Su presentimiento no falló: sería un niño. Los médicos se lo confirmaron y Estefanía Cabello recibió con tremenda alegría la noticia. A los 22 años, y junto con su compañero Miguel, sería mamá de su primer hijo.

Curicana de toda la vida, recién había terminado su práctica como educadora de párvulos en la escuela Los Cristales de la ciudad y dentro de poco se iba a titular. El final de su etapa como estudiante coincidió con el primer embarazo, que llegó después de un año de pololeo y varios meses de convivencia.

Cuando todo pasó, Estefanía tenía 18 semanas de embarazo.

El pasado 1 de abril, la joven se encontraba en casa de la familia de su pareja cuando fue al baño y se dio cuenta de que estaba sangrando. Su embarazo era de alto riesgo y fue complicado desde el principio: tenía vómitos, malestares y la habían diagnosticado con desnutrición proteica. Cada vez que se encontraba mal, acudía al Hospital de Curicó. Pese a que había recurrido ya varias veces al servicio, nunca había pasado a mayores.

Sin embargo, esta vez fue distinto. Cuando llegó al establecimiento de salud para descartar cualquier pérdida, los médicos le confirmaron que había sufrido una de una rotura de membrana.

“Ingresó por pérdida de flujo genital (sangrado). Se identifica una rotura prematura de membrana y, por tanto, la condición clínica en ese momento hace absolutamente no viable el parto. Sin embargo, la conducta que tuvimos desde el punto de vista técnico fue expectante, lo que significa hospitalización, reposo y antibióticos para prevenir una infección ovular”, explicó el director del Hospital, Jorge Canteros, en una comparecencia ante los medios al día siguiente de la muerte de la joven.

Esa versión coincide con la de la hermana mayor de Estefanía, Nicole Ponce, quien confirma a El Desconcierto que los médicos la hospitalizaron “porque podía entrarle una infección”. Y de hecho, eso fue lo que terminó pasando y lo que provocó el trágico desenlace.

Según el relato de la hermana, “la infección llegó durante los primeros días del ingreso y, pese a que se la controlaban con antibióticos y penicilina, volvía. Por eso, los médicos le advirtieron de que si permanecía habría que interrumpir el embarazo”.

Así pasaron 10 días de hospitalización durante los que la paciente siempre estuvo sometida a tratamiento médico y en manos de los profesionales del Hospital. “La niña tuvo una evolución adecuada y el objetivo fue sostener en lo posible el embarazo hasta llegar a un período de viabilidad que estimamos al menos de hasta 24 semanas”, dijo Canteros en referencia a los días previos a las complicaciones. Y agregó: “Se mantuvo una conversación permanente con la paciente y su pareja explicándole las dificultades y riesgos que eso significaba. Junto con el equipo, se optó por mantener ese embarazo en esas condiciones”.

El panorama empeoró la tarde del martes 10 de abril. Nicole la había visitado a las 16:30 horas, y se quedó tranquila: “Estaba muy bien”, asegura. Luego, todavía no entiende cómo, en dos horas todo cambió: “A las 18:30 horas nos mandó un mensaje diciendo que estaba mal y que rezáramos mucho por ella porque se había agravado, que la infección ya había pasado al bebé, y que al otro día tenían que sacarle la guagua”, recuerda.

Según la versión de la familia, desde este momento hasta que le practicaron el aborto pasaron unas 10 horas, en las que todavía no han podido esclarecer con detalles qué fue lo que pasó. Su madre fue la última de la familia que la vio y pudo conversar con ella. Llegó al Hospital a la 1 de la madrugada y rápidamente se dio cuenta de la gravedad de la situación. Luego, ya a las 3, la comunicación fue a través de mensajes. Estefanía le mandó los últimos textos a su madre y pareja: “Era una despedida, como un presentimiento de lo que le iba a pasar”, dice Nicole.

“A las 4 de la mañana se la llevaron al pabellón y cuando nosotros llegamos al hospital a las 8 de la mañana día siguiente [miércoles 11 de abril] la sacaron de allá. Estuvo varias horas en la UCI y murió. Cuando la vimos ya nunca fue con los ojos abiertos”, revive la hermana.

Los interrogantes

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El Hospital de Curicó explicó que la situación se complicó cuando la paciente comenzó con fiebre alta. “Eso, para nosotros, era una condición que ya habíamos conversado con la familia y la pareja, de que era una señal de alto riesgo y por tanto estábamos obligados a interrumpir el embarazo”. El doctor Canteros detalló que la joven fue trasladada al área de Preparto, donde tuvo el aborto, y recalcó que “previamente el feto mantuvo siempre actividad vital”. Según su versión, el aborto resultó “incompleto” por lo que tuvieron que “limpiar” la cavidad uterina, lo que se llevó a cabo en el pabellón. “En ese escenario, la paciente no tuvo una recuperación adecuada y mantuvo pérdida de flujo sanguíneo. Ahí se decidió que no había otra opción que extraer el útero”. Finalmente, le practicaron una “reexploración quirúrgica”, en la que participaron cirujanos y obstetras. Según el doctor, “no se encontró ninguna complicación quirúrgica, y luego la paciente fue a la Unidad de Pacientes Críticos, donde falleció, lamentablemente”, aseveró.

