Con  la creación de iniciativas como las del Sello ProPyme, en Chile, en su momento,  se deseaba enfatizar y destacar el compromiso de las empresas de pagar oportunamente y en no más de 30 días a sus proveedores, lo cual ha sido un muy buen avance y una buena política de gestión y de respeto al trabajo de proveedores y suministradores y muchas empresas han logrado este Sello que significa un gran paso, dado el trato, muchas veces vejatorio,  de no considerar o importar las necesidades de proveedores de poder mantenerse, existir, trabajar adecuada y ordenadamente y no subsistir con la persistente angustia de disponer de un flujo de caja incierto, en que no se sabe cuándo lo proyectado se concretará, de acuerdo a necesidades. Pero las preguntas hoy son otras: ¿Es esto suficiente? ¿Qué significa una gestión ética de suministros? ¿Qué es aquello que debemos cuidar, en nuestra relación con los proveedores o suministradores si es que, además de ser agentes imprescindibles en nuestra cadena de valor, para producir un bien o servicio determinado, tras ellos hay personas, familias, necesidades y empresas o emprendimientos valiosos a considerar?

Desde la propuesta de la Economía del Bien Común (EBC)  que conecta valores esenciales, como la Dignidad Humana, la Solidaridad, la Sostenibilidad Ecológica, la Justicia Social y la Participación, con cada uno de los grupos de contacto o “stakeholders” de una empresa u organización y de entre ellos, entendiendo que un espacio fundamental, lo tienen los proveedores, debemos considerar que si queremos tener empresas sostenibles y basadas en ética de gestión, entonces es necesario preguntarse: ¿cuál es la preocupación que se tiene en considerar las condiciones de laborales, de seguridad, de respeto al medio ambiente, de impacto en comunidades y entorno de los proveedores con los que elegimos trabajar? ¿De verdad nos importa todo esto o solo buscamos el mínimo costo?  Años atrás, una buena evaluación de proyectos, nos indicaba  que lo relevante era la búsqueda de minimización de costos, para lograr la máxima utilidad o rentabilidad posible,  pero sin importarnos quienes estaban detrás de esos proveedores o su impacto en la sociedad y el medio.

Hoy, dada la importancia creciente de demostrar un compromiso con el Desarrollo Sostenible y sus objetivos transversales, se hace necesario y es lo verdaderamente profesional y serio, ir mucho más lejos y de verdad. Hay consumidores que lo requieren cada vez más y con más fuerza y exigen una demostración clara de cuál es la coherencia de una empresa y conocer como está constituida esa cadena de valor. Si es que el trato como empresa con estos proveedores es respetuoso, fomenta el diálogo, hay transparencia y si se evalúa a los proveedores con iguales parámetros, y entonces, esto nos lleva (como ya lo hace el Comercio Justo o Fair Trade a nivel mundial) a relevar la cadena de valor y que ésta sea sostenible.

Entonces una buena y moderna evaluación de proyectos, no sólo considera minimizar costos por esa vía, sino que, escoger proveedores algo más caros, quizás y no los de más bajos precios, pues al hacer una revisión de estos, podemos identificar sus prácticas y escoger a aquellos que más contribuyen al bien común, y respetan estos valores a los que hacemos mención. Hay ejemplos notables de empresas en Europa y vamos avanzando en Chile, en compañías que si les preocupa entrar más de fondo en esto y que luego, en sus estrategias de marketing y venta, puedan destacar esas consideraciones reales y constatables, lo que redunda en la satisfacción de un consumidor cada vez más exigente e informado y que al disponer de información adecuada es capaz de elegir los productos y servicios que más colaboran a este bien común deseado. Esto es hoy una tremenda oportunidad para las empresas, el demostrar su compromiso real con un desarrollo más sostenible y asegurar a los consumidores que su cadena de valor contiene componentes éticos o está en vías de serlo y que con los proveedores se logra un compromiso de largo plazo, es decir los productos o servicios que se ofrecen como empresa, tienen suministradores con nombre y apellido y que no se cambian ni modifican porque aparece uno más barato, sino que se construye con ellos una relación virtuosa y de largo plazo. Este aspecto, bien comunicado a un público disponible a saber más, le es tremendamente relevante, pues así sienten que, desde su mirada de consumidores pueden contribuir a un mejor mundo.

