La ley de Identidad de Género que se está discutiendo en el Congreso ha permitido dar cuenta de una serie de argumentos que ponen de manifiesto el modo en el cual la derecha chilena entiende el mundo trans desde una postura que patologiza a los sujetos.

Diversos han sido los medios en los cuales la derecha ha tratado de hacer parecer sus conservadores argumentos, como una real defensa de derechos. Es así como la discusión por el ser trans y su legítima defensa, se ha mareado en discusiones desde religiosas hasta pseudocientíficas. Todo en el intento de tratar de justificar una decisión política que excluye a personas de la posibilidad de exigencia de sus derechos, en vez de promover una forma de vida en la cual todas las formas de ser en el cuerpo tengan cabida en un sociedad libre y plural.

Así las cosas, una de las argumentaciones que más se ha usado por el mundo conservador tienen que ver con considerar desde el inicio de la discusión una interpretación del ser trans como patológico. En esto destacan dos argumentos, por un lado desde lo psiquiátrico, y por otro el desde lo endocrinológico. Ambos usados al fin, no dentro de una real discusión científica –psiquiátrica o endocrina-, sino como herramienta en la justificación mañosa de una visión conservadora de lo Trans, que por cierto tiene de fondo el modo religioso de entender lo que somos.

En el argumento psiquiátrico, que usa una senadora, aparece la posibilidad de que lo trans “se recupere de manera espontánea con el aumento de la edad de los sujetos”. Argumento que además usó el actual presidente. Este argumento supone por un lado que lo trans es posible de reducir a lo que en psiquiatría se conoce como “disforia de género”, es decir, en el ámbito de las patologías psíquicas.  El problema está en que no todo lo trans se reduce a la presencia de disforia de género. Aunque la evolución de aquellos cuadros psiquiátricos cuente con casos en los cuales “se resuelve”, no puede ser generalizado a todas las personas trans, en ninguna medida.

La derecha desde allí establece una confusión que hace aparecer a lo trans como un “momento”, “un proceso”, o en el peor de los escenarios “un síntoma”. Así la derecha estima que el ser de una persona, a nivel de su identidad sexual, es un mero mal funcionamiento de otra cosa, un efecto de las disquisiciones del desarrollo, y que al final “se normaliza”, en aquella lógica de lo binario hombre-mujer que, “curiosamente” coincide con su modo conservador-religioso de ver el mundo.  Desde este pensar las cosas, la derecha justifica su postura, pero lo hace confundiendo un malestar psíquico con un modo de ser de las personas. Es decir, psicopatologiza todo lo que no sea coherente con su idea de identidad sexual “natural”, usando medias verdades desde la psiquiatría.

Por otra parte, en el mismo intento usa al saber endocrinológico. Acá la discusión se sostiene en que desde aquel saber, se pueda “definir el momento en el cuál el tratamiento hormonal es mejor para ayudar al cambio sexual”. La discusión instala el problema en el determinar cuándo es necesario permitir o ayudar a los cambios de diferenciación sexual anatómica, asumiendo con esto que el problema de las personas trans se finaliza, una vez que ellos terminen su “caracterización sexual” acorde a su ser individual y su identidad. Esto de nuevo supone que las personas trans están en “anormalidad” ya que no han terminado de desarrollarse o definirse, negando que la transformación anatómica solo es una opción a las que las personas acuden, no siendo el único destino. Allí de nuevo el carácter conservador muestra que no considera nada fuera del marco normativo binario de hombre-mujer, ya que suponen que las personas trans están sólo en un “tránsito” hacia la “normalidad”. Acá de nuevo aparece la idea de que deben ser ayudados a “normalizarse”, haciendo pasar una opción personal, como un destino único y necesario.

A pesar de los tiempos que corren, la derecha sigue pensando a lo diferente como negativo, instalado la idea de que las personas trans están enfermas, que necesitan ayuda para estar bien, que su dolor es producto de su “desviación”, y que por tanto el mejor camino para ellos es la “normalización” de su ser persona.

Lamentablemente en esta discusión política, una vez más vemos como los intentos por mantener la injustica tal y como es hasta ahora, tiende a deformar los argumentos, a las opciones, y lo que es peor, a las personas, que muchas veces, arrinconadas frente a un mundo que les hace creer que no son “correctos”, ven a su vida como un problema irresoluble, y que en las peores consecuencias hace al riesgo de suicidio, en las personas trans, una realidad.


Psicólogo.