Los mexicanos se encuentran ad-portas de las elecciones más importantes de su Historia. Este 1 de julio el país deberá escoger a 500 diputados federales, 128 senadores y al presidente de la República, la guinda de la torta. Además, habrá elecciones locales en 30 estados, en un total de 3326 cargos de elección popular a nivel nacional.

Sí lo que señalan todas las encuestas son ciertas, los Estado Unidos Mexicanos (nombre oficial del país) estarían entrando en un nuevo ciclo político, en donde después de 88 años, no gobernarían ni el centrista Partido Revolucionario Institucional (PRI) ni el derechista Partido Acción Nacional (PAN).

Especialmente desastrosos serían los resultados del PRI, quienes obtendrían un tercio de la representación parlamentaria que actualmente tienen y su candidato, José Antonio Meade quedarían relegados a un distante tercer lugar en las presidenciales, las cuales las ganaría con un 49% el abanderado de la izquierda, Manuel López Obrador (popularmente conocido como AMLO). Victoria que vendría acompañada de una mayoría parlamentaria de su partido el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) y sus aliados de la coalición Juntos Haremos Historia, los cuales obtendrían cerca de 300 diputados y 70 senadores.

Este terremoto político se explica, en gran medida, por el desastroso sexenio del mandatario del PRI, Enrique Peña Nieto, un líder débil e impopular cuya administración ha estado marcada por numerosos escándalos de corrupción, un aumento drástico en la violencia y emblemáticos episodios de violaciones a los derechos humanos, como el caso de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala en 2014. Situación que ha generado un descontento generalizado con la clase política mexicana, así como un profundo deseo de cambio.

El agotamiento del modelo neoliberal mexicano

El 2 de julio del año 2000, no fueron pocos los analistas y observadores que señalaron que México entraba en una nueva etapa. Aquel día fue electo como presidente Vicente Fox Quesada del PAN, cuya victoria puso fin a más de siete décadas de hegemonía presidencial del PRI. Sin embargo, tras el cambio de mando fue muy poco lo que realmente cambio en el país: el priismo se mantuvo como la fuerza política mayoritaria del país, manteniendo la mayoría de los escaños en el parlamento y el control de la mayor parte de las gobernaciones y municipios.

Además, el rumbo económico neoliberal, comenzado en la década de los 80 por los mandatarios priistas, Miguel de la Madrid (1982-1988) y Salinas de Gortari (1988-1994), los cuales impulsaron la privatización del Estado, la desnacionalización de la economía y la flexibilidad laboral, se mantuvo durante los sexenios de los panistas Fox (2000-2006) y Vicente Calderón (2006-2012).
Al mismo tiempo que también se conservó y profundizó la lógica de seguridad nacional en la política contra el narcotráfico, desplazando el rol de la policía, los organismos civiles y judiciales por las fuerzas armadas, entregándoles a esta última un poder absoluto en la lucha contra los carteles de la droga.

Este 2018 en cambio, la ciudadanía, pareciera haberse cansado de estas políticas y escogerán, en su tercer intento de llegar al Palacio de los Pinos, a un candidato que, entre otros planes, propone: un aumento de pensión a los adultos mayores, educación gratuita en todos los niveles, el combate a la desigualdad y un retorno al rol del Estado como promotor del desarrollo económico mediante el financiamiento de proyectos productivos, la creación de empleos y la fijación de precios de productos agrícolas para apoyar al campo.

A su vez que ha prometido un giro en la estrategia de la política antidrogas de las administraciones pasadas asegurado que buscará ponerle fin a la denominada “Guerra contra el narco” en un plazo de 3 años, conflicto que ya lleva casi 12 años y más de 170 mil muertos.

Es decir, un cambio importante de las políticas neoliberales y contra el narcotráfico, que han predominado en el México de los últimos treinta años.

¿Fin del neoliberalismo o vuelta al viejo PRI?

Pese a que AMLO se ubica dentro de la izquierda del espectro político y su candidatura se presenta como la mejor alternativa al statu quo del PRI y el PAN, no son pocos los que ven con suspicacia al abanderado de MORENA.

Sus críticos cuestionan el hecho que el candidato no ha presentado una agenda realmente progresista al, prácticamente, no pronunciarse respecto a temas como el medioambiente, la el feminismo y los derechos LGBT. Además, su coalición incluye al Partido Encuentro Social, organización de tinte evangélica opuesta al aborto y los derechos homosexuales.

Por otro lado, hay quienes acusan a AMLO de encarnar, no una alternativa de izquierda, sino que un retorno del PRI a su periodo pre-neoliberal de presidentes como Lázaro Cárdenas y Luis Echeverría. Volviendo a los principios originales de aquella histórica fuerza política mexicana de autosuficiencia económica, un rol protagonico del Estado en el desarrollo, proteccionismo comercial, y la exaltación del nacionalismo y la justicia social. Políticas que vivieron acompañadas de prácticas caudillistas, autoritarias y clientelares por parte de los gobiernos de aquel partido.

El mismo López Obrador tuvo (al igual que innumerables intelectuales, políticos y líderes sociales del México de 1929-1988) sus orígenes político en el priismo, del cual fue presidente de partido en el estado Tabasco. Esto, hasta que en 1987 se sumara a la denominada disidencia democrática del PRI de Cuauhtémoc Cárdenas, que daría origen al Partido de la Revolución Democrática (PRD), al cual AMLO perteneció hasta el año 2012 cuando se sumó a las filas de MORENA.

Desconfianza también produce el hecho que, su actual candidatura está acompañada de un importante número de ex priistas, entre ellos, oscuros nombres como los de Napoleón Gómez Urrutia, Manuel Bartlett y José Guadarrama, involucrados en casos de corrupción y/o robo de votos.

Queda por ver si es que López Obrador asume la presidencia el próximo 1 de diciembre, este encabezará un gobierno genuinamente progresista que impulse las transformaciones que México clama junto a la sociedad civil y los movimientos sociales, o si en cambio, estamos ante el retorno de la vieja alma del priismo, y sus políticas clientelares, nacionalistas, caudillistas y autoritarias, esta vez, encarnada en MORENA y la figura de AMLO. Solo el tiempo lo dirá.