si el acceso a los derechos tuvieran la contraprestación de traer otro individuo al mundo, como si la fecundación fuera un elemento de la esencia, como requisito del matrimonio, en circunstancias que nunca ha sido así, sino solo uno eventual.

En este país, el que marca la agenda legislativa y sus tiempos, es el Ejecutivo. Vamos a tener 4 años más de este tipo de negacionismo a los Derechos Humanos de cuerpos históricamente conculcados, flagelados por la homofobia, la transfobia, la misoginia. ¿Cómo nos re articulamos?

El llamado básico es salir a la calle, marchar cada vez que se convoque, ocupando los espacios públicos con nuestro derecho a gritar por un trato ni mejor ni distinto, sino que igual a mi compañero de trabajo, que a mis pares. A ser más visibles que nunca, a educar al que está al lado a que estos temas en el mundo occidental ya el consenso científico y político lo viene resolviendo desde que se dejó de considerar una enfermedad el no ser hetero en 1973. De eso ya más de 45 años mientras Chile sigue sumergido en la ignorancia violenta del odio hacia lo “diferente”

Pero necesitamos marcar la agenda y luchar no solo por libertades, sino también por derechos comunes que nos tocan a todos, como las demandas estudiantiles, migratorias, feministas, de clase/obreras. Porque yo no solo me quiero casar sino quiero que a mí y a cualquier hermana trans o lesbiana, nos dejen vivir con el mismo acceso a los Derechos, que el resto de la población. Y como fin último, no nos maten en las calles.


Egresado de Derecho, feminista activista LGTBIQ+