En un reciente estudio realizado por Proqualitas, constatamos que el 53% de las personas entre 36 y 45 años, siempre y/o casi siempre, les interesa conocer el origen de los productos y servicios y que son capaces de tomar decisiones favorables, en la medida que disponen de información, por tanto, pagar mejor a proveedores, seleccionar a estos de acuerdo a sus prácticas respetuosas con las personas, las comunidades, y el medio ambiente y lo más importante establecer con ellos compromisos de largo plazo, lejos de ser un “costo” y ser menos competitivos, se transforma en una oportunidad de ser más sostenibles y a la vez más rentables, puesto que si esto es capaz de comunicarse bien (importante desafío) los resultados son notorios y notables. Hay experiencias en este sentido y con cadenas de valor auditables de largo plazo,  como el caso de Patagonia, la Viña Miguel Torres, o la empresa, consultora organizacional, Proqualitas, que al destacar estas prácticas redundan en una preferencia mayor de parte del cliente o consumidor respectivo.

En Holanda, Fairphone es una empresa que produce un smartphone que tiene entre sus objetivos proveerse de materiales de comercio justo. Su innovación en esta esfera está consiguiendo que un producto que todas las personas, empresas y organizaciones utilizan y que tiene un alto impacto ambiental y laboral, se realice de forma alineada con principios de respeto a proveedores y origen de materias primas y en contraposición a la desenfocada y nefasta política de “obsolescencia programada” que, muy torpemente, muchas empresas siguen practicando, perdiendo de vista un futuro en que estas prácticas ya no serán aceptables.

Algunas de las preguntas a hacerse que propone la Economía del Bien Común (EBC) a las empresas y organizaciones, dentro del esquema de Balance del Bien Común a este respecto son:

  • ¿Cómo están considerados los aspectos regionales, ecológicos y sociales y/o alternativas Best in Class en cada tipo de proveedor?
  • ¿Hay una definición de una “política de compra ética, social y de proximidad”?:
  • ¿Se desarrollan planes para garantizar un suministro ético en toda la cadena de valor? (políticas que promuevan las compras de proximidad, la compra de comercio justo, economía social, ecológica, etc.)
  • ¿De qué manera está la Compra Ética implementada en la organización?
  • ¿Existen criterios de compra que valoren aspectos sociales y/o ambientales?
  • ¿Se prioriza algún tipo de etiqueta / certificación en la compra? ¿Cuáles?

Otras preguntas claves, es si es que se efectúa una evaluación activa de riesgos en el suministro de productos / servicios y de los procesos para lograr la consecución de objetivos. Por ejemplo la EBC propone preguntarse y generar criterios en los siguientes aspectos:

  • ¿La empresa u organización tiene algún sistema de homologación de proveedores?
  • ¿Cuántos proveedores están homologados?
  • ¿La organización o empresa evalúa aspectos de buen gobierno, de sostenibilidad económica, social y/o ambiental para seleccionar a los proveedores? ¿Cuáles prioriza?
  • ¿Se realizan evaluaciones previas sobre las organizaciones proveedoras y sus productos y servicios?

Y en canto a la política de seguimiento y control se plantea para el tema proveedores:

  • ¿La empresa u organización tiene algún sistema de auditoría/seguimiento de proveedores que incluya aspectos éticos?
  • ¿Cuántos proveedores han sido auditados/visitados? ¿Cuántos han superado la auditoría?
  • ¿A cuántos proveedores se han propuesto acciones/planes de mejora? ¿se realiza un seguimiento de estas acciones?

Y en cuanto a las condiciones estructurales básicas para la fijación de precios justos, la EBC propone como ejemplos de preguntas:

  • ¿Cómo selecciona la empresa u organización a sus proveedores? ¿Existe un sistema de contratación con proveedores que respete los principios de competencia objetiva y transparencia?
  • ¿La organización publica la información relativa a la contratación de forma que sea accesible a cualquier proveedor interesado en presentar ofertas?
  • ¿Cómo evita la organización actuaciones abusivas derivadas de posibles posiciones dominantes en la relación comprador – proveedor?
  • ¿Existe un sistema de aplicación de precios justa, que garantiza la calidad del servicio y que el proveedor puede actuar en coherencia con los valores de la EBC?
  • ¿El sistema de pago de la organización asegura unas correctas condiciones de cobro? (plazos, mecanismos utilizados, etc.)

Finalmente, en lo que es relación de confianza y cooperación, la Economía del Bien Común propone preguntarse:

  • ¿La empresa u organización tiene establecida alguna política de priorización de proveedores y de relación con los más estratégicos?
  • ¿Se mantienen contactos continuados con los proveedores principales más allá del puramente comercial?
  • ¿Se realizan proyectos de colaboración o I+D+i llevados a cabo con proveedores (acuerdos de calidad, acciones conjuntas, etc.)?
  • ¿Se desarrollan mecanismos para tener en cuenta las necesidades, expectativas y opiniones de los proveedores, identificar conjuntamente áreas de mejora y cooperar en la resolución de los problemas desde la óptica del bien común?

Ingeniero Civil Industrial, U. de Chile, Magister en Ingeniería Económica (E) U de Chile. Consultor Comercio Justo / Fair Trade y Director de Proyectos Proqualitas Sostenibilidad