La violencia infligida por la pareja es una de las formas más comunes de violencia contra la mujer y se expresa en diversos aspectos de maltrato físico, psicológico, económico y sexual de parte de un compañero íntimo.

Pese a que se trata aún de un tema tabú, la existencia de violencia sexual al interior de las relaciones también es un problema frecuente y se evidencia en agresiones o abusos. Según el análisis de la Organización Mundial de la Salud a los datos de más 24 mil mujeres de 10 países, hasta un 59% de las entrevistadas indicaron haber sufrido violencia sexual por parte de su pareja en algún momento de sus vidas.

Estudios de demografía y salud aplicados en diez países también dan cuenta de que la violencia física o sexual infligida por la pareja e informada a las autoridades oscila entre un 17% en República Dominicana y 75% e  Bangladesh.

Los análisis dan cuenta de que a menudo coexisten diversos tipos de violencia y que la agresión física va, a menudo, acompañada del abuso sexual y el maltrato psicológico. Según el trabajo multipaís de la OMS, entre el 23% y 56% de las mujeres que alguna vez habían sufrido violencia física o sexual infligida por sus parejas informaron haber padecido ambas formas.

Lucía, quien prefirió ocultar su verdadera identidad, sufrió violencia sexual de parte de su novio. Estaba borracha una noche y le anunció que se iba a dormir. Sin embargo, él decidió penetrarla vaginalmente sin preguntarle si estaba de acuerdo.

“No fui consciente de los abusos en el marco de mi relación hasta que pasó un tiempo”, explicó la joven a Playground. Pese a lo peculiar que pueda parecer, la OMS asegura que 1 de cada 5 mujeres sufre abusos o agresión sexual al interior de su relación de pareja. 

El organismo señala que este tipo de violencia en la mujer puede tener diversas consecuencias negativas para su sexualidad, como embarazos no planeados ni deseados, abortos inseguros, infecciones de transmisión sexual -incluido el VIH-, enfermedad pélvica inflamatoria, infecciones urinarias y disfunción sexual.

Además, la OMS puntualiza que se pueden provocar “infecciones de transmisión sexual resultantes de un coito forzado físicamente en el matrimonio, o efectos indirectos, por ejemplo menoscabo de la capacidad de la mujer de negociar con la pareja el uso de anticonceptivos o condones”.