A sus 25 años, la joven sudanesa Salma al-Majidi se convirtió en la primera mujer en entrenar un equipo de fútbol masculino en el mundo árabe, según reconoció la FIFA. La mujer está al mando del club Al Ahly Al Gadaref, de la región sudanesa de Gadaref, al este de Jartum.

El conjunto la llama cariñosamente “hermana entrenadora”. La joven es hija de un policía jubilado y a los 16 se enamoró completamente del fútbol, al ver cómo un entrenador del equipo de su hermano dirigía a los pequeños.

Atenta a las consignas, los gestos y prácticas del entrenamiento, la joven se quedó a cada final de las sesiones de preparación para hablar con él sobre las técnicas utilizadas para enseñar a los deportistas.

Sin embargo, en su país aún no hay equipos femeninos, razón por la cual Salma entendió que la única manera de practicar su deporte favorito era dirigiendo a un conjunto masculino.

“Aún no hay espacio para el fútbol femenino en Sudán”, explica. El entrenador de su hermano, en tanto, vio que “tenía un don para el entrenamiento” y la invitó a trabajar con él. Primero empezó por entrenar a dos equipos juveniles del Al Hilil, un club de Omdurman.

No fue sencillo: “Al principio, algunos jugadores no colaboraron conmigo solo porque yo soy mujer”, cuenta la joven. Su sueño es que el país tenga algún día un equipo de mujeres y poder llevarlas a ellas  a lo más alto. También le gustaría poder entrenar en el extranjero, ya que, según admite, “el fútbol es mi primer y último amor”.

Al Nasr, Al Nahda, Nile Halfa, Al Mourada fueron otros de los equipos que entrenó antes de llegar a su actual club. En Sudán, pese a que no existe ninguna ley que prohíba el fútbol femenino, sí existen una serie de acuerdos implícitos que hacen difícil su práctica y fomento: “Hay restricciones para el fútbol femenino, pero estoy decidida a triunfar”, adelanta Salma.

“Había un muchacho que rechazaba escucharme. Me había dicho que pertenecía a una tribu que creía que los hombres nunca deben aceptar órdenes de las mujeres”, cuenta, señalando que tuvo que esperar unas meses para que él comenzara a atenderla.

Del mismo modo, Majid Ahmed, delantero del equipo dirigido por la joven, cuenta que la gente los molestaba en la calle y les llamaban “Hijos de Salma”: “En la escuela tenemos mujeres profesoras, ¿cuál es el problema en tener una mujer entrenadora?”, preguntó.

Para ella también fue difícil que su familia aceptara su oficio, pero Salma cuenta que todos cambiaron de opinión cuando escucharon que la galería coreaba su nombre. Hoy, cuenta, le rezan a Alá para que la ayude.