Este lunes 2 de abril se celebra el Día Mundial del Autismo, un trastorno en el que, a pesar de los grandes avances de las últimas décadas en investigación, su origen sigue siendo totalmente desconocido.

El autismo o Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) se refiere a un conjunto amplio de condiciones que afectan al neurodesarrollo y al funcionamiento cerebral. Las personas que lo padecen sufren dificultades en la comunicación e interacción con los demás, así como en la flexibilidad del pensamiento y de la conducta de la persona que lo presenta.

Según la Organización Mundial de la Salud, uno de cada 160 niños tiene un TEA y sus síntomas suelen comenzar en la infancia y persistir hasta la adolescencia y la edad adulta. Otras estimaciones hablan de que puede afectar a uno de cada 68 niños en edad escolar.

Una manera sencilla de entender a las personas con esta condición es conociendo la vida de Sam Gardner (Keir Gilchrist), el adolescente protagonista de la serie de Netflix “Atypical”. La serie, estrenada en 2017, narra la vida de un chico de 18 años diagnosticado con trastorno del espectro autista (TEA) de altas funcionalidades y de lo que esto supone para su familia y entorno. Sus altas capacidades le llevan a querer cumplir un sueño que a la vez se vuelve un reto importante, e incluso obsesivo, para una persona con su trastorno: encontrar polola.

El trastorno del joven no le permite entender las frases hechas, las metáforas o las exageraciones.

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“Soy extraño. Es lo que todos dicen [en la escuela]. A veces no sé qué quieren decir las personas y eso me hace sentir solo, incluso cuando estoy acompañado. Lo único que puedo hacer es sentarme y jugar, que es como llamo a mi comportamiento de auto estimulación: golpear un lápiz contra una goma elástica con cierta frecuencia. Pienso en las cosas que jamás haré como investigar pingüinos en la Antártida o tener novia. Terminé mi respuesta”, dice Sam a su psicóloga Julia en la ficción.

Este es el sentir de muchas personas autistas, aunque no se trata de una regla para todos los casos. De hecho, el perfil de Sam se relaciona con el nivel 1 del autismo, el funcional. Quienes lo padecen tienen dificultades en las interacciones sociales. La organización es el secreto para su autonomía o independencia.

Además, existen otros dos niveles más. Las personas que sufren el nivel 2 necesitan ayuda notable para mantener la calma. Algunas de ellas tienen dificultades de comunicación verbal y no verbal. No les gustan los cambios y su comportamiento es repetitivo. En el nivel 3, no comprenden instrucciones y les dificulta tener una comunicación clara. Se han presentado casos de niños con autolesiones, pero según los expertos esto no es un indicador del TEA.

Los pacientes de nivel 2 y 3 podrían presentar enfermedades como epilepsia, retraso mental, parálisis cerebral o trastornos del lenguaje.