Pero el discurso del director del hospital no convence en absoluto a los familiares, quienes plantean dudas sobre el caso y acusan al establecimiento de presunta negligencia. La hermana de Estefanía insiste en que quien infectó a la mamá fue el bebé y se preguntó “por qué esperaron tantas horas en sacárselo, provocando que la infección se agravara. La denuncia de Nicole es clara: “Nosotros privilegiamos siempre la vida del bebé, pero en este caso mi hermana estaba en riesgo”. En su opinión, “ellos [los médicos] querían que la guagua saliera sola, por eso esperaron y la infección llegó al cuerpo de Estefanía”. Nicole asegura que no pone en duda que “en la UCI intentaron salvarle la vida”, sin embargo, su cuestionamiento se enfoca en los momento y días previos al final: “Estefanía ya venía grave desde maternidad”, señala.

La hermana también critica que nadie les ha dado una explicación detallada sobre los hechos que ocurrieron durante la madrugada, desde que los médicos interrumpieron el embarazo de la joven hasta la mañana: “No sabemos si le hicieron cesárea o no, no tenemos ni idea de cómo le sacaron el bebé, si estuvo consciente o no en ese momento, ni qué pasó en el transcurso desde que la llevaron de maternidad a pabellón”.

Preguntado sobre las acusaciones del entorno de la chica, el doctor Canteros rebatió que “ella y su pareja fueron informados de los beneficios y riesgos”, y agregó: “No tenemos potestad de tomar decisiones a priori. Hay un feto en formación vivo y se opta por darle la oportunidad de desarrollo mientras no aparezcan condiciones objetivas que signifiquen que el riesgo para la madre es mayor que la conducta expectante. Cuando esto ocurrió se interrumpió”, argumentó.

Según consta en el certificado de defunción, Estefanía murió a causa de un aborto séptico, es decir, complicado por una infección genital muy grave.

¿Negligencia médica?

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Sea como sea, lo que ahora espera la familia es que se investigue la muerte de la mujer. El director del Hospital de Curicó terminó su punto de prensa anunciando la realización de “una auditoría de muerte materna”, de la cual se encargarán los equipos del establecimiento, y cuyos resultados se enviarán al Servicio de Salud, a la Seremi e incluso, al Minsal. Además, indicó que el hospital llevará a cabo dos auditorías más: una desde el Departamento de Calidad para ver “qué pudimos haber hecho distinto o mejor”, y la otra del Departamento de Auditoría “donde se recibe un asesoramiento de personal externo a la institución”, apuntó.

Desde la Corporación Humanas, que en las últimas horas se ha interesado en el caso y está asesorando a la familia, la abogada Camila Maturana destaca la importancia de que “exista una investigación transparente de todo lo que ocurrió, que la familia tenga la tranquilidad de saber lo que pasó”. Y añadió: “Lo prioritario es saber cuál fue la atención médica que esta mujer, que cursaba un embarazo de alto riesgo, recibió y especialmente a partir del primero de abril, cuando fue ingresada”.

No es la primera vez que este recinto hospitalario es señalado por prácticas presuntamente negligentes. En los últimos años han habido varios casos que han llegado a la prensa. En 2015 se conoció el caso de un bebé de un año a quien se le distribuyó por vía intravenosa leche en vez de suero, en 2016 la muerte de una niña tras una operación de amígdalas o, más recientemente, la revelación del parte médico de la niña que fue secuestrada en febrero en Licantén.

Las pesquisas sobre la muerte de Estefanía debieran de poder aclarar interrogantes como el tipo de infección que tuvo, la adecuación o no del tratamiento que recibió, qué monitoreos fetales se hicieron o si se aplicó correctamente la “Norma Técnica Nacional de Acompañamiento y Atención Integral a la Mujer que se encuentra en alguna de las tres causales“, entre otros.

Otra de las claves del caso de Estefanía pasa por esclarecer qué tanta claridad e información se entregó a la joven y a su familia sobre el riesgo en el que se encontraba no sólo el bebé, sino también la madre; y si, ante la gravedad de la situación, se le planteó la posibilidad de interrumpir el embarazo.

Más debate sobre objeción

El caso de la curicana llega en medio de la polémica aplicación del Protocolo de Objeción de Conciencia de la Ley de Aborto en 3 causales, por la que muchos de los profesionales de establecimientos públicos y privados se han acogido a la objeción individual, sobre todo en la causal de violación.

El número de profesionales objetores del Hospital de Curicó no ha trascendido pero la muerte de Estefanía ha encendido aún más las alertas sobre eventuales incumplimientos de la aplicación de la nueva ley. “Nos preocupa que Chile cuente con las garantías de que la ley que permite el aborto en tres causales se cumpla en todos los establecimientos de salud”, precisa Maturana.

Sin embargo, organizaciones como el Colectivo de Mujeres de Curicó, que se querellará contra el establecimiento, y la Mesa de Acción por el Aborto han sido más categóricas a la hora de opinar sobre el caso de Estefanía y aseguraron que la normativa “no se aplicó debidamente” y que “la muerte materna era prevenible”.

La hermana, que ha presentado una denuncia ante la Fiscalía por presunta negligencia del hospital, y su entorno más cercano está ahora a la espera de la autopsia. El pasado viernes, el Servicio Médico Legal acudió hasta el domicilio donde era velada la chica para retirar el cuerpo, por lo que los funerales previstos para la jornada quedaron suspendidos.

La prioridad para la familia es ahora recabar datos e informaciones que permitan entender qué le pasó a Estefanía. Entender para asumir, aceptar y, si es el caso, buscar justicia.