La crítica se rindió a sus pies, inapelable. El despliegue de la comediante australiana Hannah Gadsby en el especial de stand-up comedy que exhibe Netflix es demoledor: en su rutina, la humorista pasea por temas agudos desde distintas emociones, pasando de la risa explosiva al enojo, a la tristeza, sin guardarse nada, sin palabras bonitas que disimulen la contundencia de su propia experiencia de discriminación y exclusión.

Durante más de una década, la joven originaria de Tasmania trabajó en la escena del stand-up hasta conseguir deslumbrar al mundo. En 2006, Gadsby saltó a al fama por ser la ganadora de un Raw Comedy, un concurso australiano para impulsar la carrera de jóvenes comediantes.

“Construí mi carrera en base al humorismo autocrítico y simplemente no haré más eso. No para mí ni para nadie que se identifique conmigo”, es una de las frases con las que Hannah deja al público en silencio durante su rutina. Lesbianismo, feminismo, LGTBI+ y un discurso claro sobre el patriarcado y sus consecuencias en la vida de las mujeres sostienen una exposición que a ratos escapa del humor por efecto de la misma realidad.

A través de una narración autobiográfica, la comediante es apuntada como responsable de redefinir al stand-up comedy de nuestros tiempos, yendo más de la risa. “Tan estruendosamente divertido como profundamente furioso”, ha sido una de las críticas que la prensa especializada realizó a la presentación de la comediante. El especial se estrenó el pasado 19 de junio en la plataforma de streaming y ya suma popularidad en las redes sociales debido al impacto del discurso sostenido por Gadbsy.

“Me encanta que me confundan con un hombre. No me gustaría ser un hombre heterosexual aunque me pagaran. Aunque la paga sería sustancialmente más alta”, es uno de los momentos en que Hannah ironiza con los beneficios de los hombres, haciendo reír. Pero a ratos, su discurso muestra un dolor que conmueve y que invita a quienes escuchan a empatizar, sin pedir por favor, sin concesiones: “No hay nadie más fuerte que una mujer rota que se ha reconstruido”, sentencia la comediante en medio de aplausos, con un manejo sorprendente de la tensión sobre el escenario.

“No odio a los hombres, pero les tengo miedo. Porque fue un hombre quien abusó sexualmente de mí. Fue otro quien me dio una paliza a los 17, y fueron dos quienes me violaron a los 20”, cuenta en uno de los momentos más íntimos de su rutina.

En el monólogo que gana recomendaciones y buenas críticas en todo el mundo, Gadbsy expone sus principios sobre la comedia misma: “La risa no es nuestra medicina”, expone en uno de los momentos de Nanette. “La risa es tan solo la miel que endulza la medicina amarga. La cura está en las historias”, añade, decidida a compartir la suya.

Aunque la comediante asegura que tal vez sea esta su despedida de los escenarios, su rutina rompe con los límites del humor y desnuda a la sociedad de una forma que parece avergonzarnos a todos y todas. Su fin está claro y no es solo hacer reír. También cuestiona, interpela: “¿Saben lo que significa el autodesprecio para una persona que ya vive en el margen?”, pregunta en referencia a la comunidad LGBTI+. “No es humildad, es humillación. Me vengo abajo para poder contar mi historia, para conseguir permiso para contar mi historia. Y simplemente no voy a seguir haciendo eso”, confiesa.

Casi al cierre, Gadsby refuerza la idea de provocar que su relato tenga un eco en todo el mundo y pueda ayudar a quienes necesitan enfrentarse a su verdad: “No permitiré que mi historia sea destruida. Lo que hubiera dado por escuchar una historia como la mía. No por culpa, ni por reputación, dinero ni poder, sino para sentirme menos sola, para sentirme conectada“, asegura. Y en efecto, nadie sigue siendo el mismo después de escuchar su demoledora presentación, disponible por estos días -y cada vez más contingente- en Netflix.